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Luis Ricardo Guerrero Romero

Las cuestiones míticas y místicas no se dejan ver en cualquier parte, es decir, parece que el destino tiene sus lugares predilectos para dar cultura a una entidad. Al menos eso afirmó don Miguel, honesto señor con una filial entrega a su colonia. Como cualquier habitante con sentido de pertenencia el señor Miguel hacía preservar las costumbres y tradiciones que lo han hecho ser lo que hasta ahora es: un emblemático papá. No obstante, para él y su comunidad el progreso y la paz social que tanto se vende en las apuestas políticas estaba a punto de diezmar su futuro, alterando el pasado, dañando el presente. Era asunto de míticas y místicas cuestiones. A tal hombre le gustaba salir por la avenida Fray Diego para considerar las muchas maravillas que ahí se dejan ver: los pocos escultores lapidarios, diseñando un obsequio a la muerte, porque no le temen, la engañan con belleza de granito; las mujeres que en las manos llevan el verde clorofila, (pigmento principal que captura la luz solar), estas mujeres son una clase de mensajeras de luz, pues por medio de sus ventas florales van y alumbran las tapias frías sepulcrales, eso era uno de los patrimonios intangibles para don Miguel. Asimismo, por el paso lento y memorial de este hombre, se impregnaban en sus ojos millares de danzantes, músicos y alegóricas estampas que sobre una camioneta, coche o tráiler representaban la cultura y patrimonio de una colonia de nombre Saucito. Dicen los contemporáneos de Miguel, que ese santuario sintetiza y suma día con día una mística y mítica tradición. Quien lo dude, le basta evaluar los más de 600 ex votos —placas y representaciones que mucho gustarían a la estética de María Izquierdo—, que gestan la historia de fe y tradición no sólo de los colonos saucitenses, sino de paisas, estados colindantes y uno que otro creyente inusitado de otros lares.

Para el señor Miguel todo esto es de un valor intangible, invaluable, una suerte de fe, virtud y tradición. La mayor pena es saber que para el progreso vial, todo eso no vale nada. Pero vale el dinero que le dejarán las constructoras, vale acreditarse como un gobierno que construyó grandes obras pero deja con ello grandes baches, vale finalmente dar paso al progreso que dejará en el olvido la cultura y tradición de un espacio cultural por antonomasia: donde convergen distintos estados a compartir la cultura de Saucito, les pondrá un poco más de polvo seco a las lápidas, que con el tiempo será limo, fango, abandono, sin enlistar los tantos comercios que a pie de avenida dan alimento y millares de familias. Todo porque se proyecta un desnivel modernista en dicha demarcación. El señor Miguel desde el banderazo de la obra, frecuenta andar por las madrugadas por su colonia Saucito, suspira por su intangible tradición, lamenta la destrucción inminente, y camina, con un paso seguro, transparente y tenaz. Si don Miguel pudiera hablar lo que sabe, quizá el gobierno repensaría mejor la obra, pero los muertos sólo se comunican como la cultura y la tradición, de un modo mítico y místico, de un modo intangible.

Con entera seguridad, el taumaturgo que narra lo que Miguel contempla resulta interesante, cómo es viable abolir lo poco de cultura que tiene nuestro Estado. El turismo debería voltear hasta por intereses económicos a este sitio. Pero como se dice, a veces lo intangible no vale lo mismo que el peso del dinero. Lo intangible, al hablar de ello podemos enumerar bastantes hechos, pero ahora mejor enlistemos qué es lo intangible. Para iniciar habremos de notar que esta palabra está compuesta por un prefijo privativo in y el lexema tag. Hoy incluso esta voz de origen latino se asume como un neologismo en los denominados “multi tag”, que puede ser tocado o palpado. La idea de tangible además se compone por el sufijo ble, que forma adjetivos: lo intangible, lo no tocable. Del latín tangere aparece entonces toda esta palabrería que le sirvió al finado Miguel para describir el valor de Saucito. En otras palabras, como: cotangente, contagio, contacto y otras más, se observa el mismo lexema del cual no experimenta más.