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Tentar y atentar, la violencia como recurso

éxodo, Coqueteos marcelistas y el ingrato recuerdo

Cada quien su verdad
Documentar y castigar

E n la recta final de un proceso electoral soterradamente tenso ha aparecido con más nitidez el dato de la violencia política contra un candidato, con el PAN, Soledad de Graciano Sánchez y los Gallardo como telón de fondo.

Oficialmente, el partido blanquiazul afirma que su candidato a la presidencia municipal, Juan Carlos Velázquez, sufrió “un atentado contra su vida”. El comunicado de la directiva estatal panista no aportó en ese primer documento detalles de ese ataque que ha de suponerse fue “directísimo” (como dijo un médico forense tapatío cuando le preguntaron si los disparos contra un cardenal habían sido “directos”). Los hechos, según ese texto, sucedieron “sobre la carretera a Matehuala, luego de que se desplazaba de un acto de campaña para continuar con su agenda”. En otro párrafo se menciona que el propio Velázquez sólo ofreció tres palabras a reporteros que le pedían precisar lo acontecido, “me intentaron matar”.

Frente a esa versión panista se emitió ayer un comunicado del área de seguridad pública del gobierno estatal en la que se asientan detalles que efectivamente hablan de hechos violentos, con un disparo de arma de fuego cerca de un acto político, una persecución a cargo de presuntos militantes partidistas, un posterior choque automovilístico y la detención de cinco personas, una de ellas agente policiaco del municipio conurbado, con una pistola de alto calibre en su poder. Nada dice el parte de la Secretaría de Seguridad Pública sobre atentado a un candidato. Aunque precisa que “los agentes de la PME aseguraron los tres vehículos y detuvieron a las personas involucradas”. No menciona entre esos detenidos al candidato Velázquez, de tal manera que es de suponerse que él no estuvo entre “las personas involucradas”.

Contra las versiones del PAN y del gobierno estatal priísta se levantó la de la administración perredista de Soledad, en la que el policía municipal de la demarcación gallardista fue el agredido por personas que habrían detonado armas de fuego. Según el boletín de la policía municipal soledense, uno de sus agentes “se dirigía este martes a sus labores cotidianas a la comandancia de Pavón, cuando al incorporarse al tramo carretero de Matehuala fue perseguido por dos vehículos, según las primeras indagatorias hubo algunas detonaciones por arma de fuego, Morales Moreno al verse cercado por varias personas, accionó su arma de cargo realizando varios disparos con la intención de disuadir un ataque”.

Es de desearse que sobre las pasiones partidistas se imponga una verdad técnica, pericial, que puntualice si lo sucedido fue solamente un incidente o en verdad se está en presencia de un atentado contra un candidato de un importante partido político a una importante presidencia municipal. El PAN debe presentar pruebas firmes de que se trató de un ataque directo a su candidato (ayer ya directivos nacionales del blanquiazul denunciaban el atentado como tal y exigían garantías), y los gobiernos estatal y de Soledad deben precisar si de verdad estaba el candidato Velázquez en el escenario de riesgo y, efectivamente, hubo un atentado contra su vida.

Las precisiones son imprescindibles porque el escenario electoral se ha poblado de versiones de violencia (en unos casos, contra el PAN, en ese mismo municipio) que no han contado con el posterior sustento irrefutable. No puede dejarse de lado el hecho de que actualizar el expediente de los atentados políticos embona con la postulación panista de que en la capital del estado hay una lucha entre buenos y malos, con los Gallardo y su instrumento partidista, el PRD, como destinatarios de una propaganda que, con razones radicadas en expedientes de la PGR, alerta contra la transferencia de conductas y prácticas mafiosas desde el municipio conurbado hacia la ciudad potosina que para no contaminarse debería optar por el aspirante panista, Javier Azuara, o por el priísta Manuel Lozano, representantes ambos de intereses empresariales y sociales que se sienten afectados por la irrupción de los Gallardo y su dinero metido a la política y, a la vez, sacado de ésta.

Tentar a los fantasmas de la violencia política es una forma de atentar. Si hubo atentado, documentarlo y castigarlo. Si no lo hubo, la autoridad debe precisarlo. De otra manera, en un sentido u otro, a favor o en contra de partidos o candidatos, esa violencia, o su tentación, serán usados como dañino recurso político.

JSL
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