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El equipo de Carreras
23 julio, 2015

Transición

Óscar G. Chávez

L a noticia del día de ayer en la prensa potosina fue la presentación oficial de los recién conformados equipos de entrega y recepción en lo referente a la administración estatal. Es evidente que la nominación de los personajes a cuyo cargo correrán las actividades, se adecúan a las confianzas y necesidades del gobernador saliente y en funciones, y del gobernador electo y entrante.

Arriesgado es señalar de manera pública que la selección de los integrantes de los equipos de transición obedece a los intereses por encubrir la catastrófica situación que atraviesa la administración pública, sin embargo habrá quienes consideren que estos personajes realizarán las labores de maquillaje, más que para ambos gobiernos para mostrar a la opinión pública.

Nunca en administraciones anteriores, y concretamente las comprendidas hasta el sexenio de Fernando Silva Nieto, fueron evidentes este tipo de procesos, no es necesario recordar que la estafeta de las siguientes administraciones siempre recaían en el mismo partido. Discreción y sigilo fueron los sellos distintivos de todos los procesos recepcionales.

Valdría la pena recordar una excepción; a la conclusión del sexenio de Carlos Jonguitud Barrios, el estado financiero del estado era deplorable en toda la extensión de la palabra, por tal motivo el gobernador saliente hubo de pagar –a cuenta del estado, desde luego– una considerable cantidad por el encubrimiento contable del mismo. Fue el gobernador entrante, Florencio Salazar Martínez, quien hubo también de desembolsar una cantidad enteramente similar a la anterior, y por si había duda, también a cuenta del estado, para poder tener a la mano elementos que le permitieran conocer el verdadero panorama de las cuentas públicas.

Salvo el referido capítulo no se supo de algún otro movimiento que tuviera por objeto conocer verdades encubiertas durante algún sexenio saliente; era obvio, el canibalismo político dentro del Revolucionario Institucional no era práctica que se hiciera pública en los ámbitos locales.

Tocó a Fernando Silva Nieto ser el gobernador de transición que hizo entrega del cargo a un nuevo gobernador postulado por las filas de la oposición; y aunque el aspecto que guardaban la política y finanzas estatales eran del dominio público, no hubieran podido ser ocultas éstas últimas a la implacable capacidad escrutadora de Marcelo de los Santos; el mago de las finanzas que por varios periodos gubernamentales se ocupó de mostrar como presentables las cuentas de la ignominia estatal.

Entre las primeras acciones del nuevo gobierno se desató una campaña de persecución y encarcelamiento contra algunos de los colaboradores de primer nivel de Silva Nieto; de manera afortunada para el prestigio del contador, nadie creyó en la inocencia del ex gobernador y se aplaudieron las ejecuciones de las acciones de sanción que, como era previsible, nunca alcanzaron al ex titular del Ejecutivo.

El tránsito de los periodos de De los Santos al de Toranzo Fernández, no tuvo mayor impacto, acaso por haber sido el médico parte del gabinete del contador todo parecía en relativa calma y sin necesidad de mayores aspavientos. Fue hasta que habían transcurrido algunos meses de la gestión cuando –quizá como revancha a las acciones iniciales de su antecesor contra miembros del gabinete anterior– el gobernador Toranzo inició una serie de acciones judiciales encaminadas a llevar a la cárcel a titulares del gabinete del panista.

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Meses antes de las campañas electorales que culminaron en el proceso que llevó a Juan Manuel Carreras al triunfo y a mantener en manos del Revolucionario Institucional la gubernatura, se escuchó en constantes ocasiones la amenaza directa sobre el secretario de Finanzas, a quien se le recordaba que habían acabado en la cárcel sus antecesores sexenales; amenazas que de manera evidente habían emergido de la oposición partidista. Hoy esas voces nada dicen, y es evidente que nada se dirá en el partido triunfante.

Por fortuna, la mediocridad con la que Fernando Toranzo condujo su administración y la cantidad de dislates cometidos durante seis años, obligan a que muchos críticos de la misma observen de una manera puntual y minuciosa el proceso de entrega-recepción. Queda claro que no habrá observaciones por parte del recipiendario, como tampoco habrá críticas del transmisor, sin embargo las expectativas de quienes esperan cambios drásticos en el nuevo gobierno, no se tranquilizarán con la civilizada benevolencia de ambas partes; exigirán acciones con resultados.

Estos resultados es evidente que no se darán persiguiendo a funcionarios salientes, ni haciendo públicos los convenios secretos signados con empresas extranjeras, tampoco se hará pública la nube de corrupción nepote existente en torno a Toranzo y su familia; la interrogante es ¿cuáles serán las acciones que emprenda Carreras para desviar la atención de las presiones que se requerirán sobre el gobierno saliente?

Carreras al igual que su antecesor no es un personaje que destaque por hallarse revestido de un halo carismático o de energía vital, es más bien un personaje parco que se ha caracterizado por matizar críticas opositoras y evitar confrontarse en la medida de lo posible. Yerra mucho el que mucho habla y en ese sentido Carreras es mesurado en el uso del lenguaje.

Pareciera entonces que los artilugios de una retórica inflamada por el engole oficialista no serán los que logren desviar atenciones de las exigencias en contra del gobernador saliente; pudiera ser previsor en este sentido y concentrar su esfuerzos de lucimiento y distracción a la conformación de un gabinete de novedad en el que logre integrar una gran cantidad de intereses e ideologías dispersas.

Así el éxito inicial de Carreras, lejos de las campañas persecutorias que por razones obvias no se darán, pudiera estar apuntalado por un gabinete de lucimiento y unidad que permita la suma de personajes de distintas extracciones y posturas ideológicas, incluidos los del panismo reaccionario con los que coqueteó en diversas ocasiones, pero al que también incorpore a miembros de los sectores que le son afines dentro del ámbito potosino.

Ya mucho de su futuro gabinete lo dijo con la conformación de su equipo de recepción, integrado por su guardaespaldas en la secretaría de Educación y luego jefe de campaña; un experto en materia de desarrollo social; un ex tesorero que transitó por la Auditoría Superior de la Federación; y su secretario particular en Educación. Todo queda en familia; familia que alcanza también al gobernador saliente. Es más que evidente que la ropa sucia no llegará a ser expuesta en los balcones de palacio, toda ella –gracias a los equipos de transición– se lavará y ocultará en casa.