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Sale peor pretender legitimar grupos de  autodefensa, considera Jorge Castañeda

Casteñeda

Jorge G. Castañeda,

Ricarlos I

Durante la presentación en San Luis Potosí de su libro autobiográfico Amarres perros, el analista y ex funcionario de diversos gobiernos previos, Jorge G. Castañeda, habló del fatalismo que suele rodear a los grupos de autodefensa ciudadanos en cualquier ámbito de la sociedad, muy a pesar de los motivos o causas o la posible validez de estas, que rodean su surgimiento.

“Hay que ser muy claros en una cosa, estos grupos y otras organizaciones ciudadanas surgen directamente porque el gobierno está fracasando en algo, ya sea en cumplir con su labor social o, específicamente en el caso de las autodefensas, su labor de brindar seguridad a toda la ciudadanía en cada uno de sus niveles socioeconómicos o en unos muy específicos, pero que a veces son mayoritarios. Esto mina la legitimidad del estado y fomenta que los ciudadanos busquen cómo defenderse”.

El problema, acota, “es que los grupos surgidos de esta manera carecen igualmente de organización, de financiamiento y también hay que decirlo, de legitimidad. Tal vez en realidad sean ciudadanos y en realidad estén buscando mejorar las cosas, pero lo cierto es que nadie los eligió, nadie les instruyó ni nadie les otorgó su soberanía. Puede parecer algo muy formalista, pero sin legitimidad, sin el convencimiento ciudadano que da la legitimidad legal, poco se puede hacer, lo vemos con el gobierno, y esto a la larga condena a las autodefensas”.

“Y tampoco se puede llegar al extremo del gobierno, de querer legitimarlos, porque sale peor, ya se vio en otros estados, la falta de control en sus elementos fue lo que hizo que las diferentes facciones se enfrentaran, y ahora si las autodefensas llegaron a tener algo de legitimidad en los estados del sur, la perdieron”.

Es un asunto también de combate a la corrupción, porque sólo si se combate a la corrupción de frente se puede recuperar la legitimidad a ojos de la gente. Pretender hacer cambios en los organigramas o en las estructuras y hasta en las leyes de nada sirve si no se combate, si no combatimos también socialmente este mal. Cualquier intento que se haga, de parte del gobierno o de la ciudadanía, está condenado al fracaso si seguimos permitiendo corruptelas y demás, finalizó.

JSL
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