Abismo entre política de AMLO y confrontaciones en Morena SLP
14 febrero, 2019
Duendes en el Conacyt
14 febrero, 2019

Un mensaje claro de Conacyt: No los escucharemos

Chessil Dohvehnain

Durante el último debate presidencial rumbo a las elecciones, donde los candidatos hablaron sobre sus ridículas propuestas sobre ciencia y tecnología e innovación, tanto Ricardo Anaya como El Bronco, Meade y López Obrador demostraron que en torno a esa dimensión de nuestra sociedad, sin duda eran unos idiotas. O al menos lo eran sus asesores de campaña. Y aunque al ganar Obrador y reafirmar a su gabinete se pensó que el asunto tomaría otro rumbo, la polémica actual de Conacyt dice todo lo contrario.

La polémica del reciente nombramiento de David Ledesma para subdirector de comunicación e información estratégica de Conacyt, con una licenciatura apenas en curso y con una trayectoria literaria quizá reconocida pero de talento dudoso, hizo explotar el sentir de comunidades estudiantiles de ciencias y de investigadores consolidados.

El problema no es su identidad de género u orientación sexual, como recientemente ha revelado la diputada Dolores Padierna en una entrevista que circula en redes sociales. El problema es que, con los datos curriculares del chico que el mismo Conacyt hizo públicos en un comunicado ridículamente oficial, el Consejo supone que las críticas hacia Ledesma son por su aspecto físico o identidad.

Es evidente que Dolores Padierna no se informa, sino además que el Conacyt tampoco entiende que las críticas e improperios contra el nombramiento del chico son por su explícita falta de experiencia en asuntos de difusión y divulgación científica, así como una extrañamente nula formación científica de acuerdo con información de medios diversos, además de una breve y sospechosa carrera política con aliados del nuevo régimen.

En mi experiencia reciente con muchos investigadores del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (Ipicyt), o en El Colegio de San Luis (Colsan) y la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) como periodista de ciencia el último año, se me permitió conocer que existen muchas mujeres y hombres jóvenes, y otros no tanto, con gran talento literario y artístico que compaginan bien su pasión con el desempeño científico.

Y la existencia de ese talento de seguro no es algo que pase desapercibido para mucha gente en Conacyt. La pregunta es entonces ¿por qué eligieron a Ledesma en lugar de hacer pública una convocatoria? ¿Qué clase de méritos tuvo?

El gran error de su nombramiento quizá consiste en que nos mandan un mensaje muy claro a todos los que estudiamos alguna ciencia o disciplina afín, incluso a todos los profesionistas del país: que no importa si nos esforzamos duro, o si nos especializamos, ya que lo que la nueva administración tomará en cuenta es nuestra alianza ideológica al nuevo régimen, para obtener una oportunidad laboral.

La presencia de la modista en un puesto clave en la Comisión Intersecretarial de Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM) es otro gran error. Pero aunque López Obrador dijo que si la información era verídica ella sería cesada de su puesto, hay algo en su declaración que es aún más preocupante.

Según López Obrador en conferencia, de acuerdo a lo recogido por la redacción de la revista Proceso, “ya no hay modistas, modistos, maquillistas, ya no hay esas exquisiteces, esos lujos, ya se terminó, esto es otro gobierno, pero qué bueno que todo esté saliendo para que así nadie abuse.” El problema con este enunciado es que nos da a entender que el presidente cree que la presencia de Edith Arrieta Meza, la modista, era para brindar alguna clase de servicio estético privilegiado al personal. Lo cual nos dice algunas cosas.

Primero, que de ser eso lo que en verdad quiso decir, es claro que López Obrador no tiene ni la más remota idea de lo que está pasando en el sector ciencia ni en Conacyt. No se ha pronunciado al respecto de los dos problemas, el de Ledesma y el de Meza (entre muchos otros que están afectando al sector ciencia) hasta el 13 de febrero, y que hay nula comunicación efectiva entre el presidente y las polémicas en esa dimensión tan importante para nuestro país.

Segundo, de ser verdad la hipótesis de la nula comunicación efectiva, la nueva dirección de Conacyt está tratando de imponer sin explicación alguna, salvo por ridículos comunicados fuera de lugar, sus intereses sin consultar a la comunidad científica nacional como prometió que haría. Un asunto que se interpola con el proceder de los alineados ideológicos al partido como es ejemplo la propuesta en el Senado en días recientes de una nueva ley de ciencia que pretende sustituir la versión actual. Sin embargo, dicha propuesta no se puso a debate ni consulta pública entre la comunidad científica, la cual reaccionó con preocupación.

Y en tercer lugar tenemos la posibilidad de que a López Obrador no le interese en lo absoluto incentivar la ciencia y la tecnología en el país o que ya no sea su prioridad, aunque diga lo contrario. Cierto es que solo van unos meses de su proyecto, y que ha enfrentado grandes problemas por la ejecución de planes mal estructurados como lo demostró el combate al huachicol. Y que aún estamos lejos de poder ver resultados concretos de lo que apenas está empezando. Pero eso no es motivo para no decir nada.

Hay preocupación. El presidente está aferrado a que primero hay que concentrar capital en programas sociales que le den seguridad a la gente, alimento y bienestar en el corto plazo, mientras se combate a la corrupción institucional y privada para ahorrar dinero que después se podría invertir en otros asuntos. Sin embargo el programa de becas para jóvenes que no estudian ni trabajan tiene malas proyecciones estadísticas, y el robo de hidrocarburos demostró ser un problema demasiado complicado de sobrellevar, entre otras dudas de aquellos que saben.

Si la situación de interés no cambia, o no da luz de esperanza para cientos de jóvenes científicos, investigadores consolidados, estudiantes y profesionistas, sin duda el abandono del sector ciencia (y cultura por supuesto), será la base del ataúd del proyecto político de López Obrador. Porque parece que no entiende que esto es el siglo XXI y que sin inversión en ciencia y tecnología (contando a las ciencias sociales y humanidades, por supuesto), el país podría perder mucho.

Es como si se buscara destruir la investigación científica en México, en palabras de amigos y publicaciones de jóvenes investigadores en las redes de ciencia y tecnología. Las palabras de las autoridades dicen lo contrario, pero los hechos dicen otra cosa. Y sé que suena a ciencia ficción, pero los recortes presupuestales a centros de investigación, la amenaza de desaparecer el programa de Cátedras Conacyt son una realidad, y la posibilidad de eliminar becas para estudios de posgrado en el extranjero estaba en revisión, según dijo la nueva dirección a El Universal hace unos días.

Sin duda, también existe la posibilidad de que Ledesma sea removido de su cargo como lo fue Edith Meza, dependiendo de la presión social, aunque de igual manera cabe la posibilidad de que se quede. Pero las consecuencias de la primera posibilidad son positivas y mandarían un mensaje alentador para la ciencia, aunque fuera efímero. Porque las consecuencias de la segunda posibilidad serían negativas: la materialización de la segunda posibilidad demostraría que Conacyt, y la nueva política de ciencia que parece tender al absurdo nacionalista, no estarán dispuestos a escuchar.