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Vámonos de la escuela

Luis Ricardo Guerrero Romero

Entró al salón, pero antes de que ella pisara el aula, ya su aroma dulce, sutil e imponente había llegado a los sentidos de todos los varones allí presentes. Su nombre: Nuvia Mer Rostro. Al llegar a tomar asiento no hubo individuo que no se quedara desconcertado por su temple, su carácter y su presencia. Fue algo así como una escena de película cuando Nuvia se posicionó en el salón de aquella escuela. Como es de obviarse, el primer día de clases es de conocerse y los chicos más interesados por ella rápidamente se acercaron hacia Nuvia con pretextos tontos o chistes amables para causarle una sonrisa. La sonrisa de Nuvia es la esencia de toda belleza. Por eso los jóvenes procuraban hacerla reír.

A las pocas semanas hubo evidentemente compañeras de clase que instigaron contra la afamada inteligente y guapa mujer de aquella universidad. El celo o la envidia que despertó en un grupo de mujeres de aquella institución fue la causa de que Nuvia tomase una decisión fatal que meses más tarde cobraría efecto. Los muchos pretendientes de Mer Rostro no supieron cómo reaccionar ante lo acorrido, pues todos en absoluto apoyaban cada palabra que su líder en la inteligencia y belleza decía. —Créanme, la capacidad de dirigir a ese grupo y la certeza en las ideas de esta mujer nunca la había visto en mis 45 años de servicio catedrático—.

Sin embargo, ocurrió lo peor, el odio que el resto de las jovencitas sentía hacia la emblemática mujer nos causó una tristeza que aún recordamos. Nuvia Mer Rostro desapareció del mapa, nuestra escuela se quedó sin brillo, las clases no tenían su sonrisa ni sus elocuentes palabras al opinar, ella se había ido y nadie todavía ha logrado contactarla. Dicen que tiene una cuenta en Instagram y que a pocos de la escuela ha aceptado, dicen que la ven feliz haciendo de su vida una guerra donde sale triunfante, dicen incluso, que en alguna de las fotos aparece y desaparece, como si se tratara de una broma, como si esta idea de Nuvia Mer Rostro fuese sólo producto de mi imaginación que ansía encontrar a una mujer que con su sonrisa enamore todo en esta mi vida escolar.

La vida escolar, ya sea de estos personajes o de la vida real es asunto de pensar. Es poco común escuchar la pregunta: ¿Cuál es tú escuela?, pues se prefiere decir: la prepa, la secu, la uni, el presco, el kínder. Pero el cambio al referirse hacia alguna institución educativa de otra forma no es un hecho fortuito, es asunto de modas, de economía del lenguaje.

No obstante, si recordamos en los pilares de la filosofía griega Platón y Aristóteles, se hablaba de escuela: la Academia de Atenas (Platón) y el Liceo (Aristóteles). De la Academia podemos sintetizar sobre su estudio con la frase grabada en el frontispicio: “no entre nadie que no sepa geometría”, aunque también se practicaba la retórica. Del Liceo —conocidos como la escuela Peripatos—, pues este lugar de estudio sobre ciencias naturales y filosofía estaba cerca del Templo de Apolo Licio, y los educandos caminaban a sus alrededores, de allí que los liceos sean peripatéticos.

Y bien, en orden a la palabra escuela en donde conocimos a Nuvia, habrá que asentar que fue por medio de la lengua latina y helénica como se generó este sustantivo tan amado por muchos como menospreciado por otros tantos: escuela. La palabra escuela en su sentido original significa ocio, vagancia. La schola (la /ch/ da un sonido de /k/), escuela. Heredada del griego: Σχολη (scolé), tiempo libre, inactividad, ¿será entonces algo para entretenerse? Σχολη˃Schola˃eskola˃escuela.

La escuela es ocio hasta el día de hoy porque no se produce nada, es teoría más aplicación de las teorías, ni las más avanzadas pedagogías dejan a un lado esto. El trabajo, la vida real aún está lejos de ser vivificada en las escuelas. Motivo por el cual Nuvia se ausentó de la escuela, su vida era una dinamita que las contenciones de la escuela no soportaron.