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Han convertido el festival Lila López en “poco menos que una muestra dancística”

Ricarlos I

Antonio de Rabinal Gamboa López y Raúl Gamboa, hijos de la maestra de danza Lila López, criticaron duramente en una entrevista radial a los organizadores del festival que lleva el nombre de su madre, por haberlo convertido en “poco menos que una muestra dancística”, cuando originalmente era una auténtica fiesta en la que asistían grupos y bailarines de México y otros países. “Tenía un valor didáctico, para el público y para los participantes; hoy cada vez participan menos grupos, a pesar de que hay mucho más dinero del que tuvo el festival en un principio. No es gente que sepa de danza, se van por los reflectores para elegir a los participantes, en lugar de que sea como antes, que participaran todos los que pudiera venir, dar diferentes visiones de la danza nacional y extranjera”, recordaron.

“Cuando se inició el sexenio y el gobierno estatal tomó al fesival, se me invitó a formar parte del consejo”, relató Antonio de Rabinal, quien agregó que desafortunadamente ese primer consejo, sus opiniones, su trabajo, su conocimiento, porque estaba formado por personas muy conocedoras de la danza, fue prácticamente desechado y nada de sus propuestas llegó a aplicarse. Gracias a eso, continuó, ahora vemos que hay quienes dicen que el festival está decayendo y algunos culpan a la austeridad o la falta de presupuesto, pero el dinero jamás tuvo nada que ver: “si hacemos comparativos, los primeros festivales los hacían con 320 mil pesos y con muchas más compañías y grupos. Había pasión por hacerlo, no era una muestra de danza, sino un escaparate para muchos grupos del país. Se hacían además de las presentaciones, foros, círculos de crítica, concursos, talleres, era una fiesta de todos los que aman la danza y las demás artes que se relacionan con la danza, escenógrafos, vestuaristas, hoy ya no hay nada de eso, aún cuando cuentan con más presupuesto que al principio”, lamentó.

“El festival era didáctico”, intervinó Raúl Gamboa, “era didáctico para los que venían de fuera, era didáctico para la prensa, era didáctico para los bailarines locales; partía de una dinámica de enseñanza, que iniciaba con los cursos, y las presentaciones sólo eran una parte del festival en sí. Los cursos se hacían y se especializaban, por eso fueron semillero de muchos otros festivales, incluso del extranjero. Era una especie de congreso de los bailarines, en el que se compartían vivencias, experiencias, se compartía como en cualquier profesión, lo último de lo último en el arte que aman, y volvían a sus lugares de origen con esas nuevas ideas, y muchas otras ideas se quedaban aquí en San Luis potosí para enriquecer nuestra propia carga cultural, y eso se perdió, y uno de los grandes perdedores fue el periodismo, porque hasta prensa especializada llegaba aquí a aprender y enseñar simultáneamente; al día siguiente de una presentación, se hacía un encuentro con reporteros y estos tenían la oportunidad de preguntar y escuchar de labios del director y bailarines el por qué de esto y aquello en la danza que presentaron, y con crítica, era como un ejercicio de transparencia, algo poco común en el país”.

Y todo eso, destacó Raúl Gamboa, “con apenas poco más de 300 mil pesos, pero eso sí, un ejército de 650 personas que trabajábamos sin remuneración, a veces hasta un mes antes durante y después del festival tal cual”.

Antes, todos querían ser parte del festival, expuso Antonio de Rabinal: “pintores y artistas gráficos buscaban desde mucho antes que sus obras representaran al evento, en los concursos de danza surgidos de los cursos, eran bajísimos monetariamente, pero por el hecho de que en los concursos participaban los que llevaron los cursos, el reconocimiento para quien lo ganaba era nacional los mismos grupos se pagaban su traslado y sus hospedajes, lo hacían por amor a la danza, en cambio ahora, de los más de dos millones de pesos que se dieron a los organizadores, se está gastando más de un millón sólo en un grupo que va a venir”.

Desde el festival 23, dos sexenios, es que la calidad comenzó a decaer, y más cuando comienzaron a cobrar por los eventos, cuando el propósito era precisamente llevarle al pueblo algo nuevo, algo que no viera diariamente, no que vieran como entretenimiento de clases altas, sino como una expresión hasta de ellos mismos; los papás llevaban a sus niños, gente que nunca había puesto un pie en un museo ahora veía muestras pictóricas de una coreografía, ahora sólo los que tienen dinero suficiente pueden verlo, “eso rompe por completo con el espíritu del festival”, sostuvo.

Respecto a lo que pedirían a la nueva administración estatal, señalaron que el principal problema es educar a los gonbernantes. “Llega un nuevo gobernador y ve la Secretaría de Cultura y se queda pensando ‘¿esto para qué me sirve?’ y ponen a alguien con quien ya tenían algún comproiso político, pero que no tiene ni la capacidad ni el entusiasmo para hacer las cosas. No captan que el 11 por ciento del producto interno nacional es producido por artistas y no voltean a ver a esos artistas, a pesar de la enorme derrama económica que pueden traer; si tienen una Secretaría de Cultura, deben poner a gente capaz, incluso ponerse pragmáticos: esto produce cultura, esto produce dinero y empleos, esto produce felicidad en el pueblo, caray, hasta para alzarse el cuello les serviría a los gobernantes. La cultura es la parte amable del gobierno, es como realmente podrían decir que el estado está bien y en paz, a través de su producción cultural”, recalcaron.

JSL
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