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Santitos y berrinchitos

Óscar G. Chávez

Iniciaba la semana pasada con la infausta nueva del deceso del ingeniero Martínez Corbalá; para nadie pasó desaperciba y en la totalidad de los medios de comunicación aparecieron notas laudatorias. Resulta curioso el hecho porque todavía muchos recuerdan la manera abrupta en que llegó a la gubernatura y la controversial forma en que se despidió de ella. No me atrevo a afirmar que sean los fantasmas de Allende y Neruda los que le otorgaron cierta inmunidad frente a los periodistas pero tampoco me atrevo a descartar que la generosidad con que trató a los medios de comunicación le fuera redituada. En general fue un hombre estimado.

Tan estimado fue que el gobernador del estado asistió al funeral de quien no vaciló en llamar amigo; amistad muy bien disimulada, por cierto, ya que fuera de las atenciones políticas que hubiera tenido con cualquier antecesor, nunca se llegó más allá. No recuerdo, incluso, que Juan Manuel Carreras lo propusiera como candidato a recipiendario de la presea Plan de San Luis. La hubieran otorgado por unanimidad, ¿quién, en esta legislatura, se confronta con el gober?

Ya que andamos en los terrenos del ejecutivo, señalan los rumores palaciegos –de ésos que hacen eco detrás de las cortinas y se esparcen desde las ventanas– que el apacible y principal inquilino aplicó una maltratada infame e infamante –al estilo del irascible doctor Toranzo– a los secretarios de Desarrollo Económico y de Cultura.

Al primero por la escasa venta de boletos para la ambiciosa Cumbre de Negocios, de la que San Luis Potosí es ya sede; y, aunque fue presentada desde el mes de julio, el secretario apenas había colocado 500 de los 700 boletos. Quizá el doctor Carreras supuso que la venta resultaría tan fácil como los de una verbena escolar, pero no es para menos, los boletitos andan por los $25,000.00; sí, veinticinco mil pesitos que resulta complicado desembolsar entre algunos de los limitados y ahorrativos empresarios potosinos.

Esperemos que la logística encargada esté al nivel del evento y su organización y desarrollo sea de primer nivel, porque en eventos mediocres y decadentes, los potosinos vamos logrando cierta experiencia. Nada que ver con el boato y la parafernalia marcelistas; nos quedamos acostumbrados a niveles excelsos que la administración inmediata los llevó muy por debajo, y que la actual trae por los suelos. Templo y devoción son acordes al tamañito del santo.

La caterva de denuestos a secretarios, y confirmación del párrafo anterior, cerró con el secretario de Cultura a quien echó en cara la ínfima calidad del festival rural de nuestro ejido. Y es que ni cómo ayudarlo, este festival en particular resultó más decadente que La Castañeda en sus últimos años; complicado el asunto si consideramos que mientras don Marcelo destinaba cerca de treinta millones de pesos para esos menesteres, la misma cantidad es la que se ejerce en la actualidad en el presupuesto anual de la secretaría. El regaño debió hacerse extensivo al señor de las finanzas, que con toda seguridad se dedica mayormente a promover su imagen para algún chapulinesco salto; de cualquier manera, bien sabida es su fama de miserable.

Aguantó vara el secretario, y de inmediato convocó a su primer círculo de colaboradores para proseguir su acertada labor en beneficio de la cultura. Reforzar acciones y lograr nuevos objetivos; esperemos que sepan cuáles, porque todo resulta nebuloso. Y cómo no andar así, se rumora que allá por el antiguo campo de tiro Tlahuixcán, en los terrenos de la Tenería, alguien intriga por el cargo; y no es que haya necesidad de dinero –ya mucho se enriqueció en el alquiler de la estructura logística para los festivales en tiempos de azul y plata, a pesar de organizarlos–, pero ante la ambición y el poder siempre se sucumbe sin distinción de sexo.

La estulticia tampoco sabe de sexos; nadie en sus cinco sentidos aceptaría un puesto de secretario particular, con extensión auto otorgada de titular adjunta, cuando lo único que sabía hacer, con mediocridad, era labor de locución frente a micrófono. Allí es en donde se delega la conducción de la cultura, en quien no sabe ni distinguir un concierto de música clásica mexicana, de una noche bohemia. ¿Qué pensarían de los potosinos la maestra Carmen Navarrete y el académico de la Lengua Gonzalo Celorio?

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Mientras en el ejecutivo hubo maltratos, las felicitaciones de los legisladores en la comparecencia (como secuela del informe) de tres secretarios, arroparon cálida y melosamente a uno de los regañados; situación preocupante ya que sigue evidenciando la desconexión de poderes o la ignorancia de los diputados en la totalidad de las materias. Tan ignorantes resultan que ni siquiera conocían al secretario de Desarrollo Agropecuario y Recursos Hidráulicos. De cualquier forma, Puente Estrada salió feliz por los mimos.

