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“No debemos depender de los medios, debemos expresarnos como pueblo”: Jorge Mansilla

Jorge Mansilla

Jorge Mansilla.

Incluso si no existiera ninguna puerta, la gente debe crearla, manifiesta

Ricarlos I

El próximo sábado 21 Jorge Mansilla Torres estará en San Luis Potosí para presentar el libro Breverías, titipuchal de aforismos, y también para obsequiar una máscara de la Diablada folklórica boliviana al Museo de la Máscara que hay en esa ciudad. Además, el ex embajador de Bolivia en México conversó con La Jornada San Luis sobre el caso boliviano y sus contrastes con el mexicano, respecto a temas tan duros como el racismo, la “pigmentocracia”, la explotación de recursos naturales y el sistema judicial.

El también autor de poemas “musicalizados”, que no de canciones tal cual, afirma él, además de humorista perseguido por el “gorilato” durante los varios gobiernos militares que se hicieron del poder en el país andino, recordó que una de las principales armas que se tienen contra la represión, son las expresiones populares, “expresiones que pueden surgir como simples juegos de palabras en nuestros lenguajes, sirven para que la gente no pierda la esperanza, y sobre todo para que no olviden en ningún momento que aunque las cosas están mal, aún estamos a tiempo de que se pongan peor”.

“Fue en 1971 y en 1980, cuando me vi en la necesidad de abandonar mi país debido a que se perseguía cualquier expresión de descontento. En la lógica militar, se puede odiar al ejército, se le puede temer, se les puede llamar asesinos, ladrones y corruptos, pero no soportan que se haga burla o satirice su actuar, y yo tenía un programa donde con poemas y canciones tratábamos de aligerar la realidad tan aplastante que vivía el pueblo, de explotación, de abuso”.

“Tenía yo un programa en la radio, recuerda, llamado Olla de Grillos, de humor político, satirizábamos la vida debajo de la bota de la dictadura militar, para tratar de hacerla más llevadera y reírnos un poco en medio de un régimen fascista”.

“Pero desde el año 65 comencé a escribir aforismos, textos pequeños, máximas, lemas, oraciones fuertes y cortas, que aderezaba con juegos de palabras y más de un nivel de lectura en ellos. En México también lo hice, trabajé por 25 años en Excelsior y desde 2012 que dejé el servicio diplomático y me avecindé en México, escribí el libro que presentaré en San Luis Potosí, el libro lo hice en colaboración con La Jornada”.

“Necesitamos humor, aprovechar el humor mexicano para cuestionar, para reclamar, para no tirarnos al suelo a llorar y esperar que alguien nos levante. Como ciudadanos, no debemos depender de los medios de comunicación, debemos expresarnos como pueblo”.

Una revolución, advierte, “se hace de frente a los medios, con los medios, o a pesar de los medios”. La queja y la impugnación sigue en la gente, “no se carece de ella, en el ejemplo de Carmen Aristegui, que aunque ella es un faro, una puerta para una visión alternativa, no es la única puerta, e incluso si no existiera ninguna, la gente debe crearla, para poder dar a conocer su punto de vista”.

“Tenemos otro ejemplo en las columnas de varios periodistas, como Astillero de Julio Hernández, quien con un lenguaje muy suelto y también humor y juegos de palabras, hace preguntas que no todos están dispuestos a hacer ni mucho menos a oír sus respuestas”.

Necesarias, más versiones de la historia

Hoy por ejemplo, advirtió, tenemos una andanada de ataques contra los sistemas políticos que no comulgan con el neoliberalismo. “En los medios vemos que se atacan las políticas de Fernández de Kirchner, de Correa, de Bachelet, por supuesto de Evo, con motivos nimios, pero que son magnificados, para esto puede servir la letra, cada persona que escriba y esté consciente, y aprovechando canales electrónicos e impresos por igual, sin necesidad de formalismos, puede ir haciendo por concientizar a otros. No de adoctrinar, sino de dar las visiones propias, en lugar de sólo repetir las de los que se dicen en los medios”.

