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Visiones en la roca (Parte 3): Género, arte rupestre y rituales femeninos del África Central

Chessil Dohvehnain

En 2003 la arqueóloga mexicana Leslie Zubieta realizó su tesis de maestría en África Central, investigando el arte rupestre de un sitio conocido como Mwana wa Chentcherere II, ubicado en el distrito Dedza, en Malawi. Trabajó con las mujeres Chewa de la localidad, quienes accedieron a ayudarla, pero con la advertencia de que, si revelaba los secretos que le permitirían conocer, Leslie moriría.

El objetivo de su investigación era estudiar el arte rupestre del sitio (cuyo nombre se pronuncia algo así como “muana ua chencherere” en lengua chichewa), el cual está en peligro de desaparecer debido al grafiti que se encuentra sobre las pinturas, y su cada vez mayor éxito turístico local.

Después de ahondar en la literatura antropológica y arqueológica de la región, Leslie descubrió que el arte rupestre del sitio, como parte de una tradición de pinturas blancas en la región conocida como White Spread-eagled Tradition, se encontraba vinculado a una ceremonia de iniciación femenina importante para la sociedad Chewa, y sobre todo, crucial para la vida de sus mujeres: el Chinamwali.

Contexto arqueológico

El abrigo rocoso cuenta con un área de 14 metros de largo sobre la cual se encuentran pintados motivos que asemejan representaciones muy esquemáticas de animales (muchos quizá reptiles, lagartos, serpientes o babuinos), como si estos fueran vistos desde una perspectiva por encima de ellos, además de la presencia de diseños geométricos como estrellas, líneas, y puntos de color negro o blanco en los cuerpos de los diseños animales.

El lugar ha sido excavado por arqueólogos desde hace décadas, y la estratigrafía y los materiales encontrados allí permitieron inferir una larga ocupación en el sitio, donde grupos de cazadores-recolectores habitaron el área en primer lugar, quizá por milenios, hasta una ocupación más reciente por parte de grupos agrícolas que arribaron alrededor del primer milenio de nuestra era.

Los datos etnográficos y etnohistóricos sugieren que dichos pobladores corresponden a los ancestros directos de las y los Chewa, quienes coexistieron por siglos con grupos de cazadores-recolectores de los cuales aún se veían hacia finales del siglo XIX. Un largo procesos histórico de cambio y adaptación atestigua la historia regional de estas sociedades, la cual se ve reflejada en su organización social, económica, política y ritual.

Pero curiosamente es en este último aspecto, el ritual, en el que su historia de cambio cultural adquiere matices tan sorprendentes, que para Leslie no solo le permitieron profundizar en la existencia del vínculo que tiene con el arte rupestre, sino también ahondar en las concepciones Chewa del género, del cuerpo, de la identidad y la sexualidad.

Género y cuerpo en arqueología

Contrario a lo que se pudiera pensar, y como bien nos hace pensar Leslie en su trabajo, el estudio del género no es algo exclusivo del feminismo. Ya que el género, para ella, se centra en las construcciones sociales de lo femenino y masculino, y de los valores sociales que investimos en las diferencias sexuales entre mujeres y hombres.

El género se convierte así en una construcción cultural dinámica y específica. En otras palabras, que nuestras concepciones mexicanas occidentales del género no son las mismas a las de otras culturas del presente, y ni de chiste son similares a las concepciones del mundo antiguo. Porque es algo cultural, y lo cultural siempre cambia.

Para ella, el género son esos conjuntos de roles construidos socialmente a través del reconocimiento de las conductas y funciones del cuerpo en cada sociedad, a nivel individual y cultural a lo largo del tiempo.

Y en ese sentido, los roles de género serían esos conjuntos de “tareas” que los humanos cumplimos (o que debemos y se espera que cumplamos) dentro de una sociedad. Roles o tareas que están basadas en expectativas profundamente enraizadas en estereotipos sobre cómo es que una persona de un sexo particular debe comportarse, pensar o sentir.

Pero el cuerpo es más que carne y huesos. Ya que, al estar relacionado con nuestra concepción del género y sus roles, la concepción que tenemos de él tiene que ver con profundas cuestiones psicológicas, de sexualidad e identidad en el más amplio sentido.

