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Comenzó el masivo adiós en La Habana a Fidel Castro

Gloria Muñoz Ramírez / Especial para ‘La Jornada’

La Habana.

Fidel era la contención moral de este país, por eso para nosotros es el peor día de nuestra historia. Nunca más lo volveremos a ver y eso, eso duele ahora mismo, dice la enfermera Dosmar mientras hace una interminable fila en la Plaza de la Revolución para firmar el libro de condolencias colocado en el Memorial José Martí.

Es la mañana de un largo día para la isla. El viernes 25 fue la primera noche sin Fidel. A las 22:29 horas el dirigente de la revolución cubana dejó de existir. Carla y Camila estaban en un concierto del grupo Aterciopelados cuando de pronto la música paró y desde el micrófono anunciaron: Atención todos. Nos aviasan que el comandante Fidel Castro ha muerto. La gente se puso de pie y el silencio se apoderó de la sala. No hubo gritos ni llantos. Los jóvenes abandonaron el lugar en grupos, desconcertados, con el sentimiento de orfandad que han tenido las últimas horas.

Carla llamó a su casa para avisar. Su mamá enseguida prendió la televisión y alcanzó a ver el anuncio del presidente Raúl Castro. Un taxista de 65 años cuenta que su esposa lo despertó: levántate, que ha muerto Fidel. El hombre ya no pudo dormir. Y cómo, se pregunta mientras conduce por la avenida Paseo rumbo a la Plaza de la Revolución, en el tercero de los nueve días de duelo nacional, el primero de los homenajes públicos.

Las aglomeraciones en la Plaza arrojan a mediodía un sinfín de personas desmayadas. El inclemente sol y la concentración, hombro con hombro, no deja lugar para el respiro. Todas las generaciones se unen en las filas. Llegan los sindicatos en grupos y mucha gente por su cuenta. A nadie parece importarle la espera. Murió Fidel.

José Luis Pacheco tiene 76 años, estuvo al frente de 180 hombres en Playa Girón y después fue combatiente internacionalista. Profesor también del Instituto Superior de Arte, se mantiene en la fila desde las primeras horas de la mañana. El compromiso hoy, dice, es hacer aunque sea la millonésima parte de lo que Fidel hizo por nosotros. Acompaña a José Luis una joven de 20 años cargando la bandera cubana. Llora. Gracias a él yo tengo educaión, dice. Y sigue su camino.

En la primera sala antes de entrar al Memorial hay dispuestos diez libros de condolencias. Uno a uno van pasando para firmarlo. Un pueblo en fila, dice una joven mulata. Quien no quiera firmar pase de lado por favor, indican los organizadores que se afanan en que el río fluya.

Más adelante, en la entrada al Memorial a José Martí, las misiones diplomáticas van y vienen con enormes arreglos florales. Uno solo hay en la entrada. Es el enorme arreglo de rosas rojas, rosas y blancas enviada por el gobierno de México. Una mujer posa frente al él y dice: México lindo, y se toma la foto.

Adentro hay una guardia de honor alrededor de otro arreglo de flores y de una enorme foto del joven Fidel revolucionario, de pie, viendo de perfil al horizonte con su enorme mochila de campaña al hombro. La fila pasa por ahí sin casi detenerse y sigue un corto camino antes de salir de nuevo a la plaza desde la que transmiten los corresponsales de todo el mundo.

Este lunes hubo clases y trabajo casi normal. Los caminos están cortados en calles de El Vedado. Grupos grandes y pequeños van y vienen a la Plaza de la Revolución. No se venden bebidas alcohólicas en ningún lado. En un taxi colectivo de 1954 el chofer pone un reguetón. ¿Pero tú que haces, chico?, lo increpa una señora de cabello oxigenado. ¿Qué tú no sabes que murió Fidel?, y deletrea el nombre para que no quepan dudas. El chofer apaga el aparato. Y los pasajeros guardan silencio.

Todas las sedes diplomática tienen la bandera a media hasta. Menos una: la de Estados Unidos, la sede de 11 gobiernos que no pudieron con él se resiste a rendirle homenaje. No importa, dice un grupo de jóvenes. Fidel murió de 90 años y sobrevivió a más de 600 atentados de agentes de la CIA; eso es un triunfo.

Hoy también, además de firmar el libro de condolencias, se dispuso la reafirmación del juramento revolucionario, un documento que fue leído por Fidel Castro el primero de mayo de 2000, en el que enmarcó el concepto de revolución: revolución es sentido del momento histórico. Es cambiar todo lo que debe ser cambiado… Para Joana, profesora de Filosofía, este acto es como un plebiscito.