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Madre de migrante encuentra en San Luis pistas de su hija

Caravana de Madres de Migrantes “Puentes de Esperanza” .

Cada migrante tiene una historia, y la Casa del Migrante de San Luis Potosí ha visto pasar casi medio millón de ellas desde su fundación, en 1997. Historias que suelen tener un final agridulce, pues para muchos mexicanos y centroamericanos, obtener empleo en Estados Unidos implica también renunciar a sus familias, convirtiéndose en el “paisano”, del que sólo se sabe a través de sus remesas, y que sólo si tiene mucha suerte puede volver a ver a su familia sin perder el empleo por el que arriesgó en un principio la vida.

De la misma manera, muchas historias tienen un final trágico, sin que sus familiares siquiera sepan lo ocurrido. Estos casos desafortunadamente se han multiplicado en los últimos años, con la delincuencia rampante que impera en México, país de origen y tránsito para millones de personas que buscan la ilusión del dólar.

En el paso de la caravana de Madres de Migrantes “Puentes de Esperanza” una de esas historias parece haber obtenido un rayo de esperanza. Una joven madre de 20 años, Merza Yanira Mayorga, que salió de Honduras en 2004 para buscar trabajo en Estados Unidos, primero debía pasar por México. Alentada por sus primos que ya viven en el país del norte, dejó a su hija de dos años al cuidado de su madre, y emprendió el viaje. En el transcurso de los años, hasta 2006, mantuvo contacto con su madre, buscando trabajo en Chiapas y otros sitios del país, reuniendo dinero para poder pasar “al otro lado”.

Pero entonces, las llamadas cesaron, cuando el 27 de octubre de ese año llamó a su madre por última vez, con un tono quedo y pidiendo que si llamaban de ese mismo número desde México, no contestaran.

Desde entonces, Leticia Sofía Martínez, madre de la migrante, no supo de ella. Nunca llegó con sus primos en Estados Unidos. Por eso, desde entonces se unió a los grupos de apoyo a migrantes y sus familiares, buscando dar con su paradero, sea cual fuera éste.

Y fue en San Luis Potosí, a más de ocho años de aquella última llamada, que logró encontrar una pista de su hija. Gracias a la base de datos que en la Casa del Migrante tienen desde hace cinco años, descubrió que Merza estuvo en el lugar durante cuatro meses, entre febrero y junio, acompañada de dos niños, nietos nacidos en México que no conoce, uno de seis años y otro de tres. Varias de las voluntarias de la Cruz Roja le confirmaron su estadía, y le hablaron de su convivencia con ellas.

Al parecer, estuvo todo ese tiempo en la Casa del Migrante, debido a que estaba huyendo de su ex pareja, luego de vivir en el Estado de México todos estos años, víctima de violencia intrafamiliar. Normalmente en la Casa sólo se permite una estadía de tres días, pero por ser su caso especial y llevar menores con ella, no le cuestionaron que se quedara todo el tiempo que fuera necesario.

Hoy de nuevo está en el camino, tanto madre como hija, una huyendo con sus dos niños y la otra buscándola para que su primera niña, hoy con 12 años, vuelva a tener una madre.

Los migrantes, una tragedia diaria

La tragedia no reside sólo en las muertes y los secuestros, el que una familia deba separarse sólo por cuestiones de dinero, es la primera tragedia, señaló el encargado de la Casa del Migrante, el padre Rubén Pérez Ortiz, quien dijo que gracias a la base de datos que se ha creado, han logrado los familiares dar con el paradero de muchos de sus parientes. “El principal problema es que muchos dan datos falsos, temerosos de que la policía o el crimen organizado pueda dar con ellos”.

“Los migrantes son víctimas en todos los sentidos, víctimas de origen, al abandonar sus hogares para buscar empleo, víctimas al ser abusados por policías y gente de inmigración, víctimas al ser secuestrados por el crimen organizado, que antes sólo les ofrecía volverse parte de su banda como burreros o halcones, pero ahora los secuestran y extorsionan a sus familias para devolverlos con vida, o los esclavizan y venden, ya sea para trabajar en los campos o para prostituir, incluso se ha detectado que los asesinan para extraerles órganos, no sólo a los adultos, también niños”.

México es un país tanto de origen de migrantes como de paso, sólo en 2006, cuando ocurrieron fuertes huracanes en Centroamérica, hubo un auténtico éxodo de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, llegando la entonces pequeña Casa del Migrante a registrar hasta 28 mil personas en ese año, con hasta 800 en un solo día. “Y eso que la casa donde estábamos en aquel entonces no era ni la mitad de la actual”.

El flujo de inmigrantes se redujo un poco, pero no se detuvo, “en 2012 tuvimos 16 mil, en 2014 más de 11 mil, y ahora a un mes de que termine el año pasamos los 10 mil hace unas semanas. Incluso hoy, una casa de migrantes en Tenosique nos acaba de informar que tienen 200, de los que sin duda llegará aunque sea una parte aquí”.

En 2011 la Casa del Migrante debió cerrar sus puertas, por la amenaza que el crimen organizado implicaba en contra de los viajantes, como se demostró con la masacre de San Fernando. “Pero esa situación no ha cambiado con este gobierno, simplemente han diversificado las amenazas, antes los asesinaban apenas tenerlos, ahora les buscan más modos de usarlos, quitándoles su libertad, y a la postre, la vida”.

(Con información de Cimac, a través de Proceso, y Ricarlos Hernández)

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