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Seis minutos de horror

Luis Ricardo Guerrero Romero

E ra divertido tener tiempo para todo, correr sobre las avenidas, mascar decenas de chicles, jugar a los encantados, inconsciente predicción de mi futuro antes de quedar catatónico. Ahora mi posición es la misma que adoptaba el amanuense, solidificado en arenas movedizas, no podré llegar más que al infierno. Seis minutos quedé retando al tiempo que no supo de mi presente, era yo en toda mi existencia, era el horror plastificado.

El horror es presencia, es tangible, éste no conoce de sonidos y alaridos, para eso existe el terror, que es la cruz más la equivocación (t-error). Las cosas que causan horror disgustan porque no nos las esperamos, un gobernante estúpido para dirigir, un sacerdote licencioso encubierto por un horror de obispo, un informante mitómano. Muchos hemos cometido hechos de horror, quizá por una supina ignorancia o irreflexión. Que nos valga saber que los helenos se referían a la angustia y el tener miedo con los caracteres: ορρωδια (orrodia) y que fueron los romanos por medio de su conquista quienes terminaron por darle forma a esta palabra escrita en latín como: horridus, cuyo significado nos habla de algo erizado, grosero; o bien espantoso. Saber por ejemplo que el asunto de que algo esté erizado tenga semejanza con el agua de horchata, o mejor dicho con la planta con la que originalmente se fabrica el agua de chufa en Valencia, ya que el fruto de este tubérculo tiene erizada sus hojas, es decir las tiene horrorizadas. Lo anterior no es de sorprendernos puesto que, muchas de las palabras que ahora empleamos en otro sentido, fueron gestadas ya en el campo y sus quehaceres campiranos, ya en la guerra. Tal es el caso de la palabra horror la cual tiene sus orígenes en la taxonomía de una planta, la chufa, la cual se encuentra izada, levantada espantosamente. Por eso el horror y el temor son distintos en esencia aunque hoy en día sean una suerte de sinónimos el asusto no es así en su origen, como se ha indicado renglones arriba el horror es síntoma de poner erizo con dureza alguna cosa, como el vello al tener un sobresalto o un espanto, al decir: me horrorizo por el terror, no se está siendo tautológico sino ostensivo.

Por extensión hoy podemos ocupar de modo indiferente las ideas de horror y terror de modo indiferente y quien fuera nuestro receptor entenderá que hablamos sobre el tema del miedo, aunque ya hemos escrito que no son equiparables del todo. Una señal de alarma produce horror, y la ejecución de esa alarma, terror. Que dicho sea de paso la palabra alarma es un apocope de: al arma, debido a que, en tiempo de guerras las armas estaban en un lugar céntrico y corrían horrorizados a tomar posiciones de ataque. –No es fortuito que en muchas ciudades exista una plaza de armas.

Ya también sabemos que hay muchas cosas que pueden generar horror, sin ser estos mismos, fenómenos de miedo, como quienes padecen de tripofobia, o quienes dicen que escuchar a El Komander produce horror, incluso hay dichos que bajo principios del horror son verdaderos, como aquel que hiciera famoso Laura León, la tesorito: “el hombre es como el oso, entre más feo es más hermoso, por eso yo a ti te quiero, aunque estés tan horroroso”. Lo anterior no existiría sin la estética de lo bello, que hace fomento a lo feo. Lo que produce horror, en resumen es feo, pero no maldito, ni amedrentador, aunque sin duda un suceso sumamente feo puede provocar terror. El horror en las calles de San Luis Potosí, enfada a conductores y peatones, y su peligro causa terror.

Autoridades catatónicas, eso tenemos.