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Tú, y tu compañero

Luis Ricardo Guerrero Romero

J akin suele aventurarse conmigo a la voz kantiana de: Sapere aude, no importa si nos juntamos para beber licores, leer un libro, conquistar a la mujer que siempre amé, él y su atrevido carácter asisten al encuentro, es muy elemental tener a un compañero de viaje, es bastante saludable, necesario y gradual. Eso somos Jakin y yo, compañeros. Aunque cada uno tiene sus propios compromisos siempre buscamos el momento para compartir.

Hemos sabido de muchas otras personas que se han construido por medio de sus esfuerzos, pero también por la invaluable ayuda de alguien que esté allí junto de ellos, desde los personajes heroicos como: Batman y Robin, Timón y Pumba, Lilo y Stitch; Viruta y Capulina; Quijote y Sancho. Estos y más, son paladinamente ejemplos de compañerismo, sin dejar atrás a los compañeros de clase con los que hemos tenido el agrado de convivir en esas horas cálidas de recreo, en donde más de una vez nos compartimos el lonche y descansábamos, mientras sabíamos de nuestras vidas. Hoy es sencillo entender que precisamente el ejercicio de compañero, así de modo llano, es comer junto con otro y descansar. De la idea de comer y descansar con alguien más, se generó compañero. Mas no hay que atentar contra la inteligencia, pues es alegórico el sentido de comer, es decir, puede ser un higo el que se comparta como Adán y Eva, puede ser una bebida, según la tradición del encriptado Parsifal. Incluso el saber mismo. En el latín la enunciación de compañero y socio se dice: comes, y esta palabra tiene su derivación de comedo, comer, en suma con el sustantivo latino: pascer, pastar en el campo, producen compascer (léase: compa[tʃ]er, compascher) > compaɲer> compañero. Podemos ubicar con mayor facilidad esta palabra al recordar que, los soldados romanos quienes se procuraban en el viaje, comían juntos obviamente no en una mesa, sino en el pasto en recesos durante el trayecto. Es decir, nuestra palabra compañero no indica con y pan más el sufijo ero, sino comer y descansar (pacer), más el sufijo ero.

No muy lejano a esto se encuentra la palabra en inglés: compeer, la cual se distingue de otras traducciones de compañero debido a que ésta indica hablar entre iguales, amigos, mirarse junto a otro, sería una división muy sencilla de compeer, pero también muy ubuntu. Quizá y sólo quizá, hayan sido nuestros paisanos quienes trajeron el famoso “compa o compi” para hablarse de amigos unos a otros debido a la enunciación de la ya citada palabra gringa; o probablemente esta expresión sea únicamente el apócope de compañero.

Debido al uso, esta palabra puede ser empelada en tantas cosas como según la imaginación dé, dejando a un lado la intimidad de lo que significa ser compañero, hoy escuchamos en las zapaterías al medirnos el calzado, la pregunta de la vendedora: – le quedó bien, ¿le presto al compañero? O bien, –se acabó el sirope para acompañar mis hot cakes. Compañero, una palabra que se lleva bien con todos.