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Y a ti, ¿te afecta el tamaño?

Luis Ricardo Guerrero Romero

E s una tarea constante de la humanidad estar siempre verificando el tamaño de las cosas, o bien el revisar las cosas por sus tamaños, ya sea que se tenga la facultad visual o bien se prescinda de esta, el hombre juzga, evalúa, discrimina y examina lo que le rodea por su tamaño. Al ser humano el tamaño le afecta, y entendamos afectar como una ocurrencia ambivalente, ya para bien, ya para mal. Desde el sentido más arcano y misterioso como un dios, al cual le adjudicamos un tamaño potentísimo, hasta el sentido más fútil y complejo a la vez, el tamaño de microorganismo. Verdaderamente el tamaño le importa al hombre especie y le importa a la mujer como género. Las cuestiones de medidas no se limitan en el ojo sino también en el tacto, en la sensación y desplazamiento. Si deseamos colocar equis objeto, para meterle ye entidad, debemos considerar la superficie y la textura que embone en equis objeto y ye dimensión. “Mis entrañas se estremecieron cuando mi amado metió la mano por el hueco de la cerradura. Me levanté para abrirle. Destilaban mirra mis manos.” Dice el Cantar de los cantares, en un estudio de José Emilio Pacheco. ¿De qué tamaño era esa cerradura y qué cuerpo cupo ávidamente en ella?, ¿cómo cambian de tamaño las pupilas cuando un enamorado queda encantado por su amada?

Otra expresión sobre el tamaño nos es heredada por medio de la mitología griega con el personaje de Procusto, el cual hospedaba forasteros y los invitaba a descansar en camastros de distintitos tamaños, y si éste no coincidía con el lecho que le fuera otorgado, Procusto lo cercenaba o bien, lo estiraba para lograr emparejar al forastero con el camastro. La idea eje es evidente, para cada realidad habrá que adaptarnos, cuestión de tamaño. El tamaño es adaptación de algo para algo, valga el clásico ejemplo de anatomía-genética del cuello de las jirafas y su funcionalidad para comer, para ellas el tamaño sí importa, y para los asnos y los caballos el tamaño está de más.

La palabra tamaño es una composición de voces latinas: tam y magnus, es decir: el adverbio tanto, tanta, tan; y grande, luego entonces surgió tammagnus ˃ tamagnus ˃ tamañus ˃ tamaño. Recordemos que por regla gramatical latino-italiana, la unión de /gn/ produce /ñ/. La palabra que ahora nos ocupa es evidente que funciona de comparativo entre un ente y otro: el tamaño de esta letra es mayor o menor que, mi tamaño es como el de, necesito un librero de tamaño mediano, no como el grande, ni como el pequeño. Aun antes de estas expresiones latinas, ya en la lengua helénica antigua se pueden rastrear las palabras: ταν (tan), larga y alargado; y μεγας (megas), grande, extenso; hipotéticamente  podemos producir: τανμεγας , tan grande como (tamaño). Quizás este adjetivo le debe más a lo ostensivo que a lo diacrónico, pues con facilidad lo producimos al ejemplificar algo: miré un ave de este tamaño, mi mejor amigo de la escuela era de gran tamaño. Asimismo, la enunciación en aumentativo y diminutivo nos da una idea de lo externado: ¡Luis, que tamañote!, ¡uy ese tamañito!

En un contexto legal y de derechos humanos sabemos que la ley es del tamaño del billete. Aquí en México lo podemos verificar, pues no es del mismo tamaño uno de $20 que uno de $500, ¿verdad gobernador?