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Tocar tu vergüenza

Luis Ricardo Guerrero Romero

Calle Lomita 303, calle Juan Sarabia, –¡mira bien la señalética dijeron que era por aquí!; esta es la Plutarco Elías Calles, debe ser adelantito, –¿seguro?, no me voy a parar mucho tiempo aquí, dicen que esta colonia del Morro es peligrosa. –Sólo son rumores, todo San Luis es seguro, –mira, esa la casa, pon las intermitentes, no tardo, nada más traigo un cartucho, pásame el silenciador de PET. –Oye, gracias por esta ayuda amigo, a mí la verdad la vergüenza me puede más, aquí te espero.

¿Dónde habrá ido, qué le habrá pasado?, ya son 15 minutos y aún no he escuchado algún impacto, ni de allá para acá, ni de aquí para allá, seguro que no salió como esperábamos, hubiera ido yo, aunque sea para dar un poco de apoyo moral, a Rubén siempre le ha gustado hacer estos trabajitos solo, pero esta vez no tenía muchos datos sobre la implicados, además, esta colonia para ambos era desconocida. 16 minutos y aún nada, pero no debo bajar. Esta situación me recuerda a la primera vez que visité a mi amor de secundaria en su casa, no llegar por la vergüenza, ellos tan rectos, adinerados y estudiados y yo, no tenía más que mi uniforme de la técnica secundaria como posesión, era mi mejor ropa y por eso la usé, aquella vez también me invadió la vergüenza de tocarla, por eso decidí no continuar con ella, pero yo la deseaba y no iba tolerar que alguien más le hurgara la blusa. Esa noche mi uniforme café se tiñó más oscuro y ella jamás regresó a su colegio. A veces, creo que el verdadero motivo de mi vergüenza es mi vida. 18 minutos, Rubén ya no regresó, espero me disculpe por abandonarlo aquí, y en el infierno no me desconozca.

En el anterior relato el pseudo amigo nos menciona que el motivo de sus emociones vergonzosas es su propia existencia, al menos éste tiene conciencia de que sus actos miserables son motivo de pena, porque hay algunos sobre nuestra patria que piensan que matar, maldecir, odiar o humillar no es ocasión de vergüenza. Tocar la vergüenza es tan sencillo como recapacitar sobre lo que hacemos –por eso se cubren los ojos ventanas del alma al tener vergüenza de algo–, este sentimiento nos auxilia para obrar libremente y con buenos principios, estar al pie y a la orden en cada uno de nuestros trabajos y quehaceres como personas. La importancia de sentir vergüenza no demerita la honradez, la evalúa y acrecienta, pero siempre con una carga de temor. El sustantivo vergüenza, tiene sus orígenes en el respeto por las leyes, en el pudor de los actos, del latín: verecundia, verecundor, suerte de la timidez, o sea, la cobardía; pero el origen de esta palabra como vemos nos informa sobre un sentimiento que se suscita a partir del no respetar las leyes y sentir cobardía ante las consecuencias que estas deben aplicar. Lo anterior es mejor entendido al recordar el castigo impuesto a los criminales en Atenas: ser arrojados al Báratro, a las profundidades donde reina la perdición, esta palabra proviene del griego antiguo βαρατρον, de βερετρον (beretron), palabra que generó nuestro sustantivo verecundia, el temor al beretron; el sufijo tron, se intercambió por la pseudodesinencia cundia. Vergüenza, verecundia, temer ante el castigo que se prolonga. Con atinada razón el personaje criminal de nuestro relato sentirá vergüenza y piensa en el infierno que le espera. Este sustantivo puede ser usado con bases prefijales como en desvergonzado, donde el prefijo des, es indicador de exceso y no de supresión, por ejemplo: desapropio, desbordar. La vergüenza, asimismo aparece cuando se habla de temas tabú o partes pudendas. Mucha gente al día de hoy siente vergüenza o dice tener vergüenza ajena al hablar de temas sexuales. No obstante, la auténtica vergüenza es ser culpable de un acto excretable que ofenda al común de la humidad. A todos los militantes de sistemas religiosos y políticos, que la vergüenza no los toque.