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Tejedores de sueños

capital

El día viernes dos de octubre pasado fue un día interesante. Primero asistí a una marcha en conmemoración de la matanza de Tlatelolco ocurrida en 1968. Fuimos pocos compañeros pero es una de las caminatas de protesta más emotivas en las que he estado. Quizá porque éramos muy pocos, unos pocos amigos, pero esta marcha no se suspendió a pesar de nuestro corto número. Y al contrario se cumplió de principio a fin como estaba estipulado, y tuve la sensación de que al menos en SLP, donde es fácil olvidar tragedias como las de Tlatelolco, aquellos hermanos que marchamos pudimos dar una conmemoración simbólica que rememorara a los jóvenes caídos en el 68 en la Plaza de las Tres Culturas.

Después de la marcha asistí con una buena amiga al estreno nacional del documental “Soñando Despierto”[1]. Cosa también simbólica, pues ese cortometraje habla de jóvenes y sueños. Y en esa fecha de tragedia tan íntima para miles de jóvenes en este país, la película se estrenó con un bonito mensaje de esperanza que recomiendo a todo joven ver.

Así pues, en esta ocasión me toca hablar de un tema que desde hace varios meses he querido tratar. Y este tema es sobre nosotros los jóvenes, en SLP y en México. En la marcha gritábamos consignas a todo pulmón. Una de ellas era esta: “¡¡¡Porqué, porqué, porqué nos asesinan; si somos la esperanza de América Latina!!!”. Cada vez que finalizaba esta consigna que bien costaba la voz y erizaba la piel, no podía evitar con asombro pensar que esta era una consigna dura. Pues habla de matar jóvenes que son esperanza. Y en un ejercicio de humildad, tampoco podía evitar preguntarme a mí mismo si: ¿yo soy como joven una esperanza? Supongo que sí. Aunque suene a soberbia esa no es mi intención. Creo que todo joven: mujer y hombre es en cierta forma una bonita esperanza para sí mismo, para su historia y para su familia y también ¿por qué no? Para su patria misma.

Es en este punto donde quiero conectar el mensaje del documental. Pues es muy, muy triste que los jóvenes sean víctimas, esperanzas que son asesinadas como en aquel dos de octubre del sesenta y ocho,  y no agentes de cambio en una sociedad tan difícil, y en una vida tan compleja como la que se vive día a día. Por eso el cortometraje ofrece una luz. Testimonio de dos hombres y una mujer, que han superado difíciles adversidades y han adaptado las condiciones no solo a su favor sino que en pro de la ayuda de otros. En pocas palabras. Estos jóvenes han tejido sus sueños y ayudado a muchos otros a que tejan los suyos, al menos con el ejemplo que inspiran.

Esta es una capacidad extraordinaria dentro de los seres humanos. Y lleva por nombre: resiliencia, proviene como concepto de la psicología y en la Real Academia Española se define cómo la: “Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.” Pues bien, estos tres jóvenes (que por cierto son potosinos los tres) del filme estrenado el viernes pasado en la Cineteca Alameda, son un valiente ejemplo de ello. Y sobre todo un ejemplo de cómo pudiendo ser unas víctimas perfectas del azar de la vida. Se sobrepusieron a esos límites y tendieron puentes con otras personas para demostrar que: si ellos pudieron salir adelante como jóvenes a pesar de su difícil situación, entonces cualquiera puede convertir una aparente batalla perdida en una gran victoria personal y además ser un pequeño punto de luz en un abismo de oscuridad que como jóvenes, todos alguna vez hemos experimentado.

No voy a parlar mucho sobre la historia del filme. Porque me parece justo que cada quien la descubra por sí mismo para quedarse con una reflexión propia. Solo menciono que sus tres protagonistas: Gaby, Hugo y Gus. Nos cuentan sus duras historias en el cortometraje y cómo canalizaron los obstáculos que padecieron, para amar la vida y ayudar a otros a que cumplan sus sueños. Eso, y que en la película uno de los mensajes más importantes que me llevé, fue el que los jóvenes de este país muchas de las veces parecen ser potenciales víctimas de las decisiones de otros. Y para romper ese aciago guión, se necesita primero tomar conciencia de uno mismo. Y sobre todo tomar como propia la responsabilidad de nuestra vida. Sin duda es algo difícil y cuestan muchas agallas para hacerlo. A mí me cuesta mucho si soy honesto. Pero aunque mi vida y mis circunstancias a veces se reflejen en las siguientes líneas de una canción de Bob Dylan: “Not Dark Yet” (No obscurece aún): “sometimes my burden is more than I can bear…” (“algunas veces mi cruz es más pesada de lo que puedo soportar…”). La oportunidad de hacer las cosas que nadie hará por mí, a pesar de lo difícil que sea el camino, brinda sin duda esa esperanza de construir mis sueños. Y creo que este axioma aplica para mí y otros millones de jóvenes que podemos sin duda hacer la diferencia desde nuestros humildes espacios de acción.

Hoy querido lector. Soy emotivo porque me es preciso serlo. Y pienso en el lector joven y en aquel que ya no lo es tanto, pero aún tiene anhelos de cumplir sus sueños, aunque el realismo de una vida dura y el yugo de un “trabajo estable” le haga muchas veces truncar sus sueños. Y para concluir, cito como ejemplo de la capacidad de resiliencia humana una de las frases del ex Presidente uruguayo José “Pepe” Mujica (2014)[2]. Es una de esas frases que guardo en el disco duro de mi cerebro y que cuando me siento en la lona siempre resuenan en mi cabeza y al menos me hacen levantar la mirada. Y son estas:

“…y vos, si sos joven tienes que saber esto: la vida se te escapa minuto a minuto (…) así que ¡¡¡lucha por vivirla!!! (…) porque lo importante es el camino. Por lo demás un segundo consejo a los jóvenes: lo imposible cuesta un poco más. Y derrotado: derrotado son solo aquellos que bajan los brazos y se entregan. La vida te puede dar mil tropezones en todos los órdenes, en el amor, en el trabajo, en la aventura de lo que estas pensando, en los sueños que pensás concretar. Pero una y mil veces estas hecho con fuerza para volverte a levantar, y volver a empezar, porque lo importante es ¡¡¡el camino!!!”

 

-NOTA FINAL-

Es importante, al menos en mi profesión, definir de forma operativa un concepto. Y este es “sueño” ¿qué es un sueño? Una vez más Mujica ofrece una linda definición al respecto y es: pelear por una esperanza. “…pero si tuviste un sueño y peleaste por una esperanza, e intentaste transmitir a los que quedan, tal vez quede un pequeño aliento rodando, en las colinas y en los mares. Un pálido recuerdo que vale más que un monumento, que un libro, que un himno, que una poesía, la esperanza humana que se va realizando en las nuevas generaciones.” 

Ese viernes me dejó lecciones. Empezó con una marcha de muy pocos compañeros que cumplió su objetivo al conmemorar y honrar la masacre de cientos de jóvenes esperanzas caídas el 2 de octubre del 68. Y terminó en la almohada con una dulce alegría de saber que existe esperanza mientras haya vida. Salí del cine con mi amiga y pensé que era un buen don de la vida estar completos para cumplir los sueños que tenemos como jóvenes. Se lo dije, y pensé que el mayor límite que hay está en los miedos e inseguridades que uno mismo tiene y que varias veces truncan los sueños.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=CgxI4uESncA

[2] https://www.youtube.com/watch?v=03WEw3GC1wk