Trece lesionados tras irrupción en asamblea ejidal en Texcoco
14 octubre, 2018
Los perdones de AMLO
15 octubre, 2018

Luis Ricardo Guerrero Romero

Las fotografías guardadas en el buró de la señora, además de tener un matiz de antigüedad, tienen unas frases raras detrás de ellas, no sé, probablemente se le había acabado el papel para anotar y lo más fácil fue usar el revés de las fotografías, total, nadie en esta época colecciona este tipo de recuerdos, para eso está lo digital, los álbumes de papel están fuera de tiempo.

Luego de leer cada cita escrita, reflexioné en cómo fue que la señora me confió su recámara desde el primer día en que nos conocimos, quizá se sentía sola. Aunque ella no lo cuenta quienes la conocemos sabemos de su soledad, enviudó hace unos 5 años y nunca tuvo hijos, en el desastre del año pasado en su ciudad natal perdió a su tres últimos parientes: sobrino, hermana y un tío. Ella y su finado marido llegaron aquí solos, ambos estaban felices hasta que él murió. Será por eso por lo que en la parte de atrás de la fotografía del rostro del señor Iskander estaban rotuladas las líneas: “los hombres no nacieron para morir, sino para innovar” (Hannah Arendt). En realidad, no sé qué fue lo que innovó Iskander en la vida de la señora, pero seguro fue algo malo, pues ella no me sonríe mucho, es más, me parece que nunca lo ha hecho desde mi estancia en su casa. Sin embargo, por eso estoy aquí en su recámara, intento hacerla reír un poco, aunque su piel esté fría y sus ojos estáticos. No la dejaré sola, completamente sola, me quedaré aquí a su lado y quizá bese su frente después de fumar otro cigarro, después de reflexionar otra vez.

Considerando las líneas anteriores, francamente dudo que la reflexión aparezca cuando se tenga suficiente juicio. Pienso por ejemplo en los bebés, que cuando se les acerca alguien o algo de frente se quedan como en la reflexión y lloran, lloran porque un desconocido se aproxima, porque algo es ajeno a ellos. Su llanto es un reclamo por saber quién es.

En general todos los hombres tenemos ese llanto de reclamo por saber qué son las cosas o las personas que nos rodean, incluso si ya están muertas como le sucedió a la narradora del texto anterior. Puesto que, ¿quién al sentirse decepcionado no lloró porque esa persona que pensaba conocer no era tal y sólo fue un espejismo o un reflejo empañado?, un reflejo sucio, turbio.

Lo anterior tiene un nombre: reflexión y en física se estudia ―entre muchas más cosas― sobre reflexión. Con precisión me refiero a los ángulos de reflexión que se acompañan de los ángulos de incidencia, donde la reflexión es el choque de los rayos de la luz que inciden (ángulo de incidencia) sobre un superficie plana, la fórmula es muy contundente, ángulo de incidencia = ángulo de reflexión (θi = θr) este fenómeno ocurre evidente cuando uno se ve al espejo desde un ángulo que no es el frente, lo que vemos no es la imagen de nosotros, es el reflejo, la reflexión de las cosas. Así es que le pasó a la narradora del relato, quien veía el reflejo de ella misma, pero en otro cuerpo.

Todo esto suena mucho a espejismo y por qué no, si la palabra espejo viene del latín specullum que ya nos habla de la idea de especular, meditar, que tiene un nexo poderoso con la operación mental de reflexión. Esta palabra reflexión se entiende en el latín como la cogitatio y deliberatio, una suerte de regreso al sí mismo.

Caemos en cuenta que la reflexión es un estudio recurrente, un repliegue de las cosas pensadas. Hay quienes son más asiduos a tener reflexiones psicológicas y hay quienes elaboran más reflexiones lógicas, ambas tienen su finalidad y sus planteamientos. Aunque en esta área del conocimiento no se diga del ángulo de incidencia para que se suscite la reflexión, creo indispensable la incidencia como un estímulo que se requiere para que brote la reflexión. Reflexionar sobre la muerte, es la cavilación más viva: “Lo que te ruego, querido Lucilio es que dejes penetrar la filosofía en lo más profundo de tu alma y deduzcas la prueba de tu mejoramiento.” Séneca, Elogio de la ancianidad.