Durante el gobierno torancista, más de 300 desaparecidos
12 mayo, 2015
Tibio debate
12 mayo, 2015

Votar o no votar no bastarán

Guillermo Luévano Bustamante

V otar o no votar no basta más. En cualquier caso, decida lo que decida cada uno en consciencia o inconsciencia, votar es apenas un indicativo de una parte de las preferencias, y no votar no debería ser visto como actitud poco cívica. Un voto anulado deliberadamente refleja también la expresión legítima de un descontento con la forma en que funcionan nuestros procesos de toma decisiones públicas.

El debate del viernes pasado entre candidatas y candidatos a la gubernatura de San Luis Potosí no dio ninguna sorpresa. Casi todas las personas postulantes iban a la suya. Aniceto Becerra, del PH, arrancó en su primera intervención con cierta vehemencia y consistencia, con empuje, no leyó ni parecía que recitara de memoria su discurso, pero no le alcanzó para el resto del debate. Sergio Serrano, de Morena, detonó sus argumentos señalando a los pocos grupos empresariales que se corresponden con los nacionales en calidad de elites privilegiadas en cuanto a la colusión que tienen con el poder político y su responsabilidad en el atraso económico y de acceso a derechos de la mayoría de la población. Eugenio Govea eligió como contrincante por estrategia a Fernando Pérez, disputa lo que aspira a ser un tercer lugar en la contienda, o al menos evidencia que así lo percibe el candidato de MC. Pérez, del PRD-PCP-PT, no se la compró del todo y más bien exhibió una limitada retórica que trató de hacer pasar como ciudadana, como si no hubiera sido hasta hace poco militante del partido al que hoy señala como responsable del fracaso gubernamental en San Luis. Sonia Mendoza, del PAN, se ajustó al guión, se mantuvo en la medianía discursiva, pudo haber sido más contundente y optó por apelar a presentar su candidatura como “el cambio”, slogan que habría servido en el 2000 a Vicente Fox para obtener más votos bajo promesa de transformación política en el país. En lo que acabó el presidente “del cambio” es otra historia. Juan Manuel Carreras, del PRI-PV-PANAL, se fue a la zona de confort, llenó sus minutos de lugares comunes, de demagogia pura y dura, a la vieja usanza, ni se arriesgó ni lo obligaron sus contrincantes a hacerlo, ni a moverse un ápice de su comodidad. Ysabel Gómez, del PES, no concluyó propuestas concretas, su ingreso emergente la coloca en una desventaja temporal, pero también implica la ventaja de no haber sido señalada ni cuestionada con anterioridad.

La transmisión del debate presentó fallas técnicas atribuibles al Canal 7, emisora responsable de la señal televisiva, como indicó de inmediato el Consejero Electoral ciudadano Martín Faz.

El asunto es que con los comicios del 7 de junio no concluye nada. Los procesos sociales e históricos atraviesan por etapas más contundentes que las puras elecciones. El llamamiento a la Nueva Constituyente presenta una opción valiosa e interesante para pensar en la transformación social más allá de las elecciones. Desde esa plataforma no se llama a votar ni a no votar, como coincide Galeano, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, sino que se llama a la sociedad civil a organizarse y a no depender exclusivamente de los partidos políticos para construir formas de ejercicio del poder público. Boaventura de Sousa Santos defiende la idea de la demodiversidad, en la que el experimentalismo democrático, esto es, probar nuevas formas de tomar decisiones colectivas es una virtud en sí misma, no porque asegure mejores gobiernos, sino porque implica intentar algo diferente a lo que hay.

Es así que entonces para contribuir a la transformación social de nuestra comunidad no bastará votar o no votar para ir construyendo mejores formas de representación política, habría que ir haciendo otro tanto más.

Twitter: @GuillerLuevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.