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Una dosis de realismo

capital

Hay varias formas de observar, interpretar y explicar los fenómenos políticos. A esas diversas formas de observación y explicación se les conocen como enfoques. Como si fueran diversos lentes del sol que se prueba el observador, con distintos filtros y tonalidades, tales enfoques nos permiten observar los hechos políticos de una forma u otra, de una tonalidad u otra. En este sentido las complejidades de las relaciones humanas y de la lucha por el poder y sus consecuencias, distan de ser muchas de las veces acciones o comportamientos que pueden juzgarse y explicarse de manera categórica, es decir, más allá de negro o blanco, estas complejas interacciones humanas pueden tener una “escala de grises”, y diferentes matices según el enfoque teórico que se utilice para darles una interpretación.

Pues bien, hoy utilizaré este espacio para hablar del realismo político. Este es uno de los muchos enfoques que pueden ayudarnos a interpretar nuestra complicada realidad política en nuestro país y comunidad local. Y la premisa principal de cualquier óptica que utilice al realismo político como su teoría explicativa principal es simple y se reduce en el siguiente axioma: “el mundo es lo que es, y no lo que nos gustaría que fuera, como tal, debe describirse y explicarse como es”. Y si bien este argumento puede sonar duro y algo amargado, entre otros enfoques más alentadores como el constructivismo o el propio idealismo, al observar los hechos políticos en nuestra localidad y país, es fácil darse cuenta y quizá desalentarse de que las cosas distan de ser ideales o románticas. Más bien la observación y los datos arrojan una cruda realidad de desaliento que implica serias consecuencias.

Hace pocos días una encuesta mundial del Ipsos  MORI Social Research Institute, titulada como: “Perils of Perception 2015 Perceptions are not reality: what the world gets wrong” que al español se traduce como: “Los Peligros de la Percepción 2015 Las Percepciones no son la realidad: en que se equivoca el mundo[1]”, reveló en sus resultados que México es según el sondeo de este estudio, el país más ignorante del mundo, después le siguen: india, Brasil y Perú. Hay que tener con claridad el dato de que esta encuesta solo se realizó en 33 países, por lo que es impreciso decir que se estudió “el mundo” y todos sus países como tal.

Sin embargo, a pesar del truco de nombre de esta encuesta de 33 países, los resultados si deben preocupar, sobre todo a quiénes toman decisiones públicas en este país. Pues este estudio se encarga de revelar que tanto saben las personas acerca de ciertos datos concretos que emergen en el país; por ejemplo, se preguntaba a la gente encuestada qué porcentaje de mujeres participaban en la política del país, o cual era la edad promedio de los habitantes del país. Estos detalles para muchos son una total curiosidad irrelevante. Y sin embargo son detalles importantes que revelan que tanto un ciudadano conoce la realidad de su entorno público.

En este sentido, tal estudio demuestra que la ignorancia no solo se da con base en un mayor o menor nivel educativo, sino que a pesar del nivel de instrucción escolar de una persona en una sociedad, éste individuo puede ignorar detalles relevantes sobre su entorno y sus semejantes. Ya que no tiene incentivos para indagarlos y conocer más allá de su área de instrucción o meras preferencias o gustos individuales.

Pues bien, los resultados de la encuesta reflejan que en México existe un ciudadano que ignora detalles básicos de lo público. Por tanto es fácil inferir que será apático ante temas políticos o de interés común. La intensidad de las preferencias de nuestros ciudadanos siempre gustará más de ir al cine si se puede pagar, o ver la televisión, o un partido de futbol, antes que interesarse por un debate político o una marcha que implique un tema de demanda social y política. Las causas de esta situación sugieren que el origen de esta ignorancia está en la tremenda desigualdad económica de nuestro país, y en la concentración de poder e influencia en los procesos políticos y democráticos de los grupos de interés que se constituyen como poderes fácticos.

