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Reprobados

Carlos López Torres

Ante la demanda que en días pasado hiciera al titular del Ejecutivo y el alcalde capitalino el diputado Gerardo Serrano Gaviño, respecto a que algunos de sus colaboradores fueran removidos del cargo dada su evidente incompetencia, el legislador nunca imaginó que más pronto que tarde estaría ante la posibilidad de solicitar en tribuna la revocación de la mayoría de los diputados que ocupan las diversas bancadas del Congreso local.

Y es que queriendo ver la paja en el ojo ajeno… el diputado Serrano nunca imaginó que en menos que canta un gallo, algunos de sus compañeros reconocerían la propia viga existente al interior del Congreso, partir de ser testigos del pobre desempeño del conjunto de los integrantes de la Legislatura, así como del nulo trabajo de algunos de ellos en lo particular.

El diputado Óscar Vera Fábregat de plano se atrevió a darles a sus compañeros una calificación de entre 2 a 3 puntos en una escala de 10, es decir, de plano reprobó a la mayoría. En tanto que Manuel Barrera Guillén culpó del rezago legislativo existente que suma más de cien iniciativas, a la morosidad y desinterés del conjunto de los diputados y comisiones que nomás no le entran a la discusión, análisis y elaboración de dictámenes.

En este ventaneo público, no faltó por supuesto la reiteración de que los asesores, o sea, las “eminencias grises” que hacen la talacha en silencio para que los diputados presenten sus iniciativas y legislen en consecuencia, se la pasaron vacacionando casi todo este primer trimestre ante la parálisis de sus jefes.

A la reprobación del pobre desempeño exhibido por la Sexagésima Primera Legislatura, se han sumado diferentes grupos y sectores de la sociedad, quienes, como Ciudadanos Observando, han manifestado su abierto temor de que el síndrome de la anterior LX Legislatura se repita en la actual, acumulando cada vez más síntomas que terminen por postrar de manera definitiva al Poder Legislativo, frente a un Ejecutivo acostumbrado a hacer y deshacer con las consecuencias ya conocidas y solapadas en aras de la unidad para la prosperidad.

Por más que el arzobispo Jesús Carlos Cabrero Romero llama a los gobernantes a ser sensibles a la realidad que rodea a la ciudadanía, lo cierto es que la clase política potosina es cada día más insensible a los graves problemas que vivimos, como lo patentiza su voraz apetito que consume cada vez más presupuesto y su proclividad a “dejar la palabra sin cumplir”, como dice el prelado.

Sería importante que la diputada Lucila Nava Piña, presidenta de la Comisión Especial de Participación Ciudadana y Desarrollo Social, quien dice estar convencida de que “para que la participación ciudadana sea posible, deben existir condiciones de acceso a la información, transparencia y rendición de cuentas”, encuentre las formas y medios que permitan conocer las diversas opiniones y propuestas de la sociedad, antes de ser aprobada la nueva Ley de Participación Ciudadana. Ello implica poner en práctica mecanismos y procedimientos novedosos, creativos e imaginativos, más allá de los tradicionales actos enclaustrados que lejos de estimular la participación popular la desalientan. El Congreso necesita una sacudida.