“Con esperanza, con utopía, recuperando la comunicación para el pueblo”.

 

La máscara de la “Diablada”

Otro motivo para venir a San Luis, es la entrega de una máscara tradicional que se usa en danzas tradicionales bolivianas, la “Diablada”, efectuada durante el carnaval de Oruro que originalmente estaba consagrada a la virgen del Socavón, parte de las tradiciones mineras del país, una actividad que ya fue nombrada patrimonio intangible y oral de la humanidad, y tiene 160 años de antigüedad. “La danza, no la máscara, la máscara tiene alrededor de 50 años de haber sido trabajada y fue usada en celebraciones hasta hace alrededor de 15 años, cuando fue traída a la embajada.

“Ahora la queremos entregar al Museo de la Máscara porque las máscaras son una parte esencial de nuestros pueblos, son el reflejo del otro yo, como también lo era la fiesta original en Bolivia, que por casualidad se celebraba en las mismas fechas que una celebración pagana brasileña que celebraba los placeres mundanos. Los americanos somos especialistas en el baile y la celebración, y somos tan capaces de llevar una procesión silenciosa o un duelo fúnebre por dentro y al mismo tiempo estar celebrando por fuera”.

“Por eso en Bolivia decimos que durante el Carnaval, al gobierno se le cae la máscara, la más cara, la cara, porque al final vemos que los diablos no son tan malos, pues en la fiesta hasta con ángeles bailan”. Incluso la iglesia ha debido aceptar esta fecha semipagana, porque al final es la expresión del pueblo, es su modo de celebrar y de vivir, sostuvo.

“En este sentido, quisiera agradecer a Enrique González Ruiz por el apoyo que nos dio en el comité de Solidaridad con Bolivia, por contactarnos con las autoridades del Museo de la Máscara

Bolivia, historia de una nación explotada

Bolivia fue desde el principio como nación un pueblo víctima de las empresas. Durante el siglo 20, incluso las compañías petroleras propiciaron lo que fue la primera guerra entre dos países pobres por petróleo. Se impulsó a Paraguay para que se apoderara de los territorios petroleros pero por una u otra causa, principalmente gracias a varios generales bolivianos que consiguieron detener la invasión, Paraguay le quitó territorio a Bolivia, El Chaco, de donde tomaría nombre la guerra, pero no consiguieron tomar ninguna de las zonas petroleras.

“Esta guerra le dio una gran conciencia a todo el país, sobre el valor que tenía el petróleo, tan así que luego de que técnicamente se perdió, pues no se pudo recuperar el territorio ocupado por los paraguayos, se expulsó de manera definitiva del país a la Standard Oil, debido que se descubrió que mediante operaciones trianguladas a Brasil y Argentina, estaba vendiendo petróleo a los enemigos del país, pues la pretensión de la empresa era que los pozos petroleros quedaran del lado paraguayo, con quienes tendría acuerdos comerciales y de explotación con ganancias mayores”.

Esto causó, explica, que Bolivia nacionalizara sus hidrocarburos un año antes que México, que en ese entonces se encontraba también en un grado de tensión contra las trasnacionales del petróleo. “Desde entonces, los bolivianos hemos sufrido tres golpes militares, dos guerras civiles, una guerra internacional, cuatro o cinco gobiernos títeres del imperialismo petrolero, y sólo mediante algunos gobiernos de corte progresista se pudo ir rescatando la propiedad de los hidrocarburos”.

 

Una falacia, que la nacionalización aleje a trasnacionales

Con la llegada de Evo Morales, los yacimientos de gas se volvieron la nueva causa de tensión, explica el ex embajador, pues el gobierno nacionalizó o recuperó buena parte de la infraestructura. Las empresas extranjeras se quedaban con el 82% de las ganancias por los hidrocarburos, dejándole al país apenas el restante. Con el gobierno de Evo Morales, se modificó diametralmente el patrón, ahora el gobierno recibe poco más de ese 82% y las empresas se quedan con el resto.

