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Secult, amenaza cumplida

Ignacio Betancourt

D e espaldas a la población que se verá afectada por la arbitrariedad legaloide, en la oscuridad de la corrupción más boyante, como los auténticos delincuentes que son, Xavier Torres Arpi, secretario de Cultura; Juan Carlos Díaz Medrano, director general de Desarrollo Cultural y Mauricio Gómez Aranda, director de organismos (y pandilla que los acompaña), finalmente cumplieron su siniestra amenaza de imponer un reglamento excluyente elaborado en secreto por un grupo anónimo; por supuesto con la complicidad del Congreso del Estado, que como siempre oculto y embozado aprobó el espurio reglamento en contra de la ciudadanía y violatorio de toda normatividad nacional e internacional.

De acuerdo a la Ley Orgánica de la Administración Pública, Torres Arpi tendría que haber formulado el anteproyecto de reglamento, previa consulta a la ciudadanía, desde que tomó posesión del cargo. El Colectivo “Es hora de hacernos agua” (sociedad civil) en oficio entregado a la Secult el 14 de octubre de 2013 solicitó información sobre dicho reglamento, señalando que: la Ley Estatal de Cultura para el Estado y los Municipios de San Luis Potosí en su artículo transitorio segundo dispone sea expedido el Reglamento en un máximo de ciento ochenta días, y cuyo plazo empezó a correr desde el 10 de mayo de 2008 fecha en que la ley fue publicada en el Periódico Oficial del Estado.

El 27 de mayo de 2013 el mismo Colectivo denunció la omisión de la Secult ante la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología del H. Congreso del Estado la cual, de manera grotesca respondió el 27 de junio del mismo año a través del diputado Crisógono Sánchez Lara diciendo que: no podía dar instrucciones al Secretario de Cultura, por ser funcionario perteneciente a un poder distinto del Legislativo (sic). Mejor ilustración de la proverbial estupidez de las justificaciones burocráticas no puede haber, en realidad lo único que están autorizados a hacer es el cobro de sus quincenales sueldos.

El 15 de noviembre de 2013, el secretario de Cultura envió al Colectivo “Es hora de hacernos agua” el oficio SC-DGS-159/2013, en el que explicita: que actualmente existe un proyecto de Reglamento de la Ley Estatal de Cultura para el Estado el cual se ha venido elaborando con la presente administración… El Colectivo respondió en oficio del 2 de diciembre del mismo año reivindicando su derecho a conocer la propuesta de reglamento que a espaldas de la población elaboraban anónimamente, tal solicitud no ha sido respondida no solamente violando el artículo octavo de la Constitución federal sino además el artículo 38 de la Constitución del Estado, el cual reconoce como derecho humano de los ciudadanos el ser consultados, en desacato a la normatividad internacional la cual señala que el derecho al sufragio del ciudadano no sólo se remite a votar y ser votado sino a participar y ser considerado en la toma de decisiones que tengan que ver con la vida pública. De igual forma, el artículo 80 de la misma Constitución Estatal en su fracción XXVII señala como atribuciones del gobernador someter a la consulta de los ciudadanos los actos que el Estado determine.

Frente a la flagrancia del desacato y la impunidad con la que lo ejercen, la pregunta obligada sería ¿qué opciones tiene el ciudadano ante la violación de sus derechos? La corrupción inaudita de los funcionarios ¿será sólo imitación de la que realizan las autoridades federales del país? Por lo pronto todos los involucrados en tamaña ilegalidad serán denunciados estatal, nacional e internacionalmente, a reserva de seguir insistiendo en el cumplimiento de la ley. Esta historieta aún da para más, nunca será inutil ningún reclamo, ahora mismo ya algunas cosas se han obtenido en bien de muchos. Y si así no fuese que lo desmientan los actuales beneficiados.

Pero ¿en qué consiste el nefasto reglamento? Pues en ser un conjunto de disposiciones operativas en las que el ciudadano queda totalmente excluido al no existir espacio alguno para propuestas independientes, y porque únicamente la Secult y el Conaculta pueden decidir, por lo tanto, la población sólo podrá participar acatando disposiciones burocráticas que la convierten en un empleado sin sueldo de los funcionarios gubernamentales. Y lo más lamentable, tal atropello frente a la indiferencia de quienes lo padecen, pareciera que la costumbre de esperar algunas migajas se ha vuelto naturaleza en parte de los involucrados.

¿Quiénes elaboraron el reglamento que la diputación aprobó en la más grande secrecía? ¿quiénes fueron sus cómplices? ¿quiénes sus amanuenses? Pronto se sabrá. Pese a que en oficio del 20 de de febrero de 2014 el Colectivo pidió a la Secult: informe el nombre y el cargo de los funcionarios y el nombre y la disciplina artística de quienes participan en la elaboración de tal reglamento y cómo fueron designados… la respuesta aún no llega pero ya en diciembre pasado el Congreso aprobó la impunidad de la encorbatada delincuencia de funcionarios culturales y sus cómplices; por fortuna quienes reclman no sólo se dedican a realizar trámites jurídicos. Simultáneamente a tal oprobio, la canalla funcionaril intenta acusar de robo a la Asamblea Permanente del Centro Cultural Mariano Jiménez porque al organizar eventos solicita cooperación voluntaria a los asistentes; la Secult no aporta ni cinco centavos para el funcionamiento del Centro pero sí lo agrede dizque legalmente. ¿Qué pretenden los servidores públicos?

Del poeta zacatecano Ramón López Velarde (1888-1921), va el principio y el final de su poema Mi corazón se amerita: Mi corazón, leal, se amerita en la sombra./ Yo lo sacara al día, como lengua de fuego/ que se saca de un íntimo purgatorio a la luz;/ y al oirlo batir su cárcel, yo me anego/ y me hundo en la ternura remordida de un padre/ que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego.// (…) Mi corazón, leal, se amerita en la sombra./ Desde una cumbre enhiesta yo lo he de lanzar/ como sangriento disco a la hoguera solar./ Así extirparé el cáncer de mi fatiga dura,/ será imposible por el Este y el Oeste/ asistiré con una sonrisa depravada/ a las ineptitudes de la inepta cultura,/ y habrá en mi corazón la llama que le preste/ el incendio sinfónico de la esfera celeste.