En esa pista, no circense sino legislativa, esperemos que en esta semana se dé luz verde al ya tan llevado y traído desafuero del vocero de la ecuación corrupta, el diputado con licencia Enrique Flores. Todo este sainete parecería más bien un acuerdo, en lo oscuro desde luego, que apueste por el nulo ejercicio jurídico contra turbios actuares, a cambio de una fiscalía.

La corrupción y podredumbre no tienen exclusividad entre los diputados; el representante artístico de Marco Antonio Muñiz, El Buki, reveló mediante carta dirigida a nuestro gober pasivo, cómo se las gastan en el patronato de la Fenapo los empresarios Elías Navarro Páramo y Enrique Dávila Martínez: milloncito en sobrefactura, y eso es lo sabido.

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El punto álgido de la semana fueron el reportaje televisivo y la columna periodística que Carlos Loret les dedicó a los Ricardo Gallardo, en los cuales se hizo del conocimiento nacional lo que se piensa y lo que se dice en San Luis Potosí del singular dúo, y lo que éste piensa, dice, hace, y cómo ha venido fracturando la estructura política –ya establecida– de la apacible región.

Es más que entendido que al abordar el tema la prensa local y cuestionar al munícipe sobre las notas, éste arremetió –ante la imposibilidad de hacerlo contra Loret de Mola– contra los sobresaltados comunicadores potosinos. No es para menos, lo tienen hasta la madre, con tanto cuestionamiento sobre el origen de su considerable riqueza económica.

Todo justificable, a sus ojos, considerando que es un hombre probo, y sus lineamientos no tienen por qué adecuarse a los conservadores y elitistas ojos potosinos. Nada de que admirarnos; todo lo que es bueno en esta vida: es inmoral, engorda o hace daño. Es envidia don Ricardo, no haga caso. ¿A Mario García no le sacaron también lo de un Ferrari?

Sin alejarnos de lo municipal, y sonando a nivel de rumor, se dice que a un empresario vinculado con masticables intereses, al solicitar licencia de construcción para una nada despreciable inversión inmobiliaria allá por las lomas de los Filtros, le fue requerido gentilmente uno de los penthouse apartament con los que contaría el complejo.

Ignoro si lo anterior será cierto, pero vienen a mi memoria las extorsiones que el general Juan Barragán, gobernador del estado, emprendiera –para incrementar su patrimonio personal–, contra hacendados y propietarios de ostentosas fincas urbanas, esgrimiendo como pretexto lo costoso que resultaba impedir que las partidas de forajidos atacaran las haciendas y los enormes adeudos en las fincas urbanas. ¿Sabrán de estos hechos sus nietos y hoy furibundos amloístas, los hermanos Moctezuma Barragán?

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Otras cosillas menores, pero no menos deliciosas (como algunas columnas periodísticas), se ventilan aquí y más allá: en el centro o en las Lomas, en Tequis o en el Campestre. El silente actuar, por ejemplo, de los otrora furibundos zavalistas potosinos, que no importan mucho, éstos al igual que aquella son cadáveres políticos; la lealtad de la maza.

Nadie habla tampoco de la destrucción de la antigua fábrica de cerillos allá por el rumbo de la Alameda y la inacción del INAH frente a este crimen contra –hoy inexistente porque fue demolido con prontitud y eficacia– uno de los pocos ejemplos del patrimonio histórico industrial de la ciudad. Esperemos que así como se olvida de salvaguardar el patrimonio, no olvide el arquitecto Juan Carlos Machinena embolsarse su quincena.

Tampoco fue noticia el atropellamiento que en la zona universitaria poniente sufrieron dos alumnas de la UASLP el día viernes; nada se dijo que quien las arrolló fue una moto de Interapas, y el infame actuar del ajustador de Seguros El Potosí; pidamos a las fuerzas supremas que no tenga hijos, y si los tuviera, que no se topen con un cretino como su padre.

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Y mientras en San Luis Potosí las autoridades culturales evidenciaron su ignorancia de armiño respecto al bicentenario de la notable batalla de Peotillos y el paso del brigadier Xavier Mina por la intendencia de San Luis; en Lagos de Moreno, (un pueblo al que supongo con una mínima parte de los recursos culturales que tiene el estado potosino) se preparan para conmemorar con la importancia del caso, el encuentro Mina-Pedro Moreno, y la participación de ambos en la gesta insurgente.

Todos los anteriores son dichos escuchados en corrillos, mesas cafeteras o barras mezcaleras, y aunque pudieran parecer chismes, es público y notorio que las acciones del estado en materia de cultura, política y seguridad, son inexistentes aunque se diga que todo va bien. No importa que en reportajes nacionales se hable de reporteros asesinados o presenten a nuestros políticos como cavernarios. Aunque el gober dice que todo está en orden y que nada pasa, alguien debería decirle que no es así; que la casa no está bien y que las cosas no se arreglan con berrinchitos, que guarde compostura, que no se evidencie. ¿Qué dirían los Meade y el padre Peñalosa?