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Un tóxico cuerpo

Luis Ricardo Guerrero Romero

Por fin se logró, antes de que termine 2015 estamos en contacto visual con lo tóxico sin estar amenazados de muerte, puesto que a continuación se externan infectas oraciones en este texto santuario de la muerte, tóxico desde el título y curativo desde la mítica exposición que nos ocupa.

En el año 2005 el poeta venezolano Leonardo Padrón legó a la historia de la poesía un texto tóxico, nos referimos a su poemario El amor tóxico, el cual como es característico de la pluma de Padrón, está cargado del recurso irónico, llevado muy bien de inicio a fin, saeta fatal. Quizá estas líneas tóxicas como muchas más que usan la ironía para expresar un tema sean más directas que una flecha envenenada. Válganos la expresión para comenzar a desordenar la palabra: tóxico, la cual podemos encontrarla en el vocabulario bélico de los helenos en donde  τοξικος (toxicós) es la expresión con la cual se le denominó al arco y las flechas, es decir al arte de manejar el arco, debido a que –tal como los prehispánicos lo hicieron–, el método para matar al enemigo o presa era por medio de lanzas y/o flechas envenenadas, las cuales además de herir al objetivo lo intoxicaban, una suerte de septicemia muy a la antigua, que como tal dañaba el torrente sanguíneo a través de sus toxinas, el veneno aplicado a las puntas hería corporal e intravenosamente al enemigo, causándole una muerte más inmediata. Ser lacerado por una flecha era evidentemente tóxico, es decir letal. En latín venenum, es droga, lo cual es designado como tósigo, palabra de similitud semántica con tóxico, y vemos también  que el latín toxicon sólo refiere a veneno, entonces antes de pensar en un brebaje o pócima tóxica, nuestra palabra nos lleva a pensar en el intoxicador por antonomasia, un centauro, (Κενταυροι) ya en el inicio de esta palabra, hipotéticamente el lexema heleno: κεντεω (centeo), expresa la acción de fustigar o clavar, esto puede ser desde un aguijón hasta una flecha, utensilio guerrero del centauro, y qué mejor icono de estos que el mítico centauro Quirón, quien es descrito como aquel que hiere y sana (herido por su destino mitad hombre mitad caballo y sanador por su progenitores, su madre Tila despreciándolo le dio el arte de curar, a quien también le debemos el nombre de la planta con propiedades curativas), pues sus poderes curativos sólo son útiles para los otros pero no para él. En suma a lo anterior brevemente dicho, la figura de Quirón es asociada con una las cartas natales, la cual nos dice que en nuestro proceso de infancia hemos sido dañados por algo y que luego poco a poco subsanamos ese mal, entre otras cosas. A deste personaje se relaciona de modo lineal con la constelación de Sagitario, ya que, tras haber otorgado sus poderes a Prometeo, para luego morir, Zeus lo enaltece colocándolo en el espacio como el arquero. Aunque la historia de Quirón es contraria al ser tóxico, recuperamos la importancia de mostrar que en su arco y flecha estaban la facultad de herir, y que así como un arco se tensa para proyectar una saeta, así la vida del hombre es tensada para llegar a una meta.

En un plano de salud mental, se puede hablar del síndrome Quirón, el cual se distingue en la persona que busca hacer el bien aun a pesar de que éste se abandone a la muerte, pero esta idea es un supuesto, como lo es la astrología kármica –para algunos–, de la cual se habló en las cartas natales. Lo que no es un supuesto es que, lo tóxico en el mejor de los casos es emético, por ejemplo, cuando después de una larga embriaguez resultamos intoxicados y una tensión como de arco, nos obliga a trasbocar.