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La rebelión de la Castilla

Ricardo Dávila

Ahora imaginen a cinco mujeres en un estand sobre menstruación alternativa en la Feria de la Salud Sexual con motivo de la visibilización del VIH/SIDA en la plaza de Armas. Sobre la explanada las chicas colocan en una mesa siete toallas femeninas de tela, una copa menstrual orgánica, tres simulaciones de líquidos vaginales, las respectivas explicaciones de cada artículo en trípticos y un conjunto de stickers feministas. Desde el primer minuto de su presencia mujeres de 16 a 30 años se acercan al estand. Las visitantes (90 por ciento de unas 40 personas que se acercaron en tres horas) comentan que no conocían los métodos alternativos de ginecología y muestran interés en conocer más. Quedan sorprendidas y satisfechas por la información.

Las cinco mujeres que explican los rasgos y procedimientos son Mónica, Fátima, Mariela, Yohana y Mariana. Ellas pertenecen al colectivo feminista La Castilla Combativa, un grupo que actualmente conforman 15 mujeres –en total– y que es autogestivo. Dos aspectos son destacados: el uso de una toalla de tela o la copa menstrual con fines de salvaguardar el medio ambiente; y conocer sobre la toxicidad de los químicos en toallas desechables y así revalorar la salud personal.

Su función social alcanza una dimensión trascendente, las chicas que desconocían los métodos alternativos comentaron ausencia de ese tipo de información en la escuela o por menciones de la familia, lo que habla de una falta de libre información y una pobreza de cultura sexual por parte del Estado. No faltó quien pidió información para conseguir la copa menstrual y/o tomar un tríptico para la elaboración de la tolla femenina de tela.

De eso modo, mediante una praxis, un materialismo histórico, La Castilla Combativa lleva dos años con intervenciones en el espacio público con el fin de dimensionar el valor, trato y contexto que rodea a la mujer. No se trata solamente de un cuidado sexual; los temas son multifactoriales, por ejemplo el de la alerta por violencia física y sicológica en contra de las mujeres.

En un estado que suma al menos 171 feminicidios registrados en los últimos cuatro años y con la prevista activación de alerta de género en seis municipios –San Luis Potosí, Soledad, Matehuala, Ciudad Valles, Tamuín y Tamazunchale– que exista un colectivo de feministas da cuenta de una resistencia ciudadana ante la barbarie.

El valor fundamental es el acceso al derecho de todas. La Castilla ocupa espacios públicos para dar cuenta de la precariedad económica, ponderar la falta de dignidad de vida y generar incentivos por la colectividad. Cada parte de un espectro social, político y cultural que genere un cambio a los paradigmas legales, sicológicos y antropológicos en el imaginativo colectivo referente a la mujer.

La lucha de dos años

Todo nació en 2013 cuando un diputado panista propuso criminalizar el aborto. Entonces, seis mujeres, Marcela, Sarah, Alejandra, Dinorath, Ana y Fátima decidieron convocar en Facebook una actividad por la legalización del aborto enfrente de la iglesia del Carmen. Una señora se les acercó y les dijo que se irían al infierno por hacer el volanteo y tendedero. Pero no se detuvieron. Empezaron a ser reuniones sobre la construcción del amor romántico, la violencia feminicida y la trata personas. Ahí llegaron a tener hasta 40 mujeres en una sola reunión, por lo que decidieron generar la colectiva.

Poco a poco más mujeres se han unido al colectivo. Las edades varían de los 20 a los 35 años. Hay jóvenes estudiantes y también hay trabajadoras. Algunas tienen hijos. El pasado 28 de noviembre en el bar Loud del centro de San Luis Potosí, las chicas del colectivo festejaron su segundo aniversario. “Por estas fechas un grupo de mujeres, de esas que nadie quiere, nos encontramos y hemos construido con mucho esfuerzo este espacio, entre amores y desencuentros, porque creemos que la única forma de combatir este sistema que nos mata es mediante la organización”.

Sus resultados son evidentes. Por ejemplo, a comienzos de noviembre de 2015 realizaron la primera Escuelita Popular Feminista donde se dimensionó la lectura del contexto social desde el género, raza y clase; la apropiación de los cuerpos –donde los de la mujer en el capitalismo son los más saqueados–, derechos sexuales y reproductivos –aborto y maternidad–, el uso alternativo de ginecología, sesiones sobre violencia en la cotidianidad, defensa personal, una sesión de rap y metodología de réplica autonomía del cuerpo. Cada actividad contó con un marco teórico de autoras como Ochy Curiel y Silvia Federici, entre otras.