Y es por ello que ambas teorías (del género y del cuerpo como construcciones culturales y sociales fluidas y flexibles a lo largo del tiempo), son de un valor asombroso para la arqueología y el estudio del pasado humano, ya que nos hacen darnos cuenta que nuestra percepción humana del cuerpo también se refleja en la manera en que es representado en la cultura material, o en este caso, en el arte rupestre.

El rito del Chinamwali

Para las y los Chewa del África Central, una sociedad matrilineal en la que las bendiciones sagradas y el patrimonio se heredan por vía materna, el Chinamwali es el rito de iniciación femenina por medio del cual las niñas se convierten en mujeres.

Se inicia cuando en la comunidad existe una cantidad significativa de niñas de entre 10 y 13 años de edad que han tenido su primer periodo menstrual, y por lo general es celebrado cuando el tiempo de secas se acerca a su fin, y las lluvias se encuentran cercanas.

La ceremonia dura días. Una vez que las niñas son identificadas, estas son recluidas en el “tsimba”, un lugar sagrado apartado de la comunidad, donde la “namkungwi” o maestra, les enseña los “mwambo” o “secretos de la tradición”. En ese lugar, y en el “mtengo” o “árbol de reunión”, las niñas aprenden de memoria canciones y danzas cuyo contenido tiene que ver con enseñanzas secretas sobre su futura vida sexual, higiene, deberes matrimoniales y sociales, y maternidad. Conocimientos prohibidos para los hombres, y que si las iniciadas revelan, implicaría la muerte y la destrucción de su sociedad.

Cuando el periodo de reclusión termina, las “anamwali” o niñas iniciadas, celebran el Chingondo. Una danza ritual en el “mtengo”, en la que la iniciada es vestida con ropas nuevas y que porta, en la cabeza, al “chingondo”: una representación animal de algún reptil, mamífero u otro, que es elaborado de diversos materiales, y recubierto con harina para decorarse con puntos negros y rojos a lo largo de su cuerpo y/o cola. Su uso significa que la iniciada se convertirá en madre.

Esta danza es celebrada frente a toda la comunidad, para quienes la iniciada “luce hermosa, ha madurado y se ha convertido en mujer”. Pero además, la iniciada lleva a cabo el rito alrededor de figuras de animales o símbolos elaborados en el suelo, a veces con harina, llamados “vilengo” y que sirven como dispositivos mnémicos que le recuerdan a la iniciada las enseñanzas que nunca deberá olvidar.

Posteriormente, las iniciadas son llevada a un río para ejecutar el Kumeta: un rito donde el cabello, vello púbico y axilar de las niñas es rasurado como símbolo de su transición. Se les otorga un nombre nuevo para luego ejecutar, en el último día del Chinamwali, el “gule wamkulu” o última danza, en la cual se bebe cerveza y se danza al ritmo de las canciones aprendidas y de la música de tambores. Finalmente, las niñas son regresadas a la comunidad cargadas en hombros en medio de gritos de júbilo, y sus cuerpos usualmente están decorados con puntos de color negro y blanco. Su transición está completa.

Iniciación femenina y arte rupestre

Dentro de la cosmovisión Chewa, el cuerpo es imaginado por medio de metáforas. Tales metáforas están relacionadas con una concepción agrícola del mundo, en la que el medio natural, específicamente las diversas especies animales, tienen un papel crucial.

El babuino, por ejemplo, es considerado un animal que representa la apasionada conducta sexual del ser humano y del varón. A las niñas se les enseña que incluso han de huir de él, ya que se dice que el babuino macho es conocido por forzar a las mujeres a copular con él.

Pero estas metáforas corporales también son usadas para hablar e instruir sobre el cuerpo mismo, ya que el cuerpo femenino es considerado capaz de fluir entre lo frío y lo caliente, siendo por tanto poderoso y peligroso a la hora de las relaciones sexuales. Sobre todo si estas se llevan a cabo durante el periodo menstrual, donde el riesgo de dañar por su poder a los hijos, a la pareja y al cuerpo mismo mediante la enfermedad o la muerte, son algo tomado muy en serio.

