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Hasta siempre compañero Prisciliano

Prisciliano

Velorio de Prisciliano Pérez.

Carlos López Torres

Comunista convencido y luchador social durante décadas, el camarada Prisciliano Pérez Anguiano deja tras de sí toda una serie de historias de las que fue protagonista, así como precursor de aperturas y alianzas electorales que lograron en su momento romper con el aislamiento del partido en el que militó desde muy joven.

Forjador del Bloque Obrero, integrado por sindicalistas mineros, ferrocarrileros, trabajadores de la España Industrial, maestros y cooperativistas de la Fábrica Atlas de la que fue presidente del Consejo de Administración durante algún tiempo, Prisci, como le decían algunos de sus compañeros, fue artífice destacado de la comisión encargada de ofrecerle a Salvador Nava Martínez el apoyo decidido de miles de trabajadores para que aceptara postularse por primera vez como candidato a la alcaldía de San Luis Potosí.

El triunfo arrollador de aquella convergencia inédita que logró la más amplia unidad entre izquierdas y derechas, librepensadores y miles de ciudadanos sin partido, abrió nuevamente la discusión sobre la política de alianzas del Partido Comunista Mexicano (PCM), en el marco de la semiclandestinidad en que lo mantenía el gobierno y el dogmatismo del que aún era rehén esa formación política. El triunfo de Nava y la llegada a una regiduría en la persona de Prisciliano Pérez, rompió con algunos esquemas, aunque el fenómeno pareciera no suficientemente analizado por el grupo de comunistas de la entidad.

La experiencia que le dejara su participación en aquella gran caravana de los trabajadores potosinos hacia la Ciudad de México en defensa de sus derechos, así como su acción solidaria junto al movimiento de los ferrocarrileros vallejistas, especialmente durante la gran huelga nacional, le permitió acercarse a este importante sector, aunque la radicalidad de los compas del taller, atrapados posteriormente en medio de la pugna chino-soviética, le impidió a Prisciliano establecer una relación duradera con los rieleros potosinos, lo que le llevó a cierto aislamiento.

Ello no le impidió continuar en la lucha a la que contribuyó de las más diversas maneras. Para reorganizar el PCM juntos nos dimos a la tarea de elaborar el periódico Debate que repartía entre los obreros de la Zona Industrial naciente, hasta que fue detenido en la ciudad de México el 27 de julio de 1968 cuando fueron allanadas las oficinas del PCM.

Ya como preso político en Lecumberri, participó en la huelga de hambre donde fue golpeado junto con otros luchadores del 68 encarcelados. A su salida se incorporó a la lucha para apoyar a los electricistas de la tendencia democrática y participó como activista en 1975 contra el alza del pasaje del transporte urbano decretada por el gobernador Guillermo Fonseca Álvarez, represor de aquel movimiento estudiantil-popular.

Julio Hernández López nunca imaginó que en aquel automóvil de la Judicial donde éramos conducidos con los ojos vendados y atados de las manos, también se encontraba Prisciliano, hasta que se atrevió a preguntar quiénes éramos. Sólo se escuchó la voz baja de Prisci antes de que se hiciera el silencio temeroso.

Comunista íntegro, miembro de una generación de luchadores forjados al calor de las luchas de los trabajadores y campesinos, educado bajo los principios del marxismo-leninismo y el texto de la Moral Comunista, se alejó como muchos de nosotros del PRD, para unirse a la lucha de López Obrador, del que era ferviente admirador.

Justamente cuando se cumplen 40 años de aquellos bombazos que sacudieron el centro de la capital, que dieron pie al inicio de la represión contra los dirigentes del Frente Estudiantil Popular que encabezamos la lucha contra el excesivo aumento de la tarifa de los camiones, nuestro compañero Prisciliano se nos adelanta. Descansa en paz camarada. ¡Cumpliste con tu deber revolucionario!

JSL
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