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El nivel de exclusión se extiende en todo el ámbito universitario: Daniela

Sandra Gallegos Candelaria

La heteronormatividad es el régimen socio-político y económico impuesto por el patriarcado y que a su vez se edifica en la asignación binaria y dicotómica de género. En pocas palabras, en una realidad social y material que reproduce conductas heteronormadas es obvia la concepción consecuente de que los roles “femenino” “masculino” son acepciones biológicas, naturales y definitivas (y no constructos sociales).

Las denominadas personas “trans” (y más identidades disidentes) son quienes escapan a estas concepciones y deciden libremente la adopción de un género distinto al que socialmente se les ha asignado. Ellas y ellos se encuentran con prácticas discriminatorias.

El conocer la cotidianidad llena de prejuicios y exclusión a la que se enfrenta la comunidad trans día a día refleja el desconocimiento, la ignorancia y la violencia normalizada por una sociedad patriarcal. Los problemas a enfrentar son diversos y es importante revalorar la praxis y la resistencia ejercida por los grupos subalternos.

¿Cómo es ser joven, mujer, y transgénero en una sociedad adultocéntrica, misógina y binaria?

Daniela Ramírez nos proporciona su opinión y testimonio acerca de estas realidades. Daniela es una joven transgénero de 23 años y estudiante cercana a egresar en la carrera de Enfermería en la UASLP. Ella misma asegura que su comunidad se enfrenta a adversidades que le dificultan llevar una día a día exenta de discriminación.

Daniela antes de iniciar su proceso de transición de género, se identificaba solamente como un hombre homosexual, sin embargo, jamás se sintió enteramente identificada con los roles y expectativas acuñados a los hombres biológicos. “Era gay, pero funcionaba de otra manera”, dice. El proceso para la adopción de su identidad de género comenzó dentro de la Universidad, más específicamente durante su tercer año de carrera y gracias a una conferencia sobre sexología, la cual visibilizó aspectos que ella misma desconocía respecto a la diversidad de identidades y preferencias.

Pese a que la Universidad fue el espacio de apertura para conocer estas nuevas disidencias de identidad de género, fueron las mismas autoridades y el cuerpo académico de su facultad quienes mostraron más resistencia a aceptar su realidad. “Me hacían cortarme el cabello o no me dejaban usar la cofia, de hecho el hospital donde realizaba mis prácticas profesionales levantaron varias quejas en mi contra dirigidas a la Universidad”.

Daniela asegura que le ha costado mucho trabajo ser aceptada en su entorno académico, ha sido un trabajo continuo y largo; sin embargo, fue la coordinadora de su carrera quien la orientó y acercó hacia una asociación civil: Diversificadores Sociales, AC, para facilitar su transición. Afirma que el nivel de exclusión en términos generales se extiende en todo el ámbito universitario, sin embargo hay una mayor aceptación por parte del estudiantado hacia la comunidad trans en la Universidad que por parte de sus autoridades, quienes deberían encargarse de incentivar aspectos educativos y de sensibilización a la comunidad universitaria.

¿Falta sensibilización sobre el tema al cuerpo académico? “Por supuesto que sí, demasiado, con decirte que en una ocasión recién cuando ingresé, una profesora expresó que cuando las y los alumnos fuéramos a prácticas no quería que se manifestaran homosexualidades”, responde.

Señala que en alguna ocasión se acercó a la Federación Universitaria Potosina proponiendo se crearan los espacios adecuados para fomentar educación sobre diversidad sexual y educación de género, aspectos que por supuesto jamás han sido prioridad por la mencionada Federación Universitaria; y aquello quedó solamente en eso, una propuesta que jamás fue atendida.

La Universidad Autónoma de San Luis Potosí (en ninguna de sus facultades o escuelas) cuenta con mecanismos burocrático-administrativos que faciliten el trámite de titulación y papeleo para alumnas y alumnos trans. Daniela menciona que en el caso particular de su facultad, su caso ha abierto las posibilidades de que alumnas y alumnos trans de nuevo ingreso no atraviesen por situaciones de exclusión o dificultades por las que ella atravesó.

¿Y fuera del ámbito académico? Hay diversos espacios y establecimientos públicos donde asegura que incluso le han negado la entrada. Considera que la sociedad potosina es de una tradición más conservadora que se niega a reconocer la existencia de subalternidades y realidades diversas.

“El personal de establecimientos comerciales a donde me han negado la entrada me recuerdan que existen lugares ‘especiales’ para personas como yo. Hasta ahora, siempre me han discriminado, no recuerdo algún sitio donde no haya ocurrido una situación similar, se me hace absurdo pedir que te respeten”. Pese a que en el estado poco a poco se han realizado conquistas de derechos para la comunidad LGBTTTI, piensa que se ha generado en un espacio de “tolerancia” y no de “aceptación”, pues en su opinión “la tolerancia no es una forma de convivencia”, además de que siguen imperando ideas erradas sobre otras preferencias e identidades.

La violencia normalizada se extiende en todos los aspectos, sobre todo en el ámbito profesional, del cual asevera ha notado más “comunes” las actitudes de exclusión. Pese a ser una profesionista preparada, una estudiante destacada y de buenas aptitudes, además de contar con referencias y recomendaciones que pueden respaldar la calidad de su trabajo; Daniela no ha logrado concretar ningún proyecto profesional, y tampoco ha logrado conseguir empleo. “Sé que es la situación de muchas y muchos jóvenes que han salido de la carrera y no encuentran trabajo, más sin embargo el factor determinante para que alguien me contemple o no para un empleo es mi condición como mujer trans, ante esto la verdad ya no sabes que hacer ¿volver al estado de antes para evitar la discriminación? Esa no es la solución”.

Más específicamente en el ámbito de su profesión que es el sector salud, Daniela ha notado actitudes de violencia por parte de las instituciones, inclusive más que en el espacio universitario; sobre todo contra sectores vulnerados como mujeres, adultos mayores, identidades y sexualidades disidentes.

¿Cuáles son tus planes de corto a largo plazo? “Yo no sé qué clase de vida me espera a mí, pero no queda de otra más que seguir hacia adelante”, dice Daniela, con ánimo pese a enfrentarse a un panorama complejo y desalentador. “Quisiera ir a Cuba a estudiar la Maestría en Psicología de la Salud, un estudio en posgrado sobre Derechos Humanos, pues falta edificar el trato digno en el sector de servicios de salud; quiero aportar algo a la comunidad trans y a la sociedad mexicana en general”.

Considera que la juventud es la plataforma idónea para impulsar los procesos de cambio y sensibilización necesarios que podrían incidir en un cambio real, para crear un entorno social libre de prejuicios, más abierto e incluyente.

Toca a la sociedad potosina reevaluar y repensar a quienes se niegan espacios, a quienes se niegan derechos, y también a quien se invisibiliza. Un profesor en la Facultad de Enfermería le dijo a Dani: “No te apasiones con defender tus derechos, de todas formas no vas a cambiar nada, sólo vas a salir perdiendo”, pero ella mantiene una actitud positiva llena de resistencia y lucha, porque sabe que otra realidad es posible, que las conquistas y defensa de derechos se hacen todos los días, desde espacios colectivos hasta la individualidad diaria.

JSL
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