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Y se atreven a decir que no estamos tan mal

Ignacio Betancourt

C ada vez más mexicanos se vuelven conscientes del país en donde padecen las agresiones de un grupo de políticos nefastos que se ha apropiado del territorio nacional para la realización de crímenes y raterías sin cuento. Qué decir frente a realidades tan hostiles como el hecho de que a un año de la llamada reforma laboral Pemex y la Comisión Federal de Electricidad hayan triplicado sus pérdidas económicas, al mismo tiempo que más de seis millones de trabajadores perciben un salario mínimo diario de setenta pesos (equivalente a cuatro cincuenta dólares), o que existan tres millones y medio de personas sin salario ni prestaciones cuya única paga sean las propinas (según datos del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM), además de que más de 47 millones de mexicanos vivan en pobreza extrema, y más de 40 por ciento de la población no esté registrada en el IMSS o el ISSSTE.

Sin embargo, pese a lo aterrador de tales datos, en el país las centrales obreras y los sindicatos de todas las corrientes tienen los mismos líderes desde hace más de treinta años, (Víctor Flores Morales con los ferrocarrileros, Rafael Riva Palacio en el Infonavit, Francisco Hernández Juárez en Telmex, Agustín Rodríguez Fuentes en el STUNAM, Gilberto Muñoz Moqueda en el Sindicato de la Industria Química, etcétera) mientras ocho de cada diez asalariados viven en condición de pobreza. Qué es lo que ocurre ¿los ciudadanos habrán dejado de sentir y de pensar? ¿Lo han hecho alguna vez? ¿Por qué resultan tan funcionales los más criminales y los más ladrones? Al mismo tiempo organizaciones internacionales como Freedom House colocan a México en la categoría de país no libre, en un rango de 63 puntos negativos nuestro país se encuentra en una franja similar a Guatemala, Armenia, Zambia, Guinea, Camerún o Afganistan, entre otros. Con estos antecedentes no puede uno dejar de preguntarse ¿será posible que los mexicanos puedan votar por el PRI o por el PAN?

Y hay más, desde el inicio del gobierno de Peña Nieto la pobreza creció entre la población en dos millones, sobre todo en las zonas urbanas; la pobreza moderada ha tocado a casi 44 millones de personas, en contraste sólo 20 por ciento de la población (dos de cada diez mexicanos) no tienen carencias económicas. Según el Coneval existen además 31 millones de personas “vulnerables por alguna carencia social”, en tanto la pobreza se incrementó en Veracruz, Morelos, Oaxaca, Estado de México, Sinaloa, Coahuila, Hidalgo y Baja California Sur. Aún así, el señor presidente de la República se atreve a decir que no estamos tan mal pues hay otros países que se encuentran en peores condiciones. Sin poder sustraerse al lamentable mal de muchos, consuelo de pendejos, el señor Peña sólo compara al país que destroza (por órdenes de sus patrones) con los más atrasados ¿por qué no lo compara con los mejores?

Los ingresos de los trabajadores casi no han cambiado desde 1992, para el año pasado 64 millones de mexicanos tenían ingresos inferiores a la llamada línea de bienestar, mientras en 1992 se encontraban en esa situación 54 millones. Académicos expertos en temas económicos coinciden en que las cifras dadas a conocer por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social confirman el aparatoso fracaso de la política social del actual gobierno. Frente a tales disgnósticos habrá alguien que no sienta la necesidad de urgentes cambios, qué espera la población para ponerse a actuar y por lo menos mejorar las condiciones de salud, vivienda, educación y alimentación, además de obligar a “generar sinergias entre la iniciativa privada y la sociedad en su conjunto”; Genaro Aguilar Gutiérrez, académico de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional afirma que deben desarrollarse esquemas de “cobertura universal en salud, vivienda digna para todos e incentivos para la creación de unidades de producción familiar”. Es ahora o nunca, nadie muere dos veces.

Y cambiando de tema, ya apareció Crónicas de Agua Señora: la intimidad de un despojo, un libro inusual en donde seis habitantes de dicha comunidad escriben sobre la terrible experiencia de ser atropellados por los gobiernos federal, estatal y municipal al pasar por encima de sus derechos e imponerles una enorme carretera encima de sus casas. Se debe señalar que lo ocurrido en esta comunidad perteneciente al municipio de Mexquitic de Carmona es algo que está ocurriendo en todo el país y en buena parte del planeta, de esta manera más de tres millones de pobres en el mundo han sido obligados recientemente a dejar sus hogares, sus tierras, su cultura. En el libro tres hombres y tres mujeres cuentan desde su intimidad vulnerada lo que significa un abuso de tal magnitud; es la versión de los ofendidos respecto a la voraz “acumulación por desposesión” que gobiernos y grandes empresarios del país realizan de manera impune y exitosa hasta hoy.

Del poeta norteamericano Ezra Pound (1885-1972) su poema Comisión: Vayan, cantos míos, a los solitarios y los insatisfechos,/ vayan también a los de nervios destrozados,/ vayan a los esclavizados por el convencionalismo,/ llévenles mi desprecio por sus opresores./ Vayan como una gran ola de agua fresca,/ lleven mi desprecio a los opresores.// Hablen contra la opresión inconciente,/ hablen contra la tiranía de lo imaginativo,/ hablen contra las ataduras./ Vayan a la burguesa que agoniza de aburrimiento,/ vayan a las mujeres de los suburbios,/ vayan a los atrozmente casados,/ vayan a aquellos cuyo fracaso se encubre,/ vayan a las parejas infelices,/ vayan a la esposa comprada,/ vayan a la mujer condicionada.// Vayan a los que tienen delicada concupiscencia,/ vayan a aquellos cuyos deseos se frustran,/ vayan como plaga sobre el tedio del mundo;/ vayan filosamente contra eso,/ fortalezcan las cuerdas sutiles,/ den confianza a las algas y a los tentáculos del alma.// Vayan de manera amistosa,/ vayan con abierto discurso.// Empéñense en hallar perversidades y bondades nuevas,/ opónganse a todas las formas de opresión,/ vayan a quienes la madurez embota,/ a quienes perdieron el interés.// Vayan al adolescente asfixiado en familia:/ oh qué odioso resulta ver tres generaciones reunidas en una misma casa,/ como un árbol viejo con retoños,/ con algunas ramas podridas y ruinosas./ Salgan a desfiar la opinión,/ opónganse a la vegetal servidumbre de la sangre./ Opónganse a todas las manos muertas.