Tales poderes que corrompen las estructuras institucionales en México, y los partidos políticos y sus élites que se coluden con estos poderes y generan clientelas políticas, son los responsables de que no se diseñen políticas públicas, que redistribuyan la riqueza de una mejor manera, y por tanto combatan la desigualdad social, la pobreza y sus consecuencias. A su vez, impiden la generación de políticas educativas que se centren en los contenidos de lo que se enseña y en la formación cívica y crítica del estudiante, en vez de políticas de evaluación con fines de control administrativo y político por parte del Gobierno Federal. Se prefiere sostener el lema vacuo y torpe de que “se enseñe mejor”, pero nunca se tratan los contenidos que se enseñan y cómo se enseñan, y si el alumno en verdad aprende de una mejor manera.

En pocas palabras, y en el sentido conceptual “súbdito”- “ciudadano” que propusieron hace cincuenta y dos años, los politólogos estadounidenses: Gabriel Almond y Sidney Verba, nuestras políticas educativas federales y locales, han servido para formar “súbditos” y no “ciudadanos”. Los súbditos son personas apáticas y ajenas a los temas públicos, a los asuntos que delega al gobierno cada tres años en tiempos electorales y al que no le importa si este da resultados o no. Hay en México y en SLP pocos espectadores de la política y aun más pocos que se atrevan a jugar en la política o participar en ella. Además, como la riqueza se distribuye tan mal y el mexicano tiene que trabajar para comer y vivir, muchas horas más que en otros países donde se trabajan menos horas pero con mayor productividad, pues hay en esta “esclavitud” laboral moderna, que se da en la industria y en los servicios, pocas, muy pocas ganas de esos seres humanos que trabajan de sol a sol, para interesarse en política y en sus consecuencias. Con justa razón las personas, la mayoría jóvenes, que chambean y se parten el lomo tantas horas, prefieren distraerse con la TV, el partido y la novela, que informarse por lo que dijo o piensa hacer el gandul gobernante en turno con los impuestos que le llegan.

Lo anterior es una visión realista de lo público y del poco interés del mexicano ante ello. Esto es una tragedia latente que poco puede cambiar hasta que una crisis económica muy grave ocurra, u otra coyuntura con un fuerte liderazgo político movilice a parte de la población para conseguir un cambio de rumbo distinto al de los últimos 30 años en el país. Incluso las tragedias que nos llenan de indignación como Ayotzinapa y Tlatlaya por la cruda violencia y colusión de las autoridades, o el escándalo de la casa blanca donde luego se silencia a los periodistas que investigaron el caso y lo dieron a conocer, no bastan para hacer reaccionar a la gente y movilizarlos para exigir el combate a los círculos de corrupción política e impunidad. Además en estos casos las organizaciones que surgen de la indignación se desgastan y hay una falta atroz de empatía de muchos mexicanos ante la tragedia.

La realidad golpea como estos vientos fríos de diciembre. Y a muchos de los que estudiamos lo político y lo social, nos hiela la sangre al darnos cuenta de ello. Nuestra labor es explicar la realidad como es. Algunos colegas se desencantan y se vuelven estoicos, ahí se quedan. Sin embargo parte de nuestra función también es proponer desde la Ciencia social y política, esquemas y arreglos a estos panoramas difíciles de la realidad, para que nuestra labor sea útil. Se puede hacer ya mucho denunciando las cosas como son, y organizándonos con los que puedan y quieran organizarse para incidir en la sociedad de forma crítica y se construyan otras formas de hacer las cosas.

Por último, solo me resta decir: se que estas líneas de forma irónica pueden ser víctimas del realismo político del que aquí parlo. Quizá a muy pocos les importe este espacio que trata de lo público, y muchos menos me lean con ganas o interés profundos. Así que solo espero que quien pose sus ojos en estas letras, luego de lo que leyó, al menos reflexione y pueda interesarse por participar en lo público, uno o una más siempre será ganancia y motivo para no darse por vencido ante la negrura del abismo.

[1] Véase el estudio completo en inglés, puede ayudarse del traductor: https://www.ipsos-mori.com/researchpublications/researcharchive/3664/Perils-of-Perception-2015.aspx

Hector Alonso Vázquez
Hector Alonso Vázquez
Politólogo por la UCEM; Candidato a Maestro en Asuntos Politicos y Políticas Públicas, por el COLSAN.