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Tranquilidad gubernativa

Óscar G. Chávez

Cierto es que los tiempos cambian y también las costumbres y decires de los potosinos; a pesar de eso cada vez resulta más complicado comprender la mentalidad y los actuares de las autoridades potosinas.

Hace un poco más de un año nos encontrábamos con un Palacio de Gobierno donde era más que notable y sabido el alejamiento de la figura gubernamental y la delegación de su poder y mando en la figura del secretario general de gobierno quien bien supo aletargar al gobernador, y al igual que la esposa de éste, engolfarse notablemente con poder y corruptelas.

Los últimos años del sexenio el Palacio de Gobierno estuvo rodeado de manera permanente por vallas que no se tenía certeza si eran para contener en el interior a los desquiciados palaciegos, o en el exterior a manifestantes, activistas y detractores del ausente gobernador; palacio y personaje así concluyeron el sexenio, aislados y ajenos a lo que ocurría en el entorno potosino.

Desde inicio la llegada del nuevo gobernador y gabinete presagiaba fuertes cambios. Una muestra de energía y buena voluntad fue la viril disposición del nuevo secretario de gobierno que, aún antes de ocurrir el cambio de poderes, ordenó el retiro de las infamantes vallas: ya no sería un palacio aislado ni de resguardo de alejados mentales.

Por circunstancias desconocidas desde hace algunos meses Palacio de Gobierno vuelve a lucir en su exterior y de manera permanente la sucesión de vallas; aunque sabemos que no es así, pareciera herencia de la administración torancista.

Herencia de aquella pareciera también la manera en que el gobernador se ha comenzado a desconectar de lo que ocurre en el estado que gobierna. Este alejamiento ha sido contagiado a sus cercanos colaboradores y de los integrantes del gabinete ni hablar, porque salvo muy honrosas excepciones la gran mayoría de sus secretarios han descollado por su ineficiencia en los puestos desempeñados.

Aunque la muestra perfecta podría ser el secretario de Seguridad Pública, dejemos descansar a ese pobre hombre de Dios del que ya se ocupan a diario plumas perversas y afiladas. Pareciera que desde el inicio del sexenio el más incompetente de los secretarios ha sido Ramiro Robledo López, quien carente de toda capacidad para resolver problemas ha permitido que se salgan de cauce situaciones como la violencia constante ejercida por los taxistas contra los operadores de Úber. No es necesario recordar la saña con que la semana anterior un joven de apenas 20 años fue salvajemente atacado por taxistas; hasta hoy ni Seguridad Pública ni Comunicaciones han hecho comentario alguno. Ni lo harán.

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Detalles como la golpiza anterior que se han convertido en parte de nuestra cotidianeidad son los que llevan a nuestro gobernador a señalar que los índices de seguridad son los idóneos, que en San Luis se puede caminar con total tranquilidad por sus calles. Ciertamente sus detractores políticos han aprovechado para señalar que nunca se han alcanzado estos niveles de inseguridad; con toda seguridad olvidaron los violentos hechos que ocurrieron siendo gobernador Marcelo de los Santos: balaceras en el centro histórico y secuestros de connotadas personalidades.

Mientras nuestro gobernador, sin esperarse al cuarto o quinto año del encargo, comienza a alejarse, hay otras actividades que parecieran encaminadas a devolver la credibilidad a su persona como la elección de los integrantes de la compañía teatral del denominado comité anticorrupción, entre los que destaca Manuel González Matienzo encubridor del ex gobernador Fernando Toranzo, e hijo del que fuera procurador de utilería Manuel González Carrillo.

Vienen a enrarecer más el ambiente político de la ciudad, la integración del frente opositor entre los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano, cuyo objetivo según dicen es derrotar al PRI en las próximas elecciones de 2018. Parece ser que los nuevos paradigmas desideologizados de los partidos no les permiten recordar que el PAN surgió como una alianza razonada contra el cardenismo.

Será interesante ver, de cualquier forma, cómo Ricardo Gallardo cederá la candidatura a la gubernatura a algún connotado panista, mientras éstos últimos entronizan en la alcaldía de la capital a su vástago. Así, los panistas que han acusado de corrupción y delincuencia al gallardismo, hoy irán como cómplices de la mano con él.

Ya que hablamos de panistas debemos recordar las declaraciones con las que cerró semana el ingeniero Francisco Javier Salazar Sáenz, Capablanca para sus amigos, sobre la fuerza que está perdiendo la llamada de un tiempo para acá familia tradicional. Cierto es que sus declaraciones son acordes a su ideología, por tanto podríamos considerarlas como sinceras, pero debería considerar que sólo contribuye a hacer mayores las diferencias prohibidas por el catolicismo. ¿Qué ocurriría entonces con los panistas alternativos?

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Estas alternancias y rarezas que son de las que llevaron a Ricardo Gallardo a la alcaldía son las que han generado que algo no funcione o se articule de manera adecuada entre diversas dependencias y la alcaldía; la muestra más notable ha sido la comunicación con el Instituto Nacional de Antropología e Historia y su delegado Juan Carlos Machinena. Primero fue el asunto de la sustitución de las baldosas de la Calzada de Guadalupe, y ahora el de las de la Plaza de Armas. No es al parecer un asunto de comunicación o cordialidad, es simple: un alcaldillo que pretende demostrar que hace lo que se le viene en gana sin necesidad de consultarlo o pedir autorización a alguien. Lamentable es en este caso, que fuera Horacio Sánchez Unzueta, y no la delegación del INAH la que pusiera el dedo en el desperfecto.

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Todos los anteriores son dichos escuchados en corrillos, mesas cafeteras o barras mezcaleras, y aunque pudieran parecer chismes es más que cierto que la percepción de la incapacidad gubernamental va en aumento. Mientras la sociedad civil de gran parte del país así como las autoridades estatales y municipales de diversos estados pusieron en marcha acciones encaminadas a apoyar a los damnificados por el sismo, en San Luis Potosí la tardanza fue notoria; apenas ayer por la tarde se puso en servicio un espacio destinado para tal fin. Definitivamente reflejo de lo que enfrentamos del diario; quedaron atrás los tiempos de rapidez, eficiencia y lucimiento; tomemos las cosas con la misma tranquilidad que nuestro gobernador, si no ¿qué dirían los Meade y el padre Peñalosa?