Trump vs la democracia
20 enero, 2017
Iniciativa terminal
20 enero, 2017

Un país encabronado

Ignacio Betancourt

Hoy ocurre en el país algo nuevo: el reconocimiento de los ciudadanos entre sí. De pronto el humillado descubre a otro humillado y sin distinción de colores de piel o de condición social muchos aprenden que la solidaridad no es simplemente encontrarse con el otro, sino aceptarlo y respetarlo porque es igual a uno mismo. Bajo un mismo mal ser víctima es ser igual a otra víctima. Recuerdo cierta reunión en que un grupo de mujeres de Ciudad Juárez rechazaron para ellas el término “víctimas”, ya no queremos ser llamadas así, dijeron, pues hoy somos mujeres encabronadas. Ahora nos llamamos “Las encabronadas”. Y lo extraordinario de este momento terrible es que un país de víctimas se convierte cada día en un país encabronado. Y es verdad “que a cada capillita se le llega su fiestecita”. Hoy multitudes dicen ¡Basta! (aún sin pronunciar el término). Cuando millones de personas honestas son empujadas a la  miseria económica por un reducido grupo de funcionarios ladrones e ineptos (a quienes ningún calificativo logra definir cabalmente) se ha roto un límite, algo ha sobrepasado el proverbial aguante de los mexicanos para soportar abusos gubernamentales y en las calles del país brotan como inusitados bosques multitudes de hombres y mujeres de todas las edades haciendo escuchar sus voces como un viento que sacude los ramajes por todo el país. Ya estuvo bueno, parecen decir hasta las paredes, los ofendidos se cansaron de soportar en silencio los despojos y las equivocaciones de quienes viviendo del  dinero público sólo se dedican a ultrajar poblaciones y a negar toda justicia a multitud de mexicanos.

Qué decir de un poder federal que mantiene en pobreza a 55 millones 300 mil mexicanos, de los cuales, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), once millones 400 mil sufren pobreza extrema, mientras casi cuarenta millones se encuentran como “vulnerables” por carencias sociales o escaso ingreso. Si sumamos a estos datos escalofriantes los recortes al gasto social que el gobierno y su Congreso implementa desde la más soberana impunidad, la cosa para las mayorías de este país se pone de la chingada si no se logra responder organizadamente. Para el programa al Fomento a la Economía Social de Jornaleros Agrícolas y de Coinversión Social, por ejemplo, de un año para otro el gobierno federal decidió disminuir en 950 millones de pesos el respaldo económico, al mismo tiempo que los programas destinados a jóvenes fueron reducidos a la mitad o como el de Comedores Comunitarios que disminuyó en noventa millones. En Chiapas la Sedesol funcionará con 25 millones menos que el pasado año, en tanto el recorte para la Secretaría de Salud fue de 10 mil 300 millones de pesos. Para este año a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas le redujeron seis mil cien millones de pesos a su presupuesto. Y para no volver eterna la interminable lista de agravios termino diciendo que a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano le serán recortados nueve mil 300 millones de pesos. Puro castigo al gasto público mientras los ex gobernadores prófugos se roban miles de millones sin que el llamado presidente de la República haga algo por detenerlos (salvo proferir ríos de televisiva demagogia). ¿Quién puede soportar tanta desvergüenza gubernamental, día tras día a mañana, tarde y noche? Hasta el más paciente burro lanzaría coces.

Pero aún hay quienes apuestan a resolver tan graves problemas, todos por cierto susceptibles de resolverse racionalmente, a base de balazos y macanas, de represión y cárcel para quienes se atreven a decir en plena plaza y a todo pulmón: ¡ya párenle, jijos del maíz tostado! Cuando el gobierno debiera estar fortaleciendo el mercado interno y creando empleos y aumentando salarios y castigando todo tipo de delincuencia, más bien se afana en militarizar el país e inundarlo de leyes que castigan el reclamo social como si fuera terrorismo. Cuando los verdaderos terroristas son quienes gobiernan resulta insoslayable la participación ciudadana organizada, pues si eso no ocurriese lo que en seguida viene es la miseria en proporciones inimaginables y la cárcel para muchísimos, y por supuesto, la más feliz impunidad para funcionarios ineptos y corruptos de toda laya y lugar. A propósito de funcionarios ineptos pensemos en el secretario de Cultura en el estado, don Armando Herrera, quien se la pasa viajando a costillas de nuestros impuestos con el lamentable pretexto de intentar conseguir presupuesto para las actividades culturales promovidas por el gobierno del señor Carreras, y al mismo tiempo nadando de a muertito frente a problemas tan serios como los que agobian al Centro Estatal de las Artes, a la Orquesta Sinfónica del Estado, a las casas de cultura de los barrios, a la multitud de despidos injustificados y al mismo tiempo a la creación de inútiles y costosas nuevas instancias burocráticas para los amigos de don Armando Herrera y para los recomendados de sus patrones gubernamentales, o los que significan la abundancia y la ineficacia de muchos compulsivos cobradores de quincenas en tan lamentable secretaría. Hay muchos ciudadanos que no olvidan el trato que dio a los grupos independientes que intentaron salvar del naufragio al Centro Cultural Mariano Jiménez, a quienes recurriendo a grupos de golpeadores auspiciados por el propio gobierno impidió concretar las vitales propuestas que la ciudadanía propuso el pasado año. El asunto no ha finiquitado y en cualquier momento el Colectivo “Es hora de hacernos agua” y algunos más volverán a sumarse a la multitud de ofendidos por la torpeza y la impunidad de la actual Secretaría de Cultura.

Del poeta Otto René Castillo, Guatemala (1936-1967) el poema titulado Intelectuales apolíticos:  Un día,/ los intelectuales/ apolíticos/ de mi país/ serán interrogados/ por el hombre/ sencillo/ de nuestro pueblo.// Se les preguntará,/ sobre lo que hicieron,/ cuando/ la Patria se apagaba/ lentamente,/ como una hoguera dulce,/ pequeña y sola.// No serán interrogados/ sobre sus trajes,/ ni sobre sus largas/ siestas/ después de la merienda,/ tampoco sobre sus estériles/ combates con la nada,/ ni sobre su ontológica/ manera/ de llegar a las  monedas.// No se les interrogará/ ,/sobre la mitología griega,/ ni sobre el asco/ que sintieron de sí,/ cuando alguien, en su fondo,/ se disponía a morir cobardemente.// Nada se les preguntará/ sobre sus justificaciones/ absurdas,/ crecidas a la sombra/ de una mentira rotunda./ Ese día vendrán/ los hombres sencillos./ Los que nunca cupieron/ en los libros y versos/ de los intelectuales apolíticos,/ pero que llegaban todos los días a dejarles la leche y el pan,/ los huevos y las tortillas,/ los que les cosían la ropa,/ los que les manejaban los carros,/ les cuidaban sus perros y jardines,/ y trabajaban para ellos,/ y preguntarán,/ ¿Qué hicisteis cuando los pobres/ sufrían y se quemaban en ellos,/ gravemente, la ternura y la vida?// Intelectuales apolíticos de mi dulce país,/ no podréis responder nada./ Os devorará un buitre de silencio/ las entrañas./ Os roerá el alma/ vuestra propia miseria./ Y callaréis,/ avergonzados de vosotros.