Carreras, escaso oficio político
15 Marzo, 2017
Referencias
15 Marzo, 2017

Vivir de la basura

Jaime Nava

Hoy cumplo 28 años. Cuando tenía 5 o 6 años supe que mi futuro estaría íntimamente vinculado a la basura. Me explico: hace 22 o 23 años mientras iba en el auto de regreso a casa con mi papá frente a nosotros circulaba el camión recolector de basura. El repugnante olor me hizo creer que ese debía ser uno de los trabajos mejor remunerados. Entonces le pregunté a mi padre si las personas que recogían las tradicionales bolsas negras ganaban mucho dinero. Él se sorprendió y antes de explicarme que las injusticias tenían ese olor, se rió –de mí o conmigo– un rato.

De esa manera comencé a desconfiar de las reglas que mueven al mundo y de quienes ejercen algún tipo de autoridad. Siendo alumno de quinto de primaria la maestra planteó la posibilidad de realizar una fiesta, para ello nos pedía cierta cantidad de dinero que serviría para comprar refrescos, pizzas y algo más. Naturalmente las palabras de la maestra me olieron mal y realicé mis propias cuentas.

De acuerdo con mis cálculos, la maestra tendría un margen no autorizado de ganancia y se lo hice saber a mis compañeros. Me dispuse a organizar la protesta pero un par de compañeros avisaron a la maestra de mis dichos e intenciones. La maestra terminó llorando, yo fui enviado a la biblioteca con un reporte y me suspendieron durante tres días.

En secundaria me di cuenta de que cada año nos pedían una enorme lista de materiales que teníamos que entregar a la escuela; sin embargo, en el día a día no ocupábamos todo lo que nos solicitaban. Cada salón contaba con una mini bodega llena de cajas de pañuelos desechables, conos de papel y paquetes de hojas. ¿Por qué debemos comprar insumos que aún no se agotan? Me pregunté y comencé a indagar. Poco avanzó mi escueta investigación debido a que mandaron llamar a mis papás y me suspendieron unos días.

El primer año y medio de preparatoria lo cursé en un colegio privado donde no me sentía cómodo y constantemente me confrontaba con la directora. Luego del tsunami de 2004 a la directora le pareció buena idea cerrar con llave los baños para “sensibilizarnos” y hacernos conscientes de que había personas en el mundo que la estaban pasando mal. Como era de esperarse, me dediqué a organizar su destitución y fallé.

A la Facultad de Derecho ingresé en 2007. Marcelo de los Santos todavía era gobernador de San Luis y, por razones que aún desconozco, fue invitado al auditorio de la universidad. Intenté ingresar con la única intención de gritarle “ratero”. No pude llevar a cabo mi plan dentro de la institución (afuera sí)  porque tuve la mala fortuna de que una maestra escuchara mi plan y me negara el acceso. Esa misma tarde preparé un texto sobre la censura.

Al día siguiente lo imprimí y cientos de copias se repartieron entre los alumnos de la facultad. El secretario me llamó la atención y al mismo tiempo me hizo ver cómo se perturban quienes desde el poder tratan de asegurar la estabilidad del status quo. Poco tardó en volver el aroma a podredumbre cuando me di cuenta de que la Universidad edita libros con recursos públicos y prefiere dejarlos podrirse en una bodega antes que regalárselos a los universitarios bajo el argumento de que “no los leen”.

Gracias a las solicitudes de información pude conocer el nombre y número de libros que se encontraban acumulando polvo en un almacén. Compartí la lista con amigos y compañeros para que pudieran acudir a dirección a solicitar los ejemplares que les parecieran más útiles.

Como el fétido olor que emana de la UASLP, en cuanto a transparencia y uso de recursos se refiere, está lejos de desaparecer. Pedí que me entregaran copia de las facturas y el monto total que gasta la universidad cada vez que hay elecciones. Mi sorpresa fue enorme cuando me di cuenta que cada dos años la UASLP tira –literalmente– a la basura más de 200 mil pesos. Escribí un artículo sobre ese tema e irónicamente la propia universidad me dio un reconocimiento y un paquete de libros.

Se supone que yo debería vestir de traje y pasar mis días compartiendo en Facebook mis andanzas en los juzgados con frases motivacionales; pero se me atravesó la posibilidad de continuar hurgando en la basura para compartirla con todas las personas que deciden leerme hasta que desconfiar de las autoridades y exigir que se rindan cuentas se convierta en la regla.

Han pasado 442 días sin que se sepa el paradero de la pequeña Zoé Zuleica Torres Gómez.

¡Que la UASLP baje los costos de posgrados y licenciaturas! #EducaciónParaTodos

@JaimeNavaN

Jaime Nava N.
Jaime Nava N.
Estudiante de maestría en Derechos Humanos por la UASLP. Activista en Amnistía Internacional.