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20 Noviembre, 2015

¿Se ha detenido el tiempo mexicano?

Ignacio Betancourt

La revolución mexicana muy poco tiene que ver con los escolares vestidos de campesinos con bigotes pintados y carrilleras de plástico, ni con las niñas ataviadas como chinas poblanas, estos disfraces en realidad ocultan la condición subversiva del primer movimiento armado del siglo XX (un millón de muertos fue el saldo); tales “representaciones” sólo son símbolos enajenados e impuestos por un poder político usurpador y demagógico que intenta ferozmente convertir una acción de profundos significados libertarios en caricatura inofensiva y ñoña.

Si alguien revisa los argumentos presentados en el llamado Plan de San Luis se dará cuenta de inmediato que en el llamamiento a la insurrección popular de 1910, aunque se habla del régimen porfirista pareciera definir de manera exacta al actual gobierno peñanietista ¿se ha detenido el tiempo mexicano? y a la implícita dictadura que hoy constituye su pesada carga sobre las espaldas de la población nacional. Abajo de esta semanaria columna se reproduce un fragmento del Plan de San Luis.

Pero hablando de situaciones posrevolucionarias actuales no se puede dejar de señalar lo que está ocurriendo ahora en el Centro Cultural Mariano Jiménez, aunque parezca una insignificancia el asunto su importancia radica en que se podrá analizar el comportamiento de las nuevas autoridades “culturales” y muy probablemente su futura actuación en lo general. Enfermizamente reacias a aceptar la participación ciudadana representada por ahora en el Colectivo de Colectivos a través de una Comisión Mixta (tres representantes de los colectivos y tres de la Secretaría de Cultura), la que desde hace más de un año coordina el funcionamiento de dicho Centro, ahora la Secult utiliza a un burócrata de nombre Emilio Delgado, quien aferrado a los beneficios que a través de su pésima actuación como encargado de dicho Centro (en la actualidad ha dejado de serlo pero se mantiene cobrando en el lugar) se presta para atacar a los colectivos apoyándose en grupos fantasmas y en esquiroles que en algún momento participaron fugazmante en la recuperación del Centro. Probablemente protegido por el antropólogo Arturo Gómez Díaz, actual director de Gestión y Seguimiento de la Secult, el señor Delgado ha dejado de actuar desde las sombras y hoy ataca cínicamente. Si Armando Herrera, nuevo secretario de Cultura en el estado, permite o solapa la utilización que se hace del conflicto y auspicia a un burócrata aferrado a sus corruptelas, para difamar el trabajo del Colectivo de Colectivos estará enviando una señal de beligerancia contra quienes impidieron el aniquilamiento del Centro pese a la decisión de las anteriores autoridades quienes con el pretexto de la decadencia a que Emilio Delgado había empujado al Centro decidieron autoritariamente desaparecerlo; dicho espacio fue rescatado por ciudadanos independientes (artistas y académicos) para el plural e inclusivo uso de la población, y de pasada manteniendo la fuente de trabajo para los que ahora agreden a quienes pese a todo han logrado mantener funcionando al Mariano.

La existencia del Centro Cultural pone en evidencia la profunda irracionalidad y el autoritarismo con que el Estado se maneja en cuestiones culturales. ¿Cómo podrían explicar las actuales autoridades el hecho de que a los empleados de la Secult asignados a dicho centro se les pague anualmente casi dos millones en sueldos (1,960,432 pesos en 2013 y 1,909, 052 en 2014) cuando por increíble que resulte, el Centro carece de presupuesto alguno para su funcionamiento habitual? Durante más de un año los integrantes de los colectivos han coordinado múltiples eventos (por supuesto sin remuneración alguna) además de realizar la cotidiana limpieza del lugar, que se habría convertido en un basurero debido a que quienes cobran quincenalmente por “laborar” en el Mariano, por alguna misteriosa razón se han negado permanentemente a realizar las labores necesarias para el mantenimiento del sitio, y hoy, valiéndose de triquiñuelas varias pretenden (quizá con la complicidad de algún actual funcionario de la Secult) excluir a quienes eficientemente aún mantienen la recuperación del Centro.

Cambiando de tema, van dos invitaciones a eventos significativos: hoy, 20 de noviembre a las ocho de la noche en el museo Federico Silva, se proyecta el video sobre el terremoto del 85 en el DF Memoria del olvido (que dirigí en 1986) y también se presenta el libro Sembrar la ciudad. A treinta años de la comisión Cultural de la UVyD, editado en la ciudad de México por el Conaculta y la editorial independiente Tintable. La segunda invitación es para el próximo domingo 22 a las doce del día en la plaza principal del municipio de Mexquitic (frente a la presidencia municipal) donde se presentará el libro escrito por los propios afectados Crónicas de Agua Señora: la intimidad de un despojo, además en dicho evento actuará el grupo Teatro Ambulante, de la capital potosina, con la obra Revista de teatro popular mexicano, una festiva representación escénica que recupera lo mejor del teatro mexicano tradicional.

A continuación el inicio del Plan de San Luis, con fecha de 5 de octubre de 1910 y lanzado al país por Francisco I. Madero: Los pueblos, en su esfuerzo constante por que triunfen los ideales de libertad y justicia, se ven precisados en determinados momentos históricos a realizar los mayores sacrificios.

Nuestra  querida patria ha llegado a uno de esos momentos: una tiranía que los mexicanos no estabamos acostrumbrados a sufrir, desde que conquistamos nuestra independencia, nos oprime de tal manera, que ha llegado a hacerse intolerable. En cambio de esta tiranía se nos ofrece la paz, pero es una paz vergonzosa para el pueblo mexicano, porque no tiene por base el derecho, sino la fuerza; porque no tiene por objeto el engrandecimiento y prioridad de la patria, sino enriquecer a un pequeño grupo que, abusando de su influencia, ha convertido los puestos públicos en fuente de beneficios exclusivamente personales, explotando sin escrúpulo las concesiones y contratos lucrativos.

Tanto el Poder Legislativo como el Judicial están completamente supeditados al Ejecutivo; la división de los Poderes, la soberanía de los estados, la libertad de los ayuntamientos y los derechos del ciudadano sólo existen escritos en nuestra Carta Magna; pero, de hecho, en México casi puede decirse que reina constantemente la ley marcial; la justicia, en vez de impartir su protección al débil, sólo sirve para legalizar los despojos que comete el fuerte; los jueces, en vez de ser los representantes de la justicia, son agentes del ejecutivo, cuyos intereses sirven fielmente; las cámaras de la Unión no tienen otra voluntad que la del dictador; los gobernadores de los estados son designados por él y ellos a su vez designan e imponen de igual manera las autoridades municipales. (…)