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Sergio Desfassiux, un porro en el Congreso

Óscar G. Chávez

Dentro de las instituciones educativas existen una serie de  procesos que sólo atañen a las mismas, sin embargo no siempre se encuentran éstos alejados de diversos intereses que enturbian la vocación primigenia de estas instituciones.

En la tercera década del siglo XX, buscando blindar a las universidades contra cualquier tipo de injerencias políticas y salvaguardar su integridad académica, así como las de sus alumnos y profesores, se les otorgó a algunas de ellas el derecho de la autonomía; beneficio que si bien no se generalizó de inmediato, para la segunda mitad de ese siglo ya lo disfrutaban un gran número de las existentes en el país.

La Universidad Potosina fue creada en 1923 mediante el decreto número 106 expedido por el gobernador Rafael Nieto, en su artículo primero se le señala como autónoma del Estado, sin embargo disfrutó poco tiempo de esa autonomía, ya que ésta fue suspendida por el gobernador Aurelio Manrique.

En 1934, durante el gobierno del cavernario y lacayo cedillista, Ildefonso Turrubiartes, se expidió un decreto, el número 35, que si bien reconocía la autonomía, seguía sujetando al rector de la misma a la ideología del Gobierno Revolucionario ni a las normas de enseñanza señaladas por el mismo, será substituído, y el Consejo Directivo propondrá al Gobierno del Estado la terna correspondiente para el nombramiento respectivo.

Finalmente en diciembre de 1943, mediante el decreto número 53, se derogó el anterior y se otorga una verdadera autonomía; en el estricto sentido de la justicia y la interpretación plena del concepto, es Ismael Salas quien otorga a plenitud este principio.

El párrafo segundo del artículo cuarto es preciso: La autonomía de la Universidad deberá ser protegida y respetada por todas las Leyes y Autoridades del Estado, sin que pueda por ningún concepto impedir o dificultar la organización, libre gobierno, funciones o relaciones de la Universidad, la designación de sus funcionarios o profesores o el desempeño de sus cargos o intentar su separación.

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El pasado jueves utilizando la tribuna legislativa como canal de desfogue de sus diarreas cerebral y verbal, el diputado perredista Sergio Desfassiux emitió una serie de pronunciamiento que al tiempo que evidenciaron su carencia total de respeto a su investidura, al recinto que lo cobija, a sus electores y representados, y a la máxima casa de estudios del estado, hicieron notoria su profunda ignorancia en materia de leyes y de nueva cuenta lo posicionaron como un sicario argumentativo.

No es necesario recordar que desde el inicio de su gestión legislativa el perredista ha descollado por su incapacidad de continencia verbal, que desafortunadamente siempre va acompañada de alguna escena ridícula y desenlaces de permiten apreciarlo como alguien que no conoce el respeto ni por su propia dignidad.

Queda claro que tanto la investidura como la tribuna sólo ha sido capaz de utilizarlas en aras de su caricaturización y autoescarnio. Ha arremetido contra todo lo posible, primero lo hizo contra la iglesia católica y su arzobispo; vino después una gresca entre medios de comunicación, en la que algún periodista lo evidenció como un boquiflojo desde tiempos universitarios, en los que además era notoria su actividad porril; lágrimas y grotescas pantomimas, vertidas y actuadas en la tribuna legislativa, fueron el corolario de aquel capítulo.

Quizá buscando colocar de su lado a diversas corrientes estudiantiles existentes al interior de la Universidad, o bien, realizando actividades de indigno lacayaje al servicio de un tercero, la semana pasada realizó una serie de señalamientos ofensivos contra la Universidad, su rector, sus académicos y su estudiantado.

Si catalogó a la Universidad como gris, opaca y elitista, es porque definitivamente desconoce el funcionamiento de la misma, y qué conocimiento de ella puede tener aquel que al transitar por la facultad de Derecho, no se distinguió más que por ser un auténtico golfo sin oficio ni beneficio; un crápula de su facultad. Es menester ser imbécil de nacimiento para considerar como gris a una institución que ha logrado posicionar, por ejemplo, a una Facultad de Medicina entre las mejores del país.

Sólo un idiota en incremento, señalaría que es opaca y lleva al mismo nivel a quienes de ella han egresado, sin considerar la trascendencia nacional e internacional de académicos y alumnos. ¿Sabrá este limítrofe lo que es un SIN, y cuántos de ellos hay en nuestra Universidad?

Si la tilda de elitista es porque seguro él nació en una muy privilegiada posición económica desde la cual podría ver por debajo del hombro a todos sus compañeros de carrera y generación. De pertenecer a una casta suprema, convendría preguntarle qué hace desempeñando tan indigno oficio; y, de no pertenecer a ella, deberíamos cuestionarle si la institución le negó el acceso por su clasemediero origen.

Pensar y llevar a ese nivel a la UASLP, implicaría suponer, de la misma manera que el Congreso del Estado, y en concreto esta Legislatura se encuentra integrada por una piara de imbéciles resentidos e ignorantes, sólo por tomar como ejemplo a este espécimen.

Sus excreciones verbales fueron más allá de la intangible esencia de la Universidad y arremetió también contra su rector al que adjetivó como pedante, sangrón, creído, y como el peor rector de la UASLP. ¡Apareció el especialista en historia de la institución! Me gustaría saber si el diputadillo de marras tendrá la capacidad de mencionar al menos a diez rectores que ha tenido esta institución y explicar las acciones que realizaron durante sus gestiones, como para conocer su universo de comparación.

Me adelanto y señalo que el peor rector ya transitó por ella, el único de los que ha ocupado ese cargo que en su vida ocupó una cátedra frente a grupo. Sin embargo, qué puede saber él de eso, si en aquellos momentos se encontraba transitando por la amarilla burocracia soledense. No considerará el ignorante desbocado, quien seguro se supone un dechado de virtudes, que si el rector puede ser así etiquetado, a él alguien lo podría señalar como alcohólico, ignorante, imbécil y ridículo, y sobre todo como el peor diputado que ha habido en todas las legislaturas potosinas de las que se guarda memoria y de las que se tiene registro. Conozco de legislaturas y de rectores, así que si el iluminado es gustoso podríamos intercambiar detalles históricos de ambos aspectos.

Es la comunidad universitaria la que debe decidir sus procesos; si bien la imagen del actual rector no sea muy favorable a partir de decisiones equivocadas tomadas en el pasado, no es un sujeto con tan bajo intelecto y lamentable origen político, el que deberá cuestionar su papel al frente de la misma. Finalmente nadie, en la academia, está libre de estos señalamientos, que en muchas ocasiones hasta honrosos pueden resultar; al igual Sergio Desfassiux tampoco logrará desvincularse del doble calificativo: porro universitario, porro en el Congreso.