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Sutil representación

Luis Ricardo Guerrero Romero

Ella dijo: –Tu eres una buena persona y no te mereces esto. Aquella frase fue el inicio de un periodo de nostalgia y de intentar olvidar sus sonrisas angelicales, seductoras miradas, simpáticos detalles, y todo lo que un enamorado puede encontrar en la persona anhelada. Ella, explicaba que eso de la distancia y del vernos cada ocho o 15 días no le parecía tan agradable, y aunque yo me esforcé del todo y más para poder estar mucho más tiempo con ella, nada sirvió, su respuesta fue: debemos terminar. Poco después por boca de su prima Selene me enteré que en realidad nunca me quiso y ni siquiera quería quererme, fui para ella lo que para al otoño es una brisa matinal, un gesto bonito del que se puede disfrutar mientras el entusiasmo aguante, y para ella, soportó poco, de abril a agosto. En mi corazón todavía habita su nombre, y en mis sueños, reside con frecuencia su representación inmarcesible. Sé que su nombre, su voz, sus manos y su cuerpo, nunca los olvidaré, y creo más firmemente que ella tampoco debe olvidarme jamás. Creer algo no es siempre verdad, pero funciona para no morir desesperanzado. Me gusta ir a aquellos lugares en que nos conocimos y volverme a enamorar de ella, sin que sepa que estoy pisando la misma tierra en donde suele andar, suspiro su nombre: Aleinad, y represento cada segundo vivido a su lado. Un buen amigo me preguntó, qué era lo que más extrañaba de ella; y contesté: –necesito de muchos abriles y agostos para decirlo. En una palabra, extrañaba todo lo que representaba ella, lo que era y lo que no era lo amaba. Espero antes de morir verla a los ojos, y que viera los míos para suspirar en secreto, como creo que lo hace.

Relato caótico de amor fracasado, vivió el narrador de la anterior historia, el cual mermaba su pena por medio de la representación, por suerte para él y para todos existen representaciones para cualquier realidad de la experiencia humana, aunque también podríamos decir de cierto modo que en otras áreas no humanas existe la representación. Por ejemplo, en algunos insectos o animales bajo el fenómeno denominado cripsis, donde se representa el contexto o hábitat de algún insecto u animal, ya lo hace la mantis, que delgada pliega su figura al verde natural, el camaleón, o un silente búho que camufla su cuerpo en un tronco viejo y agrisado. La palabra representación puede ser entendida como la adquisición de una u otra forma materializada, como le sucede al narrador nostálgico que representa su ex pareja o como hacen algunos seres vivos para confundir al enemigo. Pero también el uso de la representación se aplica en los retratos. Este verbo: representar, de modo compendioso es poner ante los ojos algo, hacernos una idea de, suponer que está sin estar. Así, por ejemplo, el juez es la representación de la ley –esto teóricamente–. En el latín las palabras repraesentatio, repraesentorepresentator cargan con el sentido de lo que se expone, lo que se imita ya en la imagen de algo; otro ejemplo del empleo de tal palabra se encuentra en el salario que se daba en la antigua Roma, la paga era repraesentatio (representación) del esfuerzo del trabajo, incluso hoy en día, es así, suponemos que nos pagan, es una representación lejana de lo que realmente hacemos, sabemos y hacemos. El filósofo F. Brentano al hacer la clasificación de los fenómenos psíquicos distinguió tres clases de actos (según Marías): representaciones, juicios y emociones. De tal suerte que las representaciones, son la imagen de todo aquello que nos es presente (re-presente) a la conciencia “todo acto psíquico, o es representación o está fundado en una representación (principio de Brentano)”. En este ejercicio de representación de acto psíquico, se conjugan la referencia del objeto y la base intencional de lo que doy representado. Vr.g: si me hastío, mi hastío es sobre una cosa y eso supone la representación de mi hastío. Brentano muestra una actitud positiva, pide atenerse a lo que está allí, –en sus palabras: “punto de vista empírico”. Ahora mismo somos representación del pasado, del presente y del futuro, sin la condición fenoménica de cripsis. La nostalgia de amor que el narrador contó, es representación de su deseo por ella, en pasado, presente y futuro. Aristóteles, asimismo distinguió los bienes de vida humana en tres clases: 1. Lo que uno es; 2. Lo que uno tiene; 3. Lo que uno representa. Eso es la felicidad, saber lo que se es, lo que se tiene, lo que se representa o se desea representar. Así, es feliz el protagonista de relato inicial, representando a ella en su ser y en su tener.