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Letargo
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Salidas ante la huida

Guillermo Luévano Bustamante

El anuncio del retiro de la empresa Ford de sus intenciones y acciones de instalar una planta en San Luis Potosí deja mal la capacidad resolutiva del gobierno estatal. Por supuesto han argumentado que dependió de factores externos, entre los que destaca el eventual arribo del beligerante nacionalista Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos de América y su amenaza de imponer nuevas y onerosas cargas tributarias como castigo por su deslealtad a la fábrica de automóviles.

Sin embargo, lo que sí depende del Ejecutivo estatal tiene que ver con la reacción a la fallida instalación y fortalecimiento de lo que pretenden sea eso que llaman “clúster automotriz” (automovilístico, ¿no?). En primer lugar la tímida reacción de buscar por la vía del litigio comercial internacional procesos de reparación y resarcimiento de los gastos erogados con motivo de la inicialmente anunciada definitiva instalación; luego con una política firme de decisiones que resuelvan el hueco dejado no sólo en el informe del gobernador que ya celebraba como triunfo (ahí sí atribuible a sus gestiones) la llegada de la empresa; después porque exhibe la enorme dependencia de la política de desarrollo, inversión, generación de empleo que se tiene sobre el mercado y la política exterior, esos que parecen entonces tan volátiles o volubles que más valdría tener plan A, B y C, por si acaso.

Podría el gobierno estatal emprender entonces una campaña mediática de no sujeción ni sometimiento a los designios del pendenciero próximo gobernante de Norteamérica, y quizá incluso, como decía, defender los intereses económicos del estado mediante la vía legal. Pero sobre todo la Secretaría de Desarrollo Económico podría mirar por una vez a los pequeños y medianos empresarios a quienes mucha más falta les hace la ayuda gubernamental en subsidios y descuentos, en incentivos, en donaciones de terrenos, para generar empleos dignos y estables.

Entre esas paradojas del capitalismo se encuentra la idea largamente sostenida de que la inversión extranjera genera competencia, la competencia mejores precios y que eso aparentemente ayuda a la economía familiar de los habitantes de la comunidad, y a la larga eso genera que los altísimos incentivos a las empresas trasnacionales, a las corporaciones de grandes capitales, las coloca en una condición insuperable que no tienen ni sueñan tener los empresarios y comerciantes locales ni aun nacionales.

Suelen decir los defensores del modelo económico que la ayuda gubernamental a la actividad económica es paternalismo, es populismo, pero si se trata de favorecer a empresas parece estar justificado todo. Que los favores los hacen los gobiernos a las empresas privadas aunque al final lo que se genera son empleos precarísimos, inestables, mediante contratos de protección patronal, que apenas son paliativos al desempleo, que son simulaciones o maquillaje para la pobreza laboral que padece San Luis Potosí.

Sería esta una buena oportunidad para que la inversión y el desarrollo económico comience por incentivar primero al comercio local pequeñito, a los modelos de economía solidaria de campesinos, de trabajadores, a la conformación de cooperativas, de formas de trabajo digno, luego al comercio mediano, y finalmente a las grandes empresas.

Pero sé que es pedir demasiado, que el proyecto económico vigente asegura que los mayores beneficios se queden en quienes menos los necesitan. Y eso sólo sigue polarizando económica, y por cierto, socialmente en estos aciagos días, a la comunidad.

@guillerluevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.