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“No queremos que ninguno de ustedes sea el número 44”

Ayotzinapa

La caravana de los padres de los normalistas desaparecidos visitó San Luis Potosí este fin de semana. Foto: César Rivera

Ricarlos I

Nosotros no pedimos dinero, no pedimos limosnas ni queremos nada de los políticos ni el gobierno, lo que queremos es que nuestros hijos, nuestros 43 hijos, regresen a casa sanos y salvos, reclamó Rafael López, padre de Julio César López Patolzin, uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala el 26 de septiembre, durante la visita de la caravana en San Luis Potosí el pasado sábado, que coincidió con otro día de protestas a nivel nacional e internacional. Pese a efectuarse durante la tarde y noche en la plaza de Armas, las luces del sitio no fueron encendidas sino hasta varias horas después de terminado el evento, en el cual se lanzaron consignas contra el gobierno federal y su titular, al igual que contra todos los partidos. “No queremos que ninguno de ustedes sea el número 44”

Durante su alocución, con la voz entrecortada y llorando en más de una ocasión, ante los más de 200 potosinos que se congregaron en la plaza de Armas, para escuchar su mensaje y los miles que durante el día vieron los cuadros de los 43 normalistas, creados por diferentes artistas de toda la República, recordó que desde siempre el gobierno ha dañado profundamente los derechos de los campesinos de Guerrero y muchas otras zonas del país, “a mi madre, por ejemplo, a pesar de que durante décadas tuvo una casa en el ejido donde vivíamos, aprovechando la ignorancia de ella y su pobreza, se la quitaron y se la apropió algún caciquillo de ahí mismo, es una cosa común, cuando hay manifestaciones, el gobierno cierra sus puertas, pero cuando es algún político, empresario o pariente, siempre tienen las puertas abiertas”.

“Desde el principio nos quisieron comprar, para que no hiciéramos ruido y dejáramos de buscar a nuestros hijos, aparecieron intermediarios para ofrecernos miles de pesos, con tal de callarnos. Pero todos les respondimos, si les quitaran a un hijo, ¿cuánto dinero aceptarían por él?”

Además, extendió la culpa al Ejército, a quien Murillo Karam defendiera, diciendo que de haber intervenido hubiera disparado contra los estudiantes: “El Ejército estaba a menos de 100, 200 metros de la balacera, si hubiera intervenido hubiera disparado a los que estaban armados, y ningún estudiante lo estaba, así que la balacera se habría detenido y hoy esos muchachos no estarían desaparecidos, y puede que incluso los muertos y al que le arrancaron la cara, Mondragón, hoy estarían con vida, pero en lugar de eso el Ejército se volvió cómplice, al igual que las policías del estado y los federales, que no sólo no se metieron sino que hasta participaron; hoy nos quieren convencer de que todo fue cosa sólo del presidente municipal y su señora, pero desde ese día vimos que todos estaban metidos, no sólo los municipales”.

Cuando se puso a recordar las aspiraciones de su hijo, de que con el salario de maestro podrían pedir un crédito para comprar un tractor, terminó rompiendo en llanto, pero sin dejar de hablar, reafirmó su intención de seguirlo buscando. “Yo ya lo dije antes, estos zapatos no me los quito, hasta que mi muchacho regrese a la casa, caminaré por todos lados y hasta donde tenga que caminar, pero lo vamos a encontrar, a él y a nuestros 43 hijos”.

“Superar Ayotzinapa”, una burla del gobierno

“Pedir paz, resignación y pasar a otra cosa, como dicen los políticos, es una burla más de la clase política, asesinaron y masacraron a nuestros amigos, es una ofensa al dolor que todos sentimos, familiares y amigos, en las escuelas normales rurales. Nosotros cuando estamos en una normal rural, estudiamos, comemos, dormimos en el mismo sitio, el sentimiento de hermandad y fraternidad es lo que nos une, y más cuando el sueño de todos nosotros no es acabar de políticos o tener viviendas cómodas en la ciudad, nosotros somos gente de rancho, y cuando terminamos de estudiar nos vamos al rancho a dar clases, tratamos de educar a nuestros vecinos y sus hijos para que no sean víctimas de atropellos y abusos de los que tienen poder, por eso buscan erradicarnos, por eso nos matan, porque somos un peligro para su poder”, señaló uno de los estudiantes sobrevivientes a esa noche del 26 de septiembre.

Además, el sobreviviente recordó que en 2011 ya habían muerto tres compañeros pero fueron las televisoras TV Azteca y Televisa las que ocultaron cualquier información, e incluso se les acusó de haber querido incendiar una gasolinera.