“Pero eso no hizo que las trasnacionales se fueran, es tan buena su ganancia y su nivel de producción, que ese cambio en el porcentaje no les afectó en sus ingresos, por la cantidad de gas disponible que tienen para vender afuera de Bolivia”. Con ese dinero que recibe el gobierno se han estado mejorando las condiciones de vida de los bolivianos, sobre todo respondiéndose a demandas sociales que tenían siglos de atraso”.

Esto sólo fue posible, señala, porque el estado fue capaz de imponer condiciones y precios, sin jugar a la especulación como hacen las empresas. Se cobra y se paga lo justo, y de esta manera es como, por primera vez en 500 años, los beneficios de la explotación de un recurso natural se están quedando en el país, porque primero llegaron los españoles y nos agotaron la plata, luego los brasileños el oro, en las dos guerras mundiales los países aliados se quedaron con nuestro estaño, a pesar de tanta producción y tanto dinero no mejoró en lada la situación de los bolivianos, de la raza que fueran, sólo de algunos oligarcas.

 

Roces con gobiernos mexicanos

Este modo de hacer política, señala el ex embajador, afectó en la relación del país con otras naciones. “En el caso concreto de México, hubo incluso actitudes de desprecio durante los dos gobiernos con que me tocó ser embajador, el de los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón. Nunca se concretó una visita de estado a México por parte de Evo Morales, por este trato claramente discriminatorio en contra de Bolivia, que ya desde entonces empezaba a ser visto como un mal ejemplo, por no ser partícipe de la voracidad empresarial internacional ni de los gobiernos neoliberales”.

“Fue sólo porque hubo una cumbre internacional en Cancún, que el presidente Morales visitó la ciudad de México invitado por universidades y decenas de agrupaciones indígenas, y fue en el contacto con ellas que nos fuimos enterando de la condición de los indios que viven en México”.

 

La devolución de la dignidad a los indios

Respecto al racismo negado y la “bipolaridad” mexicana que socialmente se muestra, en la que nos decimos orgullosos de nuestro pasado indígena pero seguimos usando la palabra “indio” como un insulto, señaló que “no hay peor ciego que el que no quiere ver, por eso una de las primeras cosas que se lograron en Bolivia a partir de 2005, fue cambiar la naturaleza de la sociedad boliviana. No era posible que teniendo una población indígena mayoritaria, con 63 por ciento de todos sus habitantes que se dicen e identifican como indios.

“Pero eso no evitó que durante 180 años estuvieran desaparecidos de la historia, geográficamente habitaban en Bolivia, tenían la nacionalidad boliviana pero no se hablaba de ellos como comunidad, no tenían representación ni tampoco poder de decisión. Hoy esa población mayoritariamente india tiene un presidente indio, y no sólo eso, tienen sus propias costumbres, sus usos de convivencia, etc.”

“Ahora Bolivia ya no se llama ‘república’, se llama ‘Estado Plurinacional’, porque esas 36 etnias indígenas ya se han integrado como tal a la vida política boliviana, somos el país latinoamericano con más lenguas oficiales, pues aunque casi todos hablamos español o quechua, hay mucho más que esos dos idiomas”.

Incluso, señaló, ya cada etnia tiene sus usos y costumbres para ejercer la justicia en sus pueblos, y el poder judicial es electo por la gente, lo que es una gran ventaja comparado con los tiempos anteriores, cuando se encontraba en poder hasta de familias, heredándose los puestos y las judicaturas y repartiéndose entre los ricos, personas racistas, vivíamos en ese tiempo una pigmentocracia en la que un indígena durante un juicio tenía la desventaja del idioma, del color de la piel y del dinero, y era muy difícil que alguien de extracción india

“Esto nos complica a veces la administración de justicia, por tener que hacer convivir múltiples sistemas legales en un solo sitio, pero es preferible que la segregación que había antes, pero es parte normal de un cambio, en lo que se calman las aguas, y la cotidianeidad acepta estos cambios”.

JSL
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