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Ventajas estratégicas

éxodo, Coqueteos marcelistas y el ingrato recuerdo

El PRI y el espejo panista
“¿Dónde están las fotos?”
De familias influyentes

Ricarlos I

C omo en sus mejores tiempos, el PRI ayer efectuó su unción simbólica para el aún precandidato, aunque único, Juan Manuel Carreras, rodeados tanto de la cúpula nacional del partido como de los contrincantes que habrían declinado voluntariamente para poder tener un abanderado “de unidad” que evitara confrontaciones y divisiones al interior del tricolor.

Todos los competidores, salvo dos: el diputado Fernando Pérez Espinosa y Enrique Galindo. Este último, a pesar de haber sido en las últimas horas antes del anuncio el nombre que más se repetía en los pasillos del CEN tricolor.

De esta manera, una de las principales preocupaciones del PRI nacional parece diluirse, pues se evitó que las disputas internas en el estado afectaran o sabotearan de inicio los esfuerzos de los tricolores, y pudieran causar la pérdida de la gubernatura como sucedió en otros años e incluso en otros partidos, como en la pasada elección de 2009.

Una decisión, si no esperada, sí lógica por parte del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. De poco hubiera servido escoger un candidato con aceptación interna y trabajo, si no contaba con las simpatías tanto del primer priísta del estado, como de su círculo cercano de colaboradores y familiares. Se vieron en el espejo del PAN en 2009, y comprendieron que era demasiado el riesgo de perder la gubernatura.

Así, el PRI prefirió ceder a las fobias y filias de un gobernador que primero trabajó y se hizo de buena carrera en un gobierno albiazul para que otro priísta, también cercano a panistas, se hiciera con la candidatura al gobierno del estado, por encima de empresarios, alcaldes, diputados y funcionarios federales que, ya sea por conflictos personales o choques ideológicos, le eran poco gratos tanto a él como su círculo interno.

Otra de las ventajas estratégicas que esta designación tuvo, aparte del apoyo incondicional del ejecutivo estatal, es que los nexos y amistades de Carreras facilitarán posibles negociaciones de apoyo con los militantes de otros partidos, que se encuentren descontentos con la situación al interior de sus institutos. En este caso estarían simpatizantes del Partido Acción Nacional, que diariamente ve crecer sus fracturas, o el de la Revolución Democrática, que se encuentra en una debacle tan grave que ya se sospecha terminarán cediendo su candidatura a uno de sus partidos aliados.

Respecto al rechazo hacia Carreras por parte de algunos priístas, debido a sus nexos con Felipe Calderón y su trabajo en administraciones albiazules, cabe recordar que los primeros que lo impugnaron hace algunos años fueron personas ligadas a Adolfo Micalco, cuando éste fungió como líder del PRI, en esa “época oscura” mencionada por César Camacho, ese “infierno” que sufrieron los tricolores mientras no estuvieron en el poder, viviendo del erario.

En días pasados, la dirigencia estatal se limitó a decir, respecto a las acusaciones y exigencias contra Carreras, que las instancias partidistas se encargarían, aunque nunca hubo registro de que el hoy virtual candidato hubiera renunciado a su militancia priísta. Incluso el mismo Carreras, recordando la anécdota que le achacan de “haberle levantado la mano a Calderón” en la plaza de Fundadores durante un mitin proselitista, dijo “¿dónde están las fotos?”.

Y además, en este contexto entra también el “linaje” de Carreras, perteneciente a ese compacto grupo de familias capitalinas que suelen influir enormemente en las decisiones políticas del estado. Basta recordar que varios analistas señalaron antes de que siquiera iniciaran estos procesos electivos, descalificaban a los aspirantes de todos los partidos por su origen, no necesariamente por su papel como funcionarios o su presencia política.

En este caso se encontraron, por ejemplo, los malogrados Gallardo soledenses, quienes en palabras de Eduardo Martínez Benavente, estaban perdiendo el suelo y tirando demasiado alto, haciendo una velada referencia a esta carencia de aprobación entre ese grupúsculo de apellidos que, en cada elección, licitación o concesión, parecen repetirse.

Mientras tanto, en el Partido Acción Nacional quisieron aparentar normalidad respecto a los procesos tricolores, e incluso uno de los líderes locales señaló el carácter “antidemocrático” de la selección de un candidato de unidad, el cual convierte la convención de delegados en una mera pantomima.

Por su parte, dos de los precandidatos albiazules, Alejandro Zapata y Sonia Mendoza, señalaron que independientemente del elegido, el PRI deberá remar contra corriente, pues al ser gobierno en los tres niveles, todas las fallas, omisiones, corruptelas y errores de uno, se aplicará en el imaginario colectivo a todos, y esta situación sólo puede beneficiar a la oposición.

JSL
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