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Un sirio sonríe en San Luis

Ricardo Dávila

A más de 7 mil kilómetros de distancia. Un hombre vive lejos de su ciudad natal. Dejó su país, Siria, ubicado en Oriente Próximo, hace 20 años. Pero no olvida. La forma en que mantiene su arraigo de identidad es a través de la comida. Tiene un local en San Luis Potosí donde prepara café árabe, kebabs, falafel y ensaladas. Un hombre árabe que se enamoró de México.

Su nombre es Nadeem. Tiene facciones piriformes, es atezado y cejas pobladas. Cuando habla lo hace con potencia y firmeza. No titubea en sus palabras pero tampoco es un hombre implacable. A cada tres o cuatro enunciaciones Nadeem lanza sonrisas. Ríe y goza de una buena plática. No oculta presunción en sus actos. “Mi sonrisa es más pesada que una bala”. Combina las groserías con un trato amable. La clave del progreso está en ser auténtico, piensa.

Con la idea de conocer el mundo y tras visualizar una vida rutinaria Nadeem decidió partir de Homs, que es la tercera ciudad más grande de Siria. Dijo adiós a familiares, amigos y a su vida cotidiana. Estudió inglés en Siria y se familiarizó con las lenguas indio-europeas. Emprendió un viaje rumbo a Estados Unidos. Después fue invitado a México y llegó a San Luis. Desde que llegó al estado quedó fascinado. Cuenta que paseó por plaza de Armas, Fundadores, del Carmen y Aranzazú, de donde relacionó la arquitectura potosina con Alepo, la mayor ciudad siria en territorio. De cantera obscura aquí y de cantera blanca, allá, menciona.

Nadeem estudió la carrera de comercio en la Universidad Beirut Arabia. Llegó a México sin conocer el español. Fue por medio de pláticas informales en la calle y comprando artículos en mini supermercados que aprendió el idioma. “En la calle aprendes todo, la escuela te enseña poco; pero es la calle donde aprendes”. Ahora lo domina con facilidad pero su acento es marcado. Entiende perfectamente lo que dicen en la televisión. En su local, ubicado en la avenida Manuel Nava, cada día ve canales de noticias. Sigue teniendo muy presente su país natal.

Lectura política

En medio del caos que invade el conflicto armado en el país de Oriente Próximo Nadeem lamenta tantas muertes. Cuenta que hay en realidad 500 mil muertos y no 100 mil como mencionan los medios. Le parece innecesaria tanta barbarie que vive su país.

Nadeem proviene de una familia convertida al cristianismo ortodoxo. No es musulmán. Pero a pesar de respetar el credo prefiere no tener actos de devoción a ningún tipo de líder religioso o de deidad. Cuando vivía en Siria el presidente era Hafez al-Asad, padre del presidente actual, Bashar al Assad, quienes pertenecen al Partido Baath Árabe Socialista y al credo del islam Chiíta de la rama Alauita.

En aquella época de al-Asad padre la política pública era hermética, incluso era un dictador, pero levantó Siria, relata. Años más tarde “cuando llegó a la presidencia, el hijo –el año 2000– decidió abrir nuevas formas de comercio como bares, casinos, cabarets”.

Para Nadeem es muy claro que el problema no tiene que ver sólo con un levantamiento civil sino de una intervención de desestabilización en el país pues es geopolíticamente estratégico. “Siria es el único país a nivel mundial que no tiene ninguna deuda. Por eso el interés de que exista una guerra civil. Para la venta de armas y el paso de hidrocarburos”.  Los integrantes del “Estado Islámico” son apoyados por Arabia Saudita, Qatar y Turquía, dice con firmeza Nadeem. Agrega que aborrece las maniobras de Francia en cuanto intervención en su país.

En su admiración está el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Considera que ha hecho un trabajo congruente. Actualmente el régimen oficial en Siria es respaldado tanto por Rusia como por el país persa Irán.