Al llevar a un grupo de mujeres al sitio estudiado, Leslie logró descubrir que las más ancianas recordaban el significado de tres pinturas específicas, conferido a ellas por sus abuelas. Significado relacionado directamente con el Chinamwali y a la concepción Chewa del cuerpo y del género.

Una representaba a un babuino y su vínculo con el deseo sexual humano (cuando la anciana señaló la pintura, dice Leslie, las otras mujeres inmediatamente cantaron una canción secreta aprendida en el Chinamwali). Otra representaba el rito del Kumeta, y la tercera una danza ejecutada en la ceremonia de iniciación. Todos estos significados aprehendidos y transmitidos por tradición oral.

Aunado a este impactante descubrimiento, Leslie comenta que en otros grupos como los Yao, Nsenga o los Bemba del norte de Zambia, al celebrar ceremonias de iniciación femenina similares, poseen también sus propios “dispositivos mnémicos” (como los vilengo, o los diseños de harina en el suelo, o el mismo chingondo) que, junto con las danzas y cantos, refuerzan el aprendizaje de los consejos, advertencias y secretos femeninos revelados en el Chinamwali a las iniciadas. Dispositivos o artefactos materiales que en su forma y decorado (por ejemplo, reptiles con puntos blancos o negros en el cuerpo), son idénticos a las pinturas rupestres de Mwana wa Chentcherere II.

Casos curiosos de estos artefactos son los “Chisungu” de los Bemba. Figurillas de barro que materializan enseñanzas específicas, como el Liyongolo (la serpiente) cuya enseñanza es la fidelidad de la mujer al hombre, o el Cilume cipuba (el hombre estúpido), que representa al hombre que no cuida de su pareja.

En el abrigo, Leslie también escuchó que las pinturas de estrellas representan las visitas antiguas de grupos de mujeres al sitio arqueológico; que los puntos blancos representan la maduración de los órganos sexuales, mientras los rojos significan la sangre menstrual, y que los de color negro, simbolizan la fertilidad femenina.

Visiones y reflexiones

Como caso de estudio para todo lo que el lector ha venido leyendo en estas semanas, la investigación de África Central llevada cabo por Leslie Zubieta es un ejemplo asombroso de lo que implica el estudio del arte rupestre para la arqueología y las ciencias humanas en general.

A través de una perspectiva basada en las teorías de género, del cuerpo, la investigación arqueológica y de la etnografía local, ella fue capaz de articular uno de los trabajos más interesantes que hay sobre el tema a nivel mundial, que incluso le valió un premio en 2005 por parte del Centro de Estudios Africanos y la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica.

La investigadora concluye, con cierto pesar, que las pinturas se encuentran en riesgo de desaparecer y que además, el vínculo entre el arte rupestre y el rito de iniciación femenino Chewa no tardará mucho en olvidarse.

El arte rupestre es visto entonces como un sistema de comunicación creado quizá por mujeres y para mujeres desde la Edad de Hierro Tardía (1000 al 1900 d.C., para África Central), y cuyo objetivo quizá fue (hasta hace un siglo, tal vez) el reforzar las enseñanzas que las mujeres pasaban unas a otras, como parte de un proceso ritual que expresaba sus preocupaciones diarias, su experiencia sexual, sus roles de género, y su poder en todas las esferas de la sociedad Chewa.

Así, el arte rupestre del sitio se convierte en un medio para que las mujeres Chewa recuerden que distintas mujeres, que desempeñaron papeles de madres, hijas, y esposas, han pasado por una misma experiencia de vida trascendental: el Chinamwali. Y también para recordar que han de respetar y proteger ese conocimiento cedido a ellas, de generación en generación, por sus ancestras, el cual ellas también habrán de transmitir. Un conocimiento que les otorga poder.

El 17 de diciembre termina la exposición temporal en el Museo Regional Potosino, sobre arte rupestre de Australia, y con él, estos artículos de divulgación sobre dicho arte. Y por si la lectora o el lector aún tienen curiosidad, invito a visitarla. No se arrepentirán.

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