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Tropiezo tras tropiezo

Ignacio Betancourt

Escribir de algunas de las cosas que al país devastan no se sabe si pueda resultar ocioso por tanto reiterarlas, pero ante tan nefasta contundencia resulta harto difícil no señalarlas. Elegido por azar el tema, de nuevo nos conmueven las tan disparatadas maneras en que el gobierno mexicano tropieza y vuelve a tropezar en la tan errática conducción del México de hoy. Frente a problemas padecidos por décadas, sabiendo de antemano cómo solucionarlos, sólo se intentan las mismas maneras de no resolver lo que de tantas formas la realidad reclama. Frente a la corrupción urge el castigo de los infractores, pero sólo encontramos discursos anacrónicos y una enfermiza verborrea, que obviamente nada habrá de solucionar.

¿Pero, por qué entonces la necedad en los remedios más fallidos? ¿Por qué la multitud de soluciones que nada resuelven? Pues simple y llanamente porque ninguna reparación puede venir de quienes hoy depredan ¿Quién va a ponerse a castigar si todos son culpables? ¿Cómo un ladrón, dedicado de tiempo completo a robar, va a destinar algunas horas a ser honesto? ¿Cómo los criminales, con tanta muerte entre las manos, van a impedir un crimen más? Frente a diagnósticos tan evidentes, solamente el actuar ciudadano podrá poner remedio a tan severos estropicios.

Pensemos, por ejemplo, en el problema educativo. Ahora se sabe que muchos miles estudiantes expulsados de Estados Unidos deberán ser atendidos por el sistema educativo mexicano, pero además de discursos de bienvenida y promesas fallidas, nada se hace por fortalecer las instancias educativas. Dicho por los propios funcionarios, que la incorporación de migrantes pondrá en riesgo al sistema educativo nacional, sin embargo frente a diagnóstico tan ominoso nada concreto se hace. Resulta que sobre todo en los niveles medio y superior, las escuelas mexicanas tienen carencias de recursos económicos e instalaciones que les impiden atender satisfactoriamente a la propia población estudiantil con existencia previa a la llegada de Trump al gobierno estadunidense. Se calcula que llegarán al territorio nacional unos veinte mil estudiantes repatriados ¿qué va a ocurrir?

Ahora las autoridades del ramo hablan de impedir que la “tramitología” se vuelva un obstáculo para ingresar a los sistemas educativos del país, sin embargo, no tienen ni idea de qué tipo de procesos deberán establecerse para adecuar la documentación de los nuevos estudiantes. Obviamente no serán los discursos oficiales los que habrán de allanar tal desafío. Ya algunos hablan de incrementar la cantidad de profesores del idioma inglés, pero no se acierta en las maneras de lograrlo. Hablan de construir albergues y escuelas bilingües, pero hasta hoy no se sabe cómo podrán materializarse las soluciones a demandas tan urgentes. Nuevamente, no serán los discursos la solución.

Cuando la Secretaría de Educación Pública (en las ensangrentadas garras del sargento Nuño) reconoce que actualmente sólo cuatro de cada diez alumnos de quince años asisten a planteles bien equipados para el estudio de la ciencia, la pregunta inmediata es ¿qué hacer con el otro sesenta por ciento? Si seis de cada diez estudian en laboratorios que no tienen suficiente material ¿cómo atender a los miles de nuevos alumnos que la locura trumpiana empuja a México? Si a todo esto añadimos que nuestro país es uno de los que menor número de computadoras tiene por alumno, así como de los que menos equipos tiene conectados a Internet. Si las estadísticas indican que en México 40 por ciento de los jóvenes de 15 años esperan emplearse en una ocupación que requiera formación científica más avanzada que la que ofrece la educación obligatoria, pero la terca realidad nos dice al mismo tiempo que sólo 0.1 % puede acceder a ello ¿con qué cara la militarizada burocracia que comanda el sargento Nuño seguirá hablando de soluciones educativas?

Si a carencias materiales tan evidentes sumamos la actitud de los llamados señores del dinero (léase Consejo Coordinador Empresarial), desde donde empresarios como Juan Pablo Castañón consideran insuficientes los recortes gubernamentales al gasto público. Y si a lo anterior se agrega lo dicho por José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), quien destaca que los recortes afectarán rubros vinculados al desarrollo social como educación y salud, mientras que los recortes a la Sagarpa golpearán todo el contexto alimenticio, no queda más que darle la razón a los mexico-americanos que prefieren ir a Canadá en lugar de retornar al terruño, desgraciadamente aún en poder de quienes los empujaron a buscar mejores condiciones en otros países.

Cuando el principal enemigo de los mexicanos es su propio gobierno, algo se disloca en la verborrea presidencialista, y paradójicamente las mejores intenciones gubernamentales son aniquiladas por el propio comportamiento de quienes dicen reivindicarlas. Muy seguramente la próxima ocurrencia gubernamental consistirá en vestir a todos los jodidos (sólo algunas decenas de millones) de chinas poblanas y charros bigotones envueltos en bandera tricolores, pues la burocracia gubernamental supone que los llamados símbolos patrios son tan milagrosos que por sí solos desaparecerán desempleo, corrupción, pobreza educativa, salud desatendida, hambre, impunidad y todo lo demás. Esta presente realidad me hace recordar un magnífico cuento del escritor potosino Jorge Ferretis (1902-1962), en donde una mujer muy pobre le pide a un militar mexicano le regale la enseña nacional que será sustituida por una nueva bandera. El militar gustoso accede pensando que es una mujer patriota quien solicita el lábaro sustituido, ignora que la buena señora utilizará el trozo de tela en fabricar vestidos para toda su familia que carece de ropa suficiente.

Del poeta madrileño Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) va la primera octava y las dos últimas de su poema titulado precisamente Octavas, estrofas que parecieran (premonitoriamente) dedicadas a algún destacado miembro de la actual clase política mexicana: A ti, postema de la humana vida,/ afrenta de la infamia y de la afrenta,/ peste de la verdad introducida,/ conciencia desechada de una venta,/ alma descomulgada, entretenida/ en dar a Satanás almas en renta,/ judísimo malsín Escariote,/ de tantos desatinos Don Quijote. (…) El alma renegada de tu agüelo/ salga de los infiernos con un grillo,/ con la descomulgada greña y pelo/ que cubrió tan cornudo colodrillo;/ y pues que por hereje contra el cielo/ fue en el brasero chicharrón cuquillo,/ venga ahora el calzón más afrentado/ de ser tu agüelo que de ser quemado.// Atiende, que no es misa lo que digo,/ ni son tus embelecos e invenciones;/ vuélvome a mi cantar, falso testigo,/ y en tus dos ojos cuatro mil sayones;/ perro, que con decir verdad te desobligo,/ recibe la verdad de tus traiciones/ con la benignidad que urdirlas sueles/ al noble que lo infamas si le hueles.