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Luis Ricardo Guerrero Romero

El Cholo, El Tripa Seca y El Rana querían con ella, y quién no se iba enamorar de una mujer tan bonita, hasta yo en mi situación había días en que la deseaba. Sí, deseaba tanto como ellos el tener su cuerpo, su figura. Pero los tres tipos que mencioné la querían para hacerla su premio de pasiones sexuales, mientras yo la necesitaba para tener una musa a quien pretender colocar en mis expectativas femeninas. Supongo que aquellos otros homosexuales que saben de admirar la belleza femenina sin ser víctimas de los encantos de ésta estarán de acuerdo conmigo. Asimismo, supongo que, aquellos colegas de ambiente sabrán cuánto incómodo es ver que molestan a tu modelo de vida una triada de incivilizados con apodos poco trascendentes.

Es por ese motivo, darle tranquilidad a mi inspiración, por lo que decidí matar a esos sujetos de infeliz memoria. Ella me llegó a decir que sólo le hacía falta una cómplice para llevar a cabo un plan que daría fin a la vida de los occisos vándalos, indubitablemente yo me ofrecí, y entre sus planes letales y mi rabia pudimos lograr concluir con Cholo, Tripa Seca y Rana. Supuse luego del crimen que la tendría para mí, y sólo yo disfrutaría de su belleza admirable. Lamentablemente me equivoqué, puesto que, pasado un mes del mortal suceso, Estela se olvidó de mí tanto como de lo que había ocurrido. El diagnóstico: mnemofobia.

Toda la tragedia estaba ya dicha, habría que matar a alguien más para que mi tormento se acabara. Con razón Gustave Flauvert sentenció: “Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes, al contrario, la hacen más profunda”. Yo no necesitaba una modelo que me ignorara, ella me pidió ser cómplice para luego olvidarlo todo, incluso nuestra complicidad. De tal suerte que llevé a cabo mi cuarto crimen, allí en el mismo foco donde los tres cuerpos antes espiraron por la mano de Estela, también allí fue el último aliento de mi musa.

Debo confesar que la taxidermia antropodérmica trabajada en el cuerpo de Estela no fue fácil, pero necesitaba hacerlo para que ahora sí, sin remordimientos morales, ni atormentados silencios, Estela continuara siendo mi objeto de admiración, mi presea ornamental, mi foco al cual pretendo llegar.

Pudo haber sido cualquier relato, pero fue un feminicidio que atañó el idealizar a una tal Estela, la cual según entendemos era codiciada por un trío de sujetos de barrio, y un evidentemente simpático taxidermista gay.

Además de ello, es claro que había un punto de concentración, algo así como un espacio consagrado al crimen en donde queda entendido hubo hasta hace unas letras, el asesinato de cuatro personajes.

Resulta práctico llamar a ese lugar “el foco de muerte”, o simplemente, lugar para aniquilar, o bien como nuestra imaginación dicte; no obstante, lo que no dejaremos de lado es divagar sobre el foco.

Este sustantivo que tanto nos da que pensar, tal como popularmente se enuncia: “se me prendió el foco”, no es sino un sustantivo de ubicación, de localización. Ya desde la lengua latina la voz: foculos y focus, se tiene la idea de hogar, piara, lugar en donde converger, una casa.

Es entonces comprensible el saber por qué a una casa se le denomina hogar, siempre y cuando exista un calor que congregue a los demás, es decir que los enfoque. Ese punto de reunión es el foco de algo. En nuestro relato anterior el foco es donde mueren los piadosos en las manos de un taxidermista. Quizá en ese sitio no había un calor de hogar, pero sí un calor por asesinar.

A fin de cuentas, aclaramos que: no es necesario buscar más al asesino, y focalicen sus ideas, ya en inglés lo decimos: focus, atención, vuelve en ti para entender, regresar al hogar de las ideas. Sin embargo, frente a estas concepciones del sustantivo en cuestión, encontramos además que foco es una bombilla, y por raro que parezca, su significado es dado porque en esa lámpara incandescente se congregan las emanaciones de luz. Nos queda claro que un foco es un punto de reunión, al cual se vuelve cada que requerimos recargar el calor, la motivación. Así le pasó al taxidermista y logró matar una cuarta vez; así le pasa a cualquiera que va al foco, al punto donde hay que llegar.