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¿Y el Estadista Mundial 2014?

Astillero, Pacto por México

C asi 70 días atrás, el 23 de septiembre de este año, el rabino Arthur Scheneier se aventuraba en Nueva York, al entregar a Enrique Peña Nieto el premio Estadista Mundial 2014: A veces tengo profecías, y usted me oyó decir antes acerca de que usted va a asumir un papel de liderazgo en la escena mundial (http://bit.ly/15M24mu ).

Además de ese vaticinio de parte del fundador y presidente de la organización otorgante del reconocimiento, Appeal of Conscience Foundation, Peña Nieto escuchó comentarios elogiosos de parte de representantes del Enlace Judío y de la élite empresarial, diplomática y religiosa de Estados Unidos relacionada con México. El famoso Henry Kissinger entregó en el hotel Waldorf Astoria (el mismo en que se hospedaba Barack Obama, según reportaban con ánimo deslumbrado algunos cronistas mexicanos) el premio al mexiquense a quien acompañaban su esposa, Angélica Rivera, el empresario Carlos Slim y algunos funcionarios federales. Antes, EPN había cumplido con la rutina de hablar ante la asamblea general de las Naciones Unidas en términos tan reseñados con grandilocuencia para el público mexicano como prescindibles y olvidables para el resto de los oyentes.

Apenas 10 semanas después de aquellas escenas triunfales, nada (o poco) queda en Los Pinos. La administración encabezada por Peña Nieto se conformaría actualmente con asumir un papel de liderazgo en la escena nacional (ya ni remotamente en la mundial) y aspiraría no a premios de presunta condición de estadista global sino de gobernante eficaz en los estados de la República Mexicana. La crisis de Iguala-Ayotzinapa, el relegado caso de las ejecuciones militares en Tlatlaya, y los escándalos relacionados con negocios como el tren a Querétaro y la adquisición de la Casa Blanca, mantienen a Peña Nieto en una condición de pasmo, rota esa parálisis operativa y discursiva sólo mediante acciones policiacas y militares represivas contra manifestantes cada vez más desbordados y a través del lamentable discurso y las demagógicas y repetitivas medidas anunciadas en Palacio Nacional al cumplirse dos meses de la desaparición de los 43 normalistas.

Esa crisis, que engloba todas las carencias y los abusos de un grupo político que llegó al poder mediante la vía mercantil, arriba hoy a la fecha simbólica del arranque del segundo tercio con una parte de la población notablemente indispuesta a permitir la continuidad de tan grave estado de cosas y de tan fallido equipo presuntamente gobernante. La protesta pública como mecanismo para la corrección y la mejoría institucionales no sólo parece plenamente desatendida por las cúpulas, sino que enfrenta una tendencia ascendente hacia la provocación y la represión, co­mo ya ha sucedido en Palacio Nacional en dos ocasiones (el breve y leve incendio de una parte de la puerta principal de ese inmueble, y la barrida policiaca del pasado 20 de noviembre) y en episodios sumamente sintomáticos, como el ingreso de 15 soldados armados a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales del campus Torreón de la Universidad Autónoma de Coahuila, con listas de estudiantes a buscar por su presunta participación en ma­nifestaciones anteriores, y el secuestro del alumno de la UNAM Sandino Bucio, cuya suerte fue salvada por las imágenes puestas en Internet después de los hechos.

Peña Nieto, el estadista mundial fallido, apuesta erróneamente al paso del tiempo (la temporada navideña como atemperante), a la confección de nuevas simulaciones legislativas pactadas (ya se prepara un periodo extraordinario de sesiones para aprobar las propuestas peñistas del 20 de noviembre), a la fiebre electoral que iniciará en enero y durará hasta julio y al vaivén de las amenazas y la represión con las negociaciones y la mediatización. Y faltan cuatro años de este sexenio pues, a partir de hoy, una eventual sustitución de EPN sería procesada por el Congreso (hoy dominado por la sombría dupla de Beltrones y Gamboa), para nombrar (en esa hipótesis) a un presidente sustituto que cumpla el periodo 2012-2018.

Esta columna siempre tan diplomática ofrece en exclusiva a sus lectores la posibilidad de hacer declaraciones orondas sobre la situación del país, ¡exactamente igual que si fueran embajadores o cónsules de México! ¿Preguntas incómodas de parte de molestos periodistas en cualquier parte del mundo deseosos de saber sobre Iguala, Ayotzinapa, Tlatlaya y otros temas de actualidad (de la Casa Blanca, ni hablar, pues ese es un asunto particular, de la señora)? ¿No sabe qué tuitear para defender a la administración de Peña Nieto? La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) ha puesto a disposición de sus principales representantes en el extranjero el paquete Meade que le contiene la Estrategia de comunicación en torno al caso Iguala, las Líneas discursivas Ayotzinapa y una batería de mensajes ajustados a los 140 caracteres para darle vuelo al pajarito azul.

El producto que aquí se le viene presentando al público astillador es el mismo que usarán los mencionados embajadores y cónsules en las ruedas de prensa que deberán organizar hoy y mañana para defender la gestión de Peña Nieto y fue enviado a esos altos funcionarios con la etiqueta de Información reservada, la súplica de no/no (sic) circular en medios este documento, clasificado de uso exclusivo para los titulares de las representaciones y de sus equipos de tra­bajo y el ruego de que el énfasis de las conferencias de prensa sea el paquete de medidas anunciadas por el Presidente de la República. El “Pa’ que defiendas a EPN”, elaborado por la SRE, puede leerse completo en lajornadasanluis.com.mx.

Y, mientras el rector de la UNAM, José Narro, ha oxigenado a un cuadro del primer círculo de Fernando González Sánchez, el yerno de Elba Esther Gordillo que fue muy poderoso subsecretario de educación básica de la SEP merced a los acuerdos entre la cacica magisterial y Felipe Calderón, al proponer a José Aguirre Vázquez (quien coordinó el polémico programa Escuela Segura con González) para que quedara como secretario general interino de la Anuies, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.