Del periodo de actividades en los dos años también destacan las intervenciones artísticas y performáticas en el espacio público. Como cuando decidieron acudir a lugares de feminicidios que se convirtieron en mediáticos y se tomaron fotos en dichos sitios con mensajes que mencionaban la magnitud de incremento de dichos homicidios y la presencia de impunidad. Algo que denominan como actividades similares al de otros grupos feministas como el del neoyorquino Guerrilla Girls.

¿Cuál ha sido el máximo logro? “La desmitificación de que las mujeres no pueden trabajar juntas. Renunciar dichos inexactos como ‘mujeres juntas sólo difuntas’. La forma en que el feminismo impacta en las mujeres desde como se vive un aborto, también cómo pasar una separación, hasta como se incluyen en espacios mixtos”.

La Castilla Combativa es el único colectivo feminista en todo San Luis. Hay organizaciones civiles pero su diferencia es que ellas recaen en la autonomía autogestiva. “El problema de las organizaciones es que a veces los titulares negocian recursos con el Estado pero no los bajan en beneficio de la población”, mencionan. Pero no somos las únicas “también hay mujeres feministas que están en colectivos mixtos”.

Sobre el feminismo en San Luis

Hay mucha reticencia en el feminismo. Integrantes del colectivo comentaron que aunque no han recibido ataques físicos sí han tenido que lidiar con violencia sicológica. Sobre todo en espacios de internet. “Te spammean con imágenes de mujeres muertas y con amenazas de muerte. No queda de otra, es pensar que esos hombres existen en la cotidianidad. Causa molestia e indignación”.

En el aspecto del activismo también han tenido algunos roces. “A veces nos acusan de oportunistas en espacios públicos por colocar el tema de la mujer en manifestaciones como en lo de Ayotzinapa”. Pero eso sí, hay compañeros de izquierda que nos apoyan y es muy valioso, comentan.

Argumentan que el feminismo no debe de confundirse de una manera unívoca y abogan por la trascendencia de los avances en derechos y en justicia. Por ejemplo, sobre la alerta de género en San Luis mencionan que “debemos ser conscientes que las alertas de género están lejos de resolver el problema del feminicidio, sería equiparable a tratar de curar a una persona desahuciada con jarabe para la tos. En el Estado de México, después de la declaración de alerta de género, se cometieron 11 feminicidios en menos de dos semanas, y es porque la causa de la violencia hacia las mujeres es el sistema capitalista: heteropatriarcal y neocolonial, en directa contradicción con la vida de las personas y la liberación de las mujeres; por lo que esas medidas no solucionan nada”.

“Si se llega a aprobar, debemos estar conscientes de que es un triunfo de la presión mediática de las mujeres y una maniobra de las autoridades para no perder legitimidad”.

Para ellas el feminismo también incluye resignificar escenarios. Por ejemplo pensar en renunciar en cosas tan cotidianas como “que el compañero en el mitin te cargue la bocina”. O hacer juego con el lenguaje pues todo es un producto situacional. Pensar el lenguaje como un constructo cultural que puede deshacerse. “Desde que tú mencionas algo lo resignificas”. Una experiencia, antes del inicio de la colectiva, fue cuando se organizó la primera marcha de las putas por algunas de las actuales integrantes de La Castilla, y la cual la palabra “puta” causó controversia a sectores conservadores.

La Castilla Combativa es un espacio que se hace escuchar y se da a notar. El feminismo, en estos últimos tiempos, ha sido un tema de bastante debate y sobre todo, en las redes sociales, de burla. Fuera de esto, ¿estamos realmente enterados de lo que el feminismo busca y en lo que cree?

Celebración y resistencia 

Aquella noche del Loud, en el festejo de su segundo aniversario, mencionaron su admiración a las brujas. Sí, las brujas que míticamente se han generado concepciones de cultura pop. Pero para ellas las brujas fueron “las primeras combatientes y guerrilleras contra la opresión, en particular la subyugación de las mujeres a lo largo de los siglos”.

“Las brujas siempre fueron mujeres, como nosotras, sin miedo de existir, de ser valientes, agresivas, inteligentes, inconformes, curiosas, independientes, liberadas sexualmente, revolucionarias. Las brujas fueron las primeras en practicar el control de los nacimientos y el aborto, las primeras alquimistas, ellas no se quedaron de rodillas frente a ningún hombre, eran sobrevivientes de la más antigua cultura, antes que la represión espiritual, económica, sexual, mortal de la sociedad fálica, imperialista, fuera severa, destruyendo las sociedades humanas y la naturaleza”.

Y ellas reivindican esos derechos. “Derecho a no sentir miedo, a provocar miedo, a subvertir, transgredir, desordenar, desbaratar. Reivindicamos nuestro derecho a desobedecer. Porque la brujería es rebelión, porque la brujería es poder, porque la brujería es nuestra historia. ¡Porque brujas somos todas!”.

Porque, más ahora que nunca, es necesario el feminismo.

JSL
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