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Lucha constante por ser la mejor, combustible de Nahila Hernández

Lucha constante por ser la mejor, combustible de Nahila Hernández

La atleta, nacida en Azerbayán, criada en Cuba y con estudios en México, planea llegar a un lugar todavía desconocido Foto cortesía Nahila Hernández

Jorge Sepúlveda Marín

Nahila Hernández es una todoterreno. Lo mismo ha corrido ultramaratones en la Antártica a menos 20 grados Celsius, que en Badwater, California, un pedazo de infierno sobre la tierra con temperaturas que convierten la suela de los tenis en chicle.

Nacida en Azerbayán, criada en Cuba –país de sus padres– hasta los 18 años, con estudios en México y ahora radicada en Chile, la mamá de dos hijas encontró en el deporte ultraextremo su razón de ser, cuando observó un video del Maratón des Sables.

Se trata de una competencia pedestre clasificada por Discovery Channel como la más difícil de completar, sobre una agreste ruta de 240 kilómetros en el desierto del Sahara. Con menos de 10 meses de preparación logró llegar a la meta.

Si bien desde niña tuvo aptitudes para los deportes acuáticos y de contacto, como el taekwondo, fue hasta la educación media cuando se integró el equipo cubano de aerobics, pese a las severas carencias que padeció en la isla, de las que prefiere no hablar.

Agradecida con la Revolución Cubana por todo lo que le brindó hasta los 18 años, tuvo la oportunidad de estudiar en México, en el Tec de Monterrey –la licenciatura en administración y la especialidad en logística–, país donde además vio nacer a sus hijas Carmen y Julia, su principal motivo para tratar de ser la mejor en todo lo que hace.

Comparte experiencia en foros

De estatura mediana y con tono muscular marcado, la también empresaria ha destacado en las largas distancias del mundo de los negocios, al compartir sus conocimientos y experiencias de vida en diferentes foros, sin dejar a un lado el esfuerzo que le ha permitido contar con un reducido, pero selecto grupo de patrocinadores que financian su forma se vivir.

La sonrisa en su rostro es imborrable. En casi todas las fotografías que aparecen en el libro de su autoría, Después de la distancia, que presentó el pasado jueves, su rostro aparece iluminado, con gesto de satisfacción, de dulzura y agradecimiento.

Convencida casi sin darse cuenta de que lo suyo eran las ultradistancias, comenzó a llenarse la cabeza con proyectos de los que sus allegados dudaban que pudiera lograr, pero estaba segura de alcanzar sus sueños.

Así, a los 34 años de edad, con sus dos hijas y los amigos que la vida y el mundo le han dado, comenzó la aventura de prepararse para alcanzar las metas más lejanas. Esas reservadas sólo para quienes están dispuestos a darlo todo a cambio de pocas, pero grandes satisfacciones.

Una lucha constante por ser la mejor en todo lo que hacía fue el combustible para trazar una vida de éxito. En 2008 terminó en segundo lugar en el SkyRace (16 kilómetros), en La Malinche, Tlaxcala, y un año después repitió la posición en el Sunmart Trail (50 km), en Texas, prueba de resistencia con límite de 11:15 horas, que finalizó en menos de la mitad: 5:11.

Las carreras se convertían lentamente en su forma de vida. En 2010 participó en el Rocky Racoon (160 km) en Texas, luego en el Maratón de la Montaña de Real de Catorce, México (16+26 km), y ya decidida a triunfar en grande inició el gran desafío de los cuatro desiertos.

Así, en octubre del mismo año se aventuró a luchar contra la arena y el andar pesado sobre la inestable superficie del Sahara (250 km).

En 2011 llegó primera a la meta del Atacama Crossing (250 km), en Chile; en junio de 2012 fue segundo sitio en el Gobi March (250 km), en Hami, China –un camino serpenteante de cerros, lechos de ríos y dunas–. y para cerrar ese año, en noviembre, repitió el lugar en The Last Desert (250 km), en la Antártica, donde convivió con los pingüinos con temperaturas hasta de 20 grados Celsius bajo cero.

Para 2013 su vida seguía encarrilada en el éxito, pese el enorme esfuerzo que le costaba cada preparación. Participó en tres competencias que sumadas equivalen a poco más de 700 kilómetros, para en 2014 cumplir con su nueva meta más anhelada: correr por los cinco continentes.

Abril: Taby Extreme Challenge 100 Miles Run (160 km) en Suecia. Mayo: Atacama Xtreme (160 km) en Chile. Julio: Sudáfrica Washie 100 (160 km). Septiembre: The Great North Walk 100S (175 km), Sydney-Newcastle, para cerrar en octubre en el Ultramaratón Sovev-Emek (166 km), en el valle de Jezreel, Israel, que corrió en 25:52 horas, bajo un calor, literalmente, infernal.

Nahila platica que su nombre es poco común. Sus padres nunca se pusieron de acuerdo con su significado. Lo único cierto es que así se llamaba una amiga de ellos que trabajó en Azarbayán y que le dieron la mejor de las motivaciones para triunfar en la vida.

Cuando la ultradistancista habla de sus hijas no se le llenan los ojos de lágrimas ni se le quiebra la voz; al contrario, lo hace en tono fuerte y destaca que nunca ha querido para ellas ni lo tradicional y tampoco que no se dejen de nadie.

Y aunque sólo puede compartir “tiempo de calidad”, más que de cantidad con ellas, las ha formado para que sean las mejores en su andar por la vida.

En las 189 páginas de su libro la corredora no se esfuerza por dar una imagen magnífica de sus seres queridos. Solamente describe en una prosa bien lograda y sencilla lo que ha hecho, los mensajes que Carmen y Julia le envían para darle ánimos, y no se olvida de narrar los más difíciles momentos que ha vivido, como el desprendimiento de las uñas de los pies y las ampollas que ha debido reventarse con una aguja, para la mañana siguiente salir de nuevo al calor del desierto o al frío extremo.

Límites inexplorables

La vida de Nahila no se resume en los 2 mil 700 kilómetros que ha recorrido por todo el planeta, ni porque sus palabras hayan iluminado a los miles de atentos oyentes que acuden a sus pláticas motivacionales, ni esa pequeña mochila –con apenas lo necesario para sobrevivir en cada aventura– que carga en la espalda como una colegiala cubana.

No es el miedo ni el tesón. Tampoco los éxitos alcanzados. Menos los fracasos. No. Su vida está por llegar a límites inexplorados por cualquier deportista latinoamericano y muchos otros del mundo por los planes que tiene en el papel y que espera llevar a la realidad en los siguientes tres o cuatro años, lapso en el que está segura de poder llegar a ese lugar que aún no conoce, pero sabe de su existencia: “después de la distancia”.