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Y se hizo historia

Chessil Dohvehnain

En Star Wars, cuando la Estrella de la Muerte fue destruida gracias a los esfuerzos sangrientos de la Alianza Rebelde, George Lucas nos mostró a una galaxia jubilosa que celebraba el fin de la vida bajo el yugo del Imperio Galáctico. Las últimas escenas de El regreso de los Jedi, mostró que lo que se avecinaba en el futuro era el renacer de la paz y la esperanza.

Sin embargo el camino al futuro soñado no fue fácil. Tal como nos mostró J.J. Abrams en El despertar de la fuerza, treinta años después lo que quedaba del Imperio se resistía a desaparecer. Incluso tres décadas después de la muerte de Darth Vader y del emperador, las cicatrices de las heridas que abrieron con el titánico puño del lado oscuro en millones de vidas, no cerraban del todo.

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador y la reconfiguración política del Congreso del país, que ocurrió gracias a una participación civil que no se había visto en mucho tiempo, podemos compararla con lo que significó el fin del Imperio en esa historia de ficción. Por supuesto, la polarización y la división en buenos y malos, no son realistas ni debería asumirse que ganaron los buenos y perdieron los malos.

Nadie ignora que hemos sido testigos de una  transición impresionante que ha desmembrado el sistema político que reinó el país por muchas décadas. Por un lado vemos preocupación y un repudio natural de los que no votaron por lo que representaba Obrador, y por otro una efervescencia autoconsciente de lo épico e histórico del momento.

Se esperan muchos cambios y el cumplimiento de tantas promesas. Y se anhela que las luchas sociales que por años fueron reprimidas, ignoradas o desconocidas, alcancen nuevos horizontes y victorias. Se habla de la vuelta atrás de reformas, de la nueva instauración de políticas más incluyentes, racionales y sustentables, así como de la recomposición de un espectro político que, según los resultados preliminares del Instituto Nacional Electoral, tiene hoy su ideología fracturada. Por ahí se habla ya del fin del Partido de la Revolución Democrática, incluso.

Pero no todo es tan fácil. El pensamiento crítico que movilizó a cientos de miles al campo de batalla simbólico de las urnas, no puede darse un respiro, sentarse, ni echarse a dormir. La lucha por el poder en esta contienda permitió alianzas políticas impensables hace diez años, así como la adhesión de personalidades con preferencias ideológicas contradictorias, a los partidos ganadores, que no podemos decir con exactitud que son de izquierda.

La sed de justicia permanece y el dolor de la violencia perpetrada por el régimen se ha excitado con la posibilidad de saciarse. Y los ojos del resto del mundo, impactados, ya miran hacia México. ¿Qué está pasando? Habrá que seguir dudando, criticando, exigiendo. Las diversas luchas sociales permanecen y continuarán buscando, esperemos con mayores posibilidades, la victoria. Sin perder de lado que, en cualquier momento, el lado oscuro puede volver del lugar menos esperado, por decirlo de alguna manera.

Aunque sea ficción, Star Wars cautiva porque muestra una historia tejida con elementos que la Humanidad ha visto a lo largo de la historia. Periodos de paz sofocados por tiranías emergentes que se creyó nunca llegarían al poder, para luego ver el surgir de una resistencia sociocultural que se opone a la opresión que en primera instancia, la sociedad nunca creyó que realmente llegaría.

La historia de Roma o Teotihuacán, así como la caída de Imperio Mexica entre muchos otros casos, nos muestra detalles de una historia que parece cíclica; eterna. Y de la cual se puede aprender. ¿Aprender qué? Que el conformismo es peligroso, y que la pelea por la construcción del futuro nunca tiene descanso, independientemente de las agendas políticas de los grupos en el poder.

Podemos imaginar que, cuando cayó el Imperio, muchos de los antiguos fieles del Emperador, y otros no tanto, buscaron unirse a la Nueva República impulsada por la familia Skywalker, a causa de la nueva configuración política en la galaxia. La Alianza Rebelde era el nuevo bastión de la ambición.

Podemos imaginar, también, las luchas constantes de dicha Nueva República por conciliar las disputas ideológicas internas (el PT, Encuentro Social y Morena, aunque victoriosos, son bastante disímiles). Incluso podemos imaginar las luchas que la Alianza Rebelde tuvo que enfrentar para liberar a los sistemas planetarios que aún permanecían bajo el juicio de los restos del Imperio.

Treinta años después de la muerte de Darth Vader, la historia de ficción nos mostró que, a pesar de los sueños y los deseos, los Jedi apenas se estaban levantando y refundando su filosofía. Hasta que surgió el lado oscuro dentro de la misma familia que ayudó a salvar la galaxia.

En El Señor de los anillos de J.R.R. Tolkien, a pesar de que el anillo único había sido destruido junto con el Señor Oscuro, años después de la muerte de Aragorn, cultos oscuros volvieron a surgir en las tierras de los hombres y mujeres libres, así como la corrupción política y la ambición desmedida por el poder.

Incluso la épica obra literaria de Isaac Asimov sobre La fundación, o en las obras de Arthur C. Clarke, estos matices históricos cíclicos están presentes, donde la historia de la especie humana enfrenta continuamente auges y caídas en el camino por el disfrute de la vida, bajo las nuevas formas de organización social política y cultural.

A final de cuentas, Roma no se construyó en un día, y Mesopotamia, China o Teotihuacán no alcanzaron su esplendor en seis años. Porque seis años puede que no sean suficientes para resolver problemas construidos, heredados y adaptados en los últimos setenta años de régimen político. Habrá errores y caídas. Sin duda.

Pero también la gente sueña, y lo hace con la idea de que el cambio se puede lograr a pesar de las diferencias que tengamos, siempre y cuando el hartazgo, el deseo y la necesidad sean insoportables también. Hoy la mayoría de la sociedad mexicana cree que se le ha escuchado, y se festeja por ello. Puede que no sea un sueño duradero a futuro, pero la acción colectiva de la gente, unida en las diferencias, podría lograr que el sueño permanezca de aquí a cincuenta, cien o mil años.

La memoria tiene esa tarea junto con la historia. Así como las distintas oposiciones, quienes también tienen ese derecho de pelear por su visión del futuro. Siempre y cuando dicha visión no atente contra la humanidad misma. De lo contrario, no me sorprendería que los continuos ganadores del mañana, sin importar quiénes sean o en lo que crean, volverán a perder. La crítica y la participación ciudadana serán puestas a prueba como nunca antes. Este nuevo episodio apenas empieza, y será fascinante.

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