Legislar para la desconfianza: el caso Tabasco
11 diciembre, 2015
Imagina y su pertinencia actual
11 diciembre, 2015

Recomendaciones de la CEDH, como las llamadas a misa

Carlos López Torres

Por lo visto, la escena “de enojo” del titular de la Junta Estatal de Caminos, a propósito del desastre carretero encontrado en un breve recorrido por algunas zonas de la entidad, no ha merecido comentario alguno del gobierno estatal, menos aún el que otros funcionarios, como el procurador de Justicia en el Estado, se decidan a externar su enojo ante la grave existencia de irregularidades en la dependencia a su cargo que, heredadas y acumuladas por la incompetencia y la apatía tienden a desbordar el precario estado de derecho.

Igual que el escandaloso caso de la persistente corrupción, el de la procuración de justicia ocupa un sitio nada honroso, aunque nadie en el gobierno estatal se atreve a hablar de ello, esperando acaso que con el transcurrir del tiempo la naturalidad con que se ven estas lacras, acabe resignando a los demandantes que exigen justicia y combate real a la institucionalizada corrupción.

En materia de derechos humanos, por ejemplo, una y otra vez la Comisión Estatal informa que es precisamente la PGJE quien menos ha respetado las nueve recomendaciones que, sobre violaciones a derechos humanos, ha emitido el organismo autónomo, en lo que va del año.

Pero no para ahí la cosa, otras corporaciones como la SSPE y la Policía Ministerial, suman su propias recomendaciones, y por supuesto, no podían faltar las policías municipales, mismas que a lo largo y ancho del mapa potosino se dan vuelo violentado los derechos humanos y garantías individuales de los indefensos habitantes de este sufrido solar, especialmente de quienes por su condición social o étnica menos oportunidad tienen de defenderse.

Según denuncia el Frente Mexicano Pro Derechos Humanos, a través de su representante Abraham Hernández Hernández, el uso de la tortura por parte de las corporaciones policiacas sigue siendo práctica recurrente, que deriva en muchas ocasiones en la fabricación de chivos expiatorios, especialmente de indígenas que ante los métodos de tortura usados invariablemente ante la falta de capacitación de los elementos de las diversas corporaciones, terminan por aceptar culpas y delitos.

Ni los discapacitados escapan a los polis importados de Tamaulipas, contratados como gendarmes municipales para guardar el orden en la demarcación de Valles.

En la localidad huasteca ha sido motivo de condena el que dos jóvenes con padecimiento de autismo hayan sido golpeados por los cuicos tamaulipecos que los confundieron con dos delincuentes que lograron escapar.

Sin embargo, los cuerudos contratados en el vecino estado, no vacilaron en allanar la casa donde corrieron a protegerse los muchachos, sacados a golpes para que confesaran, aunque al percatarse de que se trataba de inocentes los soltaron, no sin antes amenazarlos con volver si se atrevían a abrir la boca.

Como estas historias, circulan cotidianamente muchas por las cuatro regiones del estado, sin que el discurso de mejoría de las corporaciones llegue a concretarse.

¿Será que la proverbial arbitrariedad seguirá presente durante este sexenio autodenominado de la moralización y la legalidad?