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12 diciembre, 2014

Se ha llegado al punto de no retorno

Ignacio Betancourt

E l pasado 8 de diciembre se cumplieron 34 años del asesinato de John Lennon en la ciudad de Nueva York, 34 años de la muerte de ese cantante-poeta que escribió en su canción Imagina (1971): …imagínate a toda la gente/ compartiendo el mundo.// Dirás que soy un soñador/ pero no soy el único,/ espero que algún día te sumes/ y el mundo estará unido…

Ayotzinapa no es una moda, ni una coartada para desestabilizar (aunque lo diga el secretario de Marina), ni un tema de temporada; Ayotzinapa es la gota que derramó el vaso de la Patria, el sacudimiento de una estructura gubernamental carcomida por la corrupción y por su propia falta de sincronía con el entorno social. Ayotzinapa significa el fracaso de un gobierno añejo en su forma de vampirizar a la población, la cereza en el desastre de una clase política que perdió la brújula embriagada con el poder más desorbitado.

Luego de tres años de trabajo y de la recepción de más de quinientas denuncias, el Tribunal Permanente de los Pueblos consideró que “hay razones para acusar a los presidentes de México desde Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto, de crímenes de lesa humanidad, genocidio, desvío de poder y desmantelamiento del Estado”. En audiencias y preaudiencias efectuadas en diversas partes del país y en las que participaron cientos de personas se documentó “la violación sistemática de todos los derechos humanos existentes: civiles, políticos, sociales, culturales y ambientales”, así lo declararon el experto en estudios sobre genocidio, Daniel Feierstain y Phillipe Texier, magistrado honorario en la Corte de Casación de Francia.

Frente a devastación tan extrema los causantes de la misma aún se atreven a acusar a la población indignada de manipulación por parte de grupos movidos por intereses inconfesables, y en lugar de comenzar a promover de inmediato la refundación del Estado mexicano elaborando colectivamente una nueva Constitución, se ponen a reformar leyes que les permitan reprimir a nombre de la ley y el orden. Ante la magnitud de tal desastre el obispo de Saltillo, Raúl Vera, declaró que cuando Peña Nieto habla de proyecto de nación “el señor está hablando de un proyecto de nación para los de la primera fila ¿Qué quieren? ¿Que nos muramos en silencio como los leprosos? ¿Que nos vayamos a las cavernas a fallecer para que no se oigan nuestros quejidos? ¿Quieren un México de fantasmas, de esclavos? Eso ya es un discurso de dictadura, de un tirano.”

Para ilustrar la increíble estupidez de la clase gobernante me permitiré aludir a una declaración de don Arturo Peña del Mazo (tío del Copete Parlante), dirigente de la fundación Isidro Fabela, quien sin rubor afirma que el caso de los normalistas es un “mero pretexto” para propiciar protestas en contra de su sensacional sobrino, luego califica de “insignificantes” los reclamos por el secuestro de los 43 normalistas porque: “más de 19 millones de mexicanos votaron por Peña Nieto y en las protestas participan a lo mucho 30 mil (sic), por lo que los inconformes son una minoría.” Después aseveró en conferencia de prensa que mientras en Ayotzinapa sólo hubo 43 desaparecidos, la Revolución Mexicana dejó un millón de muertos y nadie dice nada (no cabe duda que el retraso mental de la familia es una cuestión genética).

Pero además de tan siniestras anécdotas hay algo más preocupante, ya resulta evidente que tales descalificaciones al hartazgo de la población son parte de una política gubernamental establecida por quienes se empeñan en seguir depredando al país y a su población, a las declaraciones del tío habría que sumar las recientes declaraciones del secretario de Marina que son similares. Frente a tan gigantesco desatino, sólo la permanente actuación ciudadana nos pondrá a salvo de tal monstruosidad; por primera vez luego de 1910 se ha llegado a un punto de no retorno.

Regresando a la problemática potosina, se informa que el pasado sábado 6 de noviembre se llevó a cabo el segundo Foro Ciudadano organizado por el Colectivo de Colectivos (ya constituido en Asamblea Permanente del Centro Cultural Mariano Jiménez); con más de medio centenar de asistentes y representantes de diversas organizaciones de la sociedad civil se presentó un resumen de la ya prolongada lucha por impedir las arbitrariedades de la Secretaría de Cultura y su nefasto trío de autoridades: Xavier Torres Arpi, Juan Carlos Díaz Medrano y Mauricio Gómez; también se dio a conocer un conjunto de proyectos ciudadanos a realizar a partir del próximo año y se reflexionó colectivamente sobre la ausencia de políticas públicas para el arte y la cultura que se produce en nuestro estado. Este primer proyecto ciudadano implementado por cinco colectivos independientes y cuatro grupos artísticos que actúan en el Centro Cultural (5 de Mayo 610, Centro Histórico), semana tras semana se va enriqueciendo con nuevos participantes y diversas propuestas, aunque su maduración dependerá del acompañamiento que la propia sociedad civil otorgue a tan significativo intento por frenar a una burocracia local, depredadora y autoritaria.

Va la letra de la canción titulada Sólo la gente (1973), escrita por John Lennon (Inglaterra 1940-EU 1980): Sólo la gente sabe cómo/ hablarle a la gente,/ sólo la gente sabe cómo cambiar el mundo,/ sólo la gente se da cuenta/ del poder de la gente./ Un millón de cabezas son/ mejores que una,/ así que ven, llégale.// Yo sé cómo lo hemos intentado,/ los millones de lágrimas derramadas,/ ahora somos más maduros,/ hemos estado en el viaje/ y no podemos ser ignorados,/ hombres y mujeres estando unidos/ no cometamos errores,/ es nuestro futuro el que estamos construyendo,/ hagamos el pastel para comérnoslo,/ no queremos la visión de los cerdos.// Bueno, es largo el retraso/ pero no hay nada mejor qué hacer,/ ahora somos más maduros,/ hemos estado en el viaje,/ podemos volar directamente,/ no hay nada en la Tierra que/ no podamos hacer,/ pescar o cortar el cebo,/ es nuestro futuro el que estamos construyendo/ todos juntos ahora ¡a jalar la cadena!/ no queremos la visión de los cerdos.// Sólo la gente sabe cómo hablarle a la gente.