Abracadabra
15 mayo, 2015
A lo seguro
15 mayo, 2015

Requiere San Luis de cirugía mayor

Carlos López Torres

L a improvisación, el tanteo y la apatía no son precisamente acciones que hayan conducido al ejercicio de un buen gobierno. Así ha quedado demostrado a partir de los gobiernos que abrieron paso a la estabilidad, después de la sucesión de gobernantes sustitutos, interinos o interinos de los interinos de los momentos del San Luis convulsionado.

El pésimo desempeño de los diferentes titulares que se han sucedido en el Ejecutivo, cuyas ambiciones personales, desatinos en la toma de decisiones, así como las infaltables corruptelas y una buena dosis de desgano político-administrativo terminaron por llevarnos al tremendo hoyo del que difícilmente saldremos, si seguimos aferrados al mismo recetario y con las mismas expectativas que una y otra vez nos conducen al espacio inercial que nos sujeta frente a las posibilidades del cambio.

La debilidad institucional que reflejan las diversas dependencias de los tres niveles de gobierno asentados en la entidad, es tal que basta un temporal atípico para que, de inmediato, la población se vea enfrentada ante todo tipo de incomodidades y molestias, derivadas de las ineptitudes, incompetencias, y por supuesto, las obras mal hechas aunque costosas, es decir, las corruptelas.

Es suficiente que un grupo de ciudadanos se manifieste para que de inmediato salgan a relucir las formas y mecanismos de control, cooptación, represión, compra de conciencias y promesas que sólo alargan el tiempo que permita orquestar un sinfín de maniobras de todo tipo con tal de escamotear y eludir responsabilidades y derechos de los ciudadanos.

Así las cosas, en plena campaña electoral, cuando la institucionalidad mal entendida y peor ejercida pretende que no se hagan olas que permitan llevar agua al molino de los partidos contendientes, empiezan a emerger los asegunes del gobierno torancista en las diferentes materias y áreas del débil desempeño ejercido por el gobernante que se va.

Sin embargo, lo peor no es que quienes se sienten dueños del gobierno traten por todos los medios de impedir una elemental oxigenación del viciado ambiente político-electoral, sino lo que preocupa es que buena parte de la población comparta ese silencio cómplice que no deja más que el cuchicheo como válvula de escape.

No es por ignorancia la reproducción de la dañina simulación, toda vez que cualquier ciudadana o ciudadano, de los diferentes niveles económicos o socioculturales sabe bien lo que ha venido ocurriendo con la obra pública, la educación, el campo, la salud y los manejos financieros producto de nuestros impuestos y contribuciones.

Acaso por ello, los candidatos a los diferentes cargos no se ven forzados a llamar las cosas por su nombre y menos a elaborar propuestas para los problemas que empeoran. Para botón de muestra el tema educativo requeriría de un verdadero análisis, toda vez que otra vez en la Olimpiada del Conocimiento seguimos en los últimos lugares.

O el tema de las pensiones que tanto se debate entre los afectados, sin que alguno de los candidatos se atreva a tocarlo, salvo el candidato oficial Carreras López, quien en lugar de proponer algo en caso de que llegue a la gubernatura, prefirió salir a declarar que el tema no era de su competencia, porque ya no era secretario de Educación. Así pueden mencionarse otros problemas que nos mantienen rezagados. ¿Será que seguiremos en el jueguito de la simulación y la autocomplacencia?