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Trump: regalo navideño

¿Hasta la vista, TLCAN?
EPN: ¿firmó y cumplió?

Carlos Fernández-Vega

Toda apunta a que el salvaje de la Casa Blanca tiene toda la intención de adelantar el regalo navideño al gobierno peñanietista, porque, en palabras del jefe de negociadores mexicanos en materia de TLCAN, Kenneth Smith Ramos, ante las versiones de que Estados Unidos anunciará su salida de dicho mecanismo comercial, México “estará imposibilitado” de continuar con las rondas trilaterales.

Si bien Smith Ramos ha sido el más claro de todo el equipo nacional a la hora de ponderar pros y contras de las negociaciones, y desde el inicio de las conversaciones dijo que el país debería prepararse ante la eventualidad de un escenario sin TLCAN, ahora prácticamente adelanta la decisión de Donald Trump, la cual, a final de cuentas, no sería novedosa, toda vez que desde los tiempos de su campaña electoral se pronunció en tal sentido y a lo largo de ella no quitó el dedo del renglón.

Así, el fin del tratado comercial estaría a la vuelta de la esquina y no sorprendería a nadie, salvo al gobierno de Enrique Peña Nieto, especialmente en los casos de Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo, fieles creyentes de su propia novela rosa, aquella que las amenazas de campaña eran simple estrategia electoral y que Trump es amigo y socio de México.

Smith Ramos señaló que el gobierno estadunidense invocaría el artículo 2205 del TLCAN (“una de las partes podrá denunciar este tratado seis meses después de notificar por escrito a las otras partes su intención de hacerlo; cuando una parte lo haya denunciado, el tratado permanecerá en vigor para las otras partes”) y ante tal circunstancia “hemos mandado una señal clara de que al entrar en vigor ese apartado el diálogo tendría que suspenderse” (La Jornada, Miriam Posada).

En vía de mientras, el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) advierte que la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos “se tradujo en modificaciones a la estrategia de política económica de la primera potencia del orbe. El fin del TPP, la renegociación del TLCAN y la reforma fiscal representan tres elementos que afectarán a la economía mexicana”.

En este sentido, el esquema de apertura y de política económica implementado por México desde los años 80 y 90 del siglo pasado ya no es funcional para el nuevo marco institucional que se está configurando en el mundo y en América del Norte, particularmente porque el gobierno estadunidense busca privilegiar lo que considera estratégico para su crecimiento: recapturar la manufactura y la inversión productiva para fortalecer lo “hecho en Estados Unidos”.

Independientemente de si ello es factible o no, “México debe reconsiderar la estructura de su política económica: los flujos de inversión extranjera se van a moderar y la relación comercial con Estados Unidos tendrá un nuevo marco legal, ya sea bajo un nuevo acuerdo o con el fin del TLCAN y la entrada en vigor de las reglas de la Organización Mundial de Comercio. Al mismo tiempo, México debe superar los retos internos: bajo crecimiento, pobreza, precarización del mercado laboral y elevada mortandad de las empresas, por citar sólo algunos de los más relevantes”.

El IDIC considera inaplazable que el gobierno pase “del paradigma del estancamiento estabilizador a la obsesión por el crecimiento económico”, y éste debe ser, como promedio, no menor a 5 por ciento durante al menos los próximos 20 años. “Sin lugar a duda, es prioritario lograrlo sin mayores presiones inflacionarias y libre de endeudamiento público. La solución para lo primero es la productividad y para la segunda una reforma de la hacienda pública que no se recargue en mayores impuestos para la sociedad y priorice eficacia, transparencia y eliminación de la corrupción en el ejercicio del gasto público”.

Entre los puntos que destaca como vía necesaria para que el país salga del estancamiento, el IDIC propone además incrementar la inversión productiva nacional, tanto pública como privada. La inversión extranjera seguirá siendo un complemento relevante, pero es evidente que no puede sustituir a la nacional, especialmente por los cambios instrumentados en Estados Unidos.

La inversión productiva privada y pública debe superar la tasa promedio de 3 por ciento que ha exhibido en los últimos 23 años. Debe incrementarse a tasas de 10 por ciento en términos reales hasta representar 35 por ciento del PIB, el parámetro de los países asiáticos, que son los principales competidores industriales de nuestro país.

El alivio de la pobreza y el desequilibrio social que representa no puede obtenerse por medio del gasto público. La solución real sólo puede obtenerse por medio del crecimiento económico y la creación de empleo formal. “Para lograrlo se debe crear el entorno económico propicio para el desarrollo sostenible de las empresas en México, las únicas capaces de generar empleo formal remunerado en todo el país”.

Además, el valor agregado del gasto público en México, en sus tres niveles de gobierno, debe pasar de 0.2 por ciento (entre 2004 y 2016) a 4 por ciento. Ello genera un punto porcentual adicional al PIB. “Para ello se debe incrementar el nivel de inversión pública y elevar el contenido nacional de compras, gasto e inversión de gobierno. Sin cambio de paradigma en la política fiscal, México no podrá crecer más”.

El gobierno mexicano debe trascender “la apertura económica improductiva” y esforzarse en la “construcción de encadenamientos productivos e industrialización. México avanzó en la apertura comercial, pero no en la industrialización y en la integración productiva interna, regional y mundial, omisión que ha mermado su capacidad para transformarse en una nación altamente productiva y competitiva. Debe elevarse el contenido nacional de las exportaciones de 30 por ciento a por lo menos 50 por ciento”.

Las rebanadas del pastel

Los aliados naturales del inquilino de Los Pinos se han puesto bravos. Gustavo de Hoyos, presidente de la Coparmex, reclama públicamente a EPN, pues 60 por ciento de sus promesas ante notario (“te lo firmo y te lo cumplo”) en tiempos de la campaña electoral “no han sido honradas en los hechos”, y los “pendientes” van “de obras críticas de infraestructura o conectividad a recuperar la seguridad en las ciudades que registran niveles sin precedentes de violencia”. Entonces, “necesitamos funcionarios de tiempo completo, que dejen la política electoral a los partidos y candidatos, o en congruencia dejen ya su cargo”. ¡Zas!

Twitter: @cafevega

D.R. [email protected]

 

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