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Sin escándalo venzamos a Goliat

Luis Ricardo Guerrero Romero

L as personas inestables son proclives a ser vencidos por quienes tienen bien asidas sus convicciones e ideales. Desventurado augurio cargaba Goliat (el gigante peregrino) de altura seis codos y un palmo, que fue derribado por el elegido de Dios, David. Fue un escándalo contundente el que Goliat muriera por la pericia de David y su honda; los que presenciaron la muerte de Goliat como lo hace ver en sus lienzos Caravaggio, no lo esperaban, por eso el pintor barroco refleja en su obra a un gigante fustigado, a un exótico hombre decapitado por su propia espada.

El ser decapitado por su espada puede leerse como el caer por la propia palabra, ya la lengua inglesa hace una semejanza afortunada con sword (espada) y word (palabra). Muchas veces hemos sido presos de este mismo ardid, a todos algo nos ha escandalizado y decapitado nuestros ideales o nuestras formas de ver el mundo.

Existe otro tipo de escándalo por medio de la palabra escrita como lo fue otrora William Blake, quien logró hacer buen uso del escándalo para abrir el panorama de sus contemporáneos, con una de sus tantas obras: Las bodas del cielo y el infierno.

En nuestras experiencias cotidianas es muy común escuchar la sentencia: –¡Oye calla tu escándalo que me aturde!–, un ejemplo bastante claro para la palabra que me traigo entre tanta perorata. Escándalo, del griego σκανδαλον, (escándalon): tropiezo, perturbación, trampa y obstáculo, es usada con semejante sentido en la producción de nuestra lengua. Ejemplos de la  descripción del escándalo como tropiezo el escritor Cobley las menciona al hablarnos del destino a partir del mismo nombre en los personajes de Edipo Rey, nombrándolo como un eje sintagmático, yo lo postulo como una genealogía escandalosa, y Lévi-Strauss, lo explica como mitemas;  pues los nombres de Lábdaco (ancestro), Layo (padre) y Edipo (hijo), significan respectivamente: cojo, torcido y pie hinchado, ya que, los tres queriendo obstaculizar, tropezaron y perturbaron su destino, y que escándalo que Yocasta fuese la mujer de Edipo.

El paroxismo, finalidad de las danzas religiosas de la India, llamadas “demoniacas” (en el sentido más puro de la palabra), es otro ejemplo del ejercicio del escándalo. Por otro lado, tomado la concepción acostumbrada de la palabra que nos asalta, me atrevo a generalizar que para todos resulta muy temible y escandaloso imaginar las extravagantes maneras en que el mitológico Procusto utilizó su fuerza e inteligencia para echar a descansar a cuanto huésped se le antojase situar en su tálamo.

Por cierto, la Sonora Margarita se suma al bagaje del uso de la palabra escándalo, con su tan socorrida homónima canción que en bodas, quince años y demás festejos se deja oír por medio de las escandalosas bocinas de algún experto dj.

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