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La lucha contra la pobreza

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Earl Anthony Wayne *

E l 17 de octubre de 1987, más de cien mil personas se reunieron en la plaza Trocadero en París, Francia, para recordar a quienes viven en pobreza extrema y para hacer un llamado a los líderes mundiales a unirse y trabajar juntos para responder el clamor de los pobres. Hoy recordamos esa fecha como el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, y nos unimos a México y a otros países alrededor del mundo para concientizar sobre este problema y recordar a los mil 200 millones de ciudadanos en el mundo que sufren pobreza extrema.

Como un problema global, la pobreza puede surgir por varias causas. Puede provenir del mal gobierno, de la incapacidad de los estados para lidiar con cambios rápidos en el ambiente económico derivado de la globalización, de la desigualdad de género, de la falta de acceso a la educación y a la nutrición, de la falta de inversión en ciencia y tecnología o por cuestiones de seguridad. La complejidad de estos retos requiere de una nueva manera de pensar sobre los esfuerzos de desarrollo internacional.

Si bien los esfuerzos tradicionales se han centrado en la asistencia bilateral –es decir, de gobierno a gobierno– actualmente están emergiendo nuevos modelos de desarrollo. Ahora más que nunca, los gobiernos están trabajando con el sector privado, la sociedad civil e instituciones educativas para abordar algunos de los retos más urgentes del desarrollo. Estas alianzas han facilitado esfuerzos más sólidos, eficientes y con mejores recursos para reducir la pobreza alrededor del mundo.

El presidente Peña Nieto recientemente anunció el plan Prospera para atender a los 53 millones de mexicanos que viven en la pobreza. Esta es una importante iniciativa y una meta esencial para el futuro de México y para el éxito de sus esfuerzos continuos.

Mi propio gobierno comparte un compromiso similar para resolver la pobreza tanto a nivel nacional como en el extranjero. Encabezados por la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), estamos comprometidos a erradicar la pobreza extrema en las próximas dos décadas. Como una meta ambiciosa, este objetivo renovó nuestro compromiso de trabajar con nuestros amigos alrededor del mundo, hombro con hombro, para abordar las diversas condiciones que conllevan a la pobreza. Esto significa empoderar a las mujeres, invertir en los jóvenes y mejorar el acceso a la educación.

El esfuerzo amplio para construir alianzas con el fin de combatir este problema común se basa en entender que la pobreza es compleja y que la solución descansa en nuestra capacidad de trabajar juntos.

México y Estados Unidos han colaborado en una serie de frentes multilaterales para luchar contra la pobreza. Hemos trabajado juntos para progresar en una amplia gama de temas, incluidos el cambio climático, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el VIH-SIDA, la transparencia gubernamental y nuestras preocupaciones compartidas sobre seguridad. Todo esto con la meta de promover oportunidades de crecimiento económico que sean sostenibles e incluyentes.

En los últimos 15 años, mi gobierno ha invertido aproximadamente 24 millones de dólares para ayudar a expandir el alcance de los servicios de microfinanzas en todo México. Como resultado, el número de instituciones microfinancieras que operan en México ha aumentado veinte veces y están ofreciendo servicios a cientos de miles de clientes que viven en pobreza, permitiéndoles emprender micronegocios, contratar a sus vecinos y proporcionar una vía para salir de la pobreza.

A nivel mundial, a pesar de la preocupante cifra de más de mil millones de personas que viven desprotegidas, el progreso alcanzado en los últimos 20 años ha sido tremendo. Desde la década de los noventa, cerca de 700 millones de personas han salido de la trampa de la pobreza extrema gracias a nuestros esfuerzos colectivos. Estados Unidos y sus socios están atacando las complejidades alrededor de esta condición en todas sus formas y en diversos grados.

La lucha global contra la pobreza extrema requiere de todos nuestros esfuerzos de colaboración. Si trabajamos juntos, eliminar la pobreza es una meta a nuestro alcance. En último término, la mayor riqueza de un país no se mide simplemente por los ingresos, sino por su desarrollo humano, puesto que invertir en las personas y en las comunidades más pobres que están a nuestro alrededor también es una inversión en nuestra prosperidad futura común.

 

* Embajador de los Estados Unidos en México. Artículo de opinión exclusivo para La Jornada

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