Aprendizaje e ideología

Nadeem estuvo en el ejército durante cuatro años. Ahí aprendió a cocinar. En su local tiene el toque de comida bien preparada. Ahora sirve jocoque con variedad de consistencia, kebabs formados con pan árabe; también vende ensaladas que llevan pepino, perejil, jitomate, aceite y especias bañadas en aceite, entre otros platillos. Fue a partir de 2001 que comenzó a dedicarse al negocio culinario y en 2010 abrió su local. Antes vendía ropa pero rompió con ese trabajo pues no le gusta endeudarse.

Prefiere estar y juntarse con gente trabajadora. Desprecia cualquier acto de violencia o de muerte. Para él lo importante es tener presentes los procesos del pasado. No olvidar. Por ejemplo, menciona que antes del 1948, periodo de la creación de Israel, los judíos, musulmanes y cristianos convivían pacíficamente. Occidente inyectó odio mediante un nacionalismo inexistente –el de Israel– hasta el momento en la región y ocasionó una profunda enemistad, reflexiona.

Actualmente la zona –Siria– es recurrentemente inestable. Existen estados emblemáticos como Homs y Damasco con dominio del gobierno de Assad; pero otras regiones, como Alepo, continúan en disputa con el Ejercito Libre Sirio, el Estado Islámico o algunas regiones del norte controladas por los Kurdos.

Nadeem considera que quienes se benefician de la guerra son los países que obtienen capital mediante la venta de armas de Europa y EU a países de Oriente Próximo y Medio Oriente. Lamenta que zonas arqueológicas como Palmira hayan sido destruidas por el conflicto armado. Tiene pensado regresar a Siria algún día, probablemente después del 2018, dice. Le gustaría llevar a sus dos hijas y esposa –quien es potosina y viven por unión libre– a que conozcan su tierra natal. Además de poder administrar terrenos de agricultura, fincas y tierras baldías que por título menciona que le pertenecen.

La guerra en Siria ha dejado más de 4 millones de exiliados según lo indica el último informe del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Nadeem pertenece a ese masivo grupo de personas que en pleno siglo XXI no pueden regresar de manera tranquila a su lugar de origen.

Sangre siria, corazón mexicano

Antes de los bombardeos, de la captura de iglesias, de los asesinatos y de las migraciones había una Siria distinta. Nadeem acostumbraba ir al centro de Homs a beber café e ir al cine. Ahora, el café lo tiene que preparar él y extraña los dulces de la gastronomía siria como el hojaldre con nuez o pistache. Menciona que su país ganó concursos de gastronomía a nivel mundial.

En México, ha forjado una nueva vida. Le gusta el futbol y es seguidor del equipo de los Pumas –pues respeta que sean el equipo de la Universidad, lugar de conocimiento y progreso–; y también es hincha de Santos de Torreón, pues cuando llegó en el 95 a México, preguntó cuál era el equipo que iba en último lugar de la tabla y le dijeron que Santos, por lo que decidió irle “al más jodido”.

Cuando puede, bebe y disfruta del mezcal oaxaqueño y del tequila puro. Su platillo favorito mexicano es el pozole. Su identidad se ha ido mezclando con la cultura mexicana. Le gustan el huachinango –aunque considera que es muy caro–, las gorditas queretanas y los tacos de barbacoa. En gustos musicales escucha al grupo Maná y Alejandro Sanz.

Él cree que México podría ser mejor, pues cuenta con recursos, turismo, tecnología y gente trabajadora. Considera que la falta de crecimiento del país tiene que ver con dos aspectos: la dependencia económica con Estados Unidos; “México tendría que buscar a otros mercados. Buscar a Europa y Asia”. El otro, la corrupción. Visualiza que México es muy similar a Siria en ese aspecto.

Pero él mantiene sus propios planes de crecimiento. A sus 57 años piensa seguir el negocio de la comida y abrir otros cuatro locales en San Luis. A pesar de haber visitado otros cuatro o cinco estados de la República, su fascinación está en el DF. Cada que puede se queda tres días más de lo planeado en la capital. Y piensa abrir su negocio ahí también. Todo sería a través de la comida. Todo con el fin de dejar impregnada su identidad a través de los platillos. Continuar queriendo a México pero sin olvidar. Nunca olvidar su tierra natal.

JSL
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