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Luis Ricardo Guerrero Romero

Cuando aún era de madrugada, Elías… seguía navegando en las redes sociales, la luz destellante sobre sus pupilas era la emoción, el encanto, pero también la inquina que día tras día dañaba su visión del mundo. Importándole poco el dolor que sentía en sus irritados ojos, él continuaba devocionalmente cada noche sus conversaciones con diversidad de camaradas que tenía en otros lados que tiene este planeta, amigas italianas, australianas, jamaiquinas y una reciente contacto de Kosovo interactuaban con el amante de la globalización. Claro, para estas personas el horario de intercambio no era nada difícil, de ese grupo sólo el simpático Elías tenía que sufrir un poco la impertinencia de los husos horarios. Pero nada importaba: extender la amistad, aprender un poco de cada idioma, saber de su cultura por medio de Instagram, escuchar sus canciones lo valía, era insignificante el desvelo y la salud ante la ganancia de estar aquí, pero a la vez en tantas partes. El propósito de Elías no era otro sino imaginar que algún día estará allá en cada lugar que sus amigos virtuales describían a través de las redes.

Elías, cuando era aún de madrugada aceptó mi solicitud, entabló una conversación muy familiar conmigo, no escatimó en compartirme parte de sus estados e historias, aunque yo no fuera de otro país, me parecía un gesto humilde y social el que sin saber quién era yo, él me tratase como una de sus relaciones más antiguas. Por eso decidí invitarlo a mi casa, le envié un Uber y éste lo trajo conmigo y así romper el hielo digital que nos ayudó a conocernos.

Suena muy loco pero todo mundo requiere de experiencias nuevas para avivar la pasión, aunque en mi interior me parece algo arriesgado lo que hago con cada chico bonito aficionado a la internet, me encuentro tranquila y algo satisfecha. Confieso que no busco el placer sexo-genital, qué me puede ofrecer a mis 45 años un jovencillo; sin embargo, la adrenalina me conmociona, padezco un síntoma aún indescriptible: Siento una felicidad eminente al ver en los noticieros y por las calles esas pancartas de ayuda, pancartas de alerta por la desaparición de un jovencito más. Tal vez esta enfermedad parió con la menopausia y se quedará conmigo hasta la muerte.

Elías… sigue con vida en mi casa, a él no pienso dañarlo, tiene contactos interesantes que me ayudarían a salir de este país y así extender mi capricho por las pancartas en otros lares del mundo. Pancartamanía, así he definido mi afición que se alimenta de la imprudencia y poca conciencia de los varoncitos hormonales que se dejan seducir por mis veteranos encantos.

Pancartamanía, suele suceder como se hace mención en el relato, que el origen de alguna palabra se suscitó por la práctica de alguien o alguna actividad. En este caso, la reprobable actitud y costumbre de esta mujer por ver pancartas de ayuda por los desaparecidos fue lo que ocasionó esta antojadiza palabra. Sabemos de hecho que tal expresión no existe, pero sí existen casos de jóvenes que se dejan envolver por una falsa amistad y son seducidos con la pericia, el poder o el placer que les puede causar una nueva experiencia. Así sabemos de casos lamentables de chicas que se jamás regresaron a casa, o de muchachos como Elías que cedieron ante los placeres. Tales casos provocaron que los familiares sacaran pancartas de ayuda.

La pancarta, una herramienta de comunicación antiquísima, hace hasta hoy su labor insustituible aun habiendo tantos otros medios, la gente continúa elaborando pancartas. Por definición la pancarta es aquel documento de propaganda o difusión en el cual se manifiesta una frase, petición o información. Debe ser persuasivo y breve. Pero no siempre fue así, puesto que en tiempos helénicos esta herramienta de comunicación era la suerte de un pergamino que contenía copiados varios documentos, varias cartas. La palabra pancarta se originó de: παν (pan: todo), y χρατηες (carta: papel, hoja); es decir donde están todos los papeles que anuncian un asunto en común. De allí también el sustantivo carta, que al parecer con este uso de las redes sociales tal sustantivo se encamina a los arcaísmos de nuestra lengua.