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Voluptuosa parábola

Luis Ricardo Guerrero Romero

Enhiesta y sin sentido del presente, la miré cuando me observaba, un estupor ajeno a mi voluntad a causa de su mirada me hizo sentir rareza que en forma de daga del destino se incrustaba. Ella era en sí misma una parábola de los placeres y las virtudes, una especie de mujer que poco se conoce. En su brazo izquierdo estaba escrito en letras arameas el vital ruego: Samej Yod Tet (conocido como el tercer nombre de Dios), pero ese tatuaje logré verlo hasta que ella cayó desvanecida, luego de que su mirada se perdiera en la nada. Con insistencia le solicité su nombre para asegurarme que no había muerto, pero poco me fue útil puesto que susurraba palabras en otros idiomas producto quizás de su cercanía con algunas tribus de Nueva Guinea en donde ella llevaba a cabo exploraciones filantrópicas. Indagué en sus pechos para sacar el celular que me notificaba un par de situaciones: la primera, ella sudaba excesivamente antes de desmayar; la segunda, sus pechos estaban tonificados y hermosos. Una llamada entrante de un laboratorio hizo que entendiera todo, le llamaban para reafirmar su contagio de kuru (enfermedad por priones, que afecta las funciones mentales teniendo como primer síntoma la ataxia y en casos más severos episodios de coreoatetosis). Aquella posición firme con la que me observó por vez primera era con probabilidad el comienzo de su pesadilla. La gente buena siempre padece más, ahí tienen a los asesinos, criminales y demás actores de la lesa humanidad, esa gente vive bien, y a veces hasta con lujos. A mi parecer, no todos los vivos debieron de existir, el mundo no es para todos, todos somos distintos y no todos están hechos para ser ciudadanos, hay gente que debe morir y debe hacerlo cuanto antes, pero Catherine no es una de esas que no merece vivir, aunque con kuru será extraña su existencia. Ya lo decía un fragmento de las parábolas de Séneca: “Lo que hay después de la muerte, vida es –no muerte”.

Las parábolas, populares en el arte matemático, y útiles en la ciencia literaria. La parábola en un sentido algebraico y en el contexto de geometría analítica, podemos definirlas pronto y mal como: la zona geométrica de los puntos: P del plano, en cuya distancia al punto F es igual a la distancia a la recta DD. Es decir, que hay una equidistancia en una recta (en un plano), la F, es el foco y D, es directriz. Asimismo, entendemos esta palabra como una narración de un suceso ilusorio, no porque fuese mentira, sino, por ser un ejemplo del que se induce la semejanza a una verdad —verosimilitud—, la cual conlleva una enseñanza moral. El sustantivo parábola, de la voz helénica: παρα (para), junto a; y βαλλο (balo) colocar, generaron Παραβολη (parabole), como sentido de semejanza y tiene largo uso desde los discursos de Séneca, sin embargo, al ser una palabra de uso común en el argot cristiano, ha sido desprovista de su valiosa carga semántica, y ha venido a referir, la predicación de Cristo por medio de analogías o ejemplos, o sencillamente un sinónimo de palabra. Así encontramos, por ejemplo: parola, italiano; parole, francés; palavra, portugués; palabra, español. Destacamos que la parábola matemática, está en lugar de, así como la parábola en el discurso, está en lugar de. O como Catherine personaje, que está en lugar de la real que vive una existencia de parábola.