“Las normales rurales son peligrosas para ellos, tan así que ahora nos bloquean incluso la posibilidad de salir del país a contar lo que está pasando en México, estamos volviendo a los años 70, cuando al que se defiende, manifiesta o protesta se le mata o desaparece. Estos hechos deben iluminarnos a todos, para que ya nos dejemos, en Guerrero ya estamos creando consejos ciudadanos para sustituir a los ayuntamientos, porque no queremos seguir siendo gobernados por los mismos políticos que desaparecen y atacan a la gente”.

Reprochó además que la Iglesia Católica pregone por la paz que piden los gobernantes: “¿Dónde estaban ellos para frenar la violencia criminal del Estado contra nuestros hermanos y compañeros en Ayotzinapa? Salvo contadas excepciones, ahora los obispos se unen a los políticos asesinos, y piden paz, es una estrategia para que la gente deje de apoyarnos, que nos crean delincuentes, cuando los únicos delincuentes son los que ahora tienen el poder y las armas en las manos”.

La lucha, hasta encontrar a los 43 desaparecidos

Carlos Rivera, un egresado de la normal de Ayotzinapa que da clases en una ranchería de Villa Hidalgo, junto con Rafael Loredo, estudiante en la Normal Rural de Zacatecas, explicaron lo que una normal rural es, luego de que en medios de difusión y en páginas electrónicas a favor del gobierno, dijeran que en sus planteles se dan clases de “cómo secuestrar un camión” o hacer actos vandálicos.

En nuestras escuelas hay cinco ejes, el eje académico, el eje cultural, el eje deportivo, los módulos de producción y el eje político. El primero, nos instruye para que los niños de las zonas rurales sepan dónde viven, el lugar que ocupan sus pueblos en el mundo, en la historia, que obtengan los conocimientos suficientes para que al crecer puedan, si quieren, buscarse un futuro en cualquier parte del país, que no porque son de rancho tengan menos conocimientos que sus compañeros de zonas urbanas.

El segundo, el deportivo, es para que podamos enseñarle a los niños a tener una vida saludable a través del deporte, a alejarlos de los vicios que muchas veces impiden a las comunidades rurales avanzar y que son aprovechadas por caciques y empresarios, como el alcoholismo y las drogas.

El tercero, el eje cultural, es para que le enseñemos a los muchachos a sentirse orgullosos de la cultura de sus pueblos, ya sean indígenas o de otro tipo, incluso que aprecien las costumbres y fiestas patronales, que sepan lo que es tener identidad propia, y que respeten la cultura de los demás, sin dejarse sobajar por los que se sienten con más “cultura”.

El cuarto, los módulos de producción, son para que enseñemos a los niños a sembrar la tierra, a cuidar como se debe al ganado, incluso a fabricar diferentes cosas que llegarán a necesitar si deciden quedarse en el campo, para que no dependan de intermediarios, ni de gente externa que podría aprovecharse de ellos por no saber.

“Y el quinto módulo, el político, es para que les enseñemos a los niños sus derechos y los de sus padres, que sepan que hay leyes que los protegen de los abusos de los terratenientes y de los que acaparan las tierras, que aprendan a defender por la vía legal su tierra y a sus familias, que no por ser gente humilde y sin mucho dinero, significa que están a merced de quienes sí lo tienen; es este el módulo que tanto incomoda a los políticos y caciques, porque unido con todo lo que enseñamos, hace que los niños que luego se volverán hombres, no agachen la cabeza ante ellos y su poder y su dinero, los empresarios y sus amigos políticos quieren gente trabajadora pero sumisa, que acepte trabajar para ellos por una miseria, o como hacen en la Huasteca, a cambio de vino, por eso nos quieren cerrar, por eso nos quieren marcar como delincuentes, para que una de las últimas cosas que quedaron de la Revolución, desaparezca  y les deje el camino libre para hacer lo que quieran con el campo y los campesinos”.

Las luces nunca se encendieron

Ya entrada la noche y en una plaza de Armas en la que no hubo luz salvo las lámparas navideñas del palacio municipal, varios artistas y músicos potosinos cantaron huapangos con letras de protesta por la desaparición de los normalistas, al tiempo que despedían a la caravana, que continuaría su viaje por todo el país, informando a la población de lo que, en palabras de los mismos normalistas, los medios oficialistas y las televisoras quieren callar, y convertir en una “tragedia” lo que, a todas luces, fue un crimen de Estado.